17 de abril de 2021
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Ramón Marín Vargas

6 de julio de 2015
Por Gonzalo Jaramillo
Por Gonzalo Jaramillo
6 de julio de 2015
Este es el segundo artículo que publicamos con motivo del natalicio del ex gobernador de Caldas Ramón Marín Vargas, nada menos que firmado por el ex director de La Patria y ex gobernador del departamento, Gonzalo Jaramillo. Continuaremos publicando notas sobre este escritor, periodista, abogado y gobernante que le dio tanto lustre a Caldas.

GONZALO JARAMILLO JARAMILLO (Q.E.P.D.)

Ramón Marín Vargas

Deslumbrante por su inteligencia y admirable por su equilibrio, por su ecuanimidad, por su don de mando y don de consejo; por la prudencia con que sabía medir y resolver sus problemas, por su lealtad a los principios y por su incomparable carácter firme y justo, Ramón Marín Vargas cumplió la parábola completa de la vida. No se necesita vivir mucho para hacer algo y Marín Vargas hizo mucho y lo hizo sumamente bien, caracterizado por su integridad moral, por esa inmensa probidad que imprimió a todos los actos de su vida.

Sobre lo que fue Marín Vargas se puede escribir y se escribirá mucho. Y es lo justo. Dejó tantos y tan buenos amigos que ellos se encargarán de exaltar su memoria en la justa medida de sus merecimientos.

Las letras colombianas se honraron con sus páginas maestras y el periodismo nacional tuvo en él uno de sus más ilustres paladines. Muy joven, iniciando su carrera de Derecho, en Popayán, emulaba con escritores, periodistas y con polemistas de primera magnitud su estilo, ese estilo claro y sencillo, tan elocuente como sobrio y espontáneo, daba cuenta de su erudición. Porque Marín Vargas, antes que todo fue tan enamorado del derecho y de la justicia, como de las letras. Espléndidos ensayos produjo no solamente en su juventud, sino en su madurez, una madurez intelectualmente prematura. De lo que escribió hace más de veinte años a hoy, no hay distancia mayor. Fue que Marín Vargas tuvo un extraordinario privilegio: una especie de ruta serena, muy recta, sin brusquedades, ni altibajos, como corresponde a una conciencia cultivada y tranquila. Pensaba, escribía y exponía con altura; a veces daba la impresión de lentitud. Más no era así. Todo lo suyo era producto de la meditación, de un sobrio examen.

En cl campo del periodismo político fue donde Ramón Marín Vargas reveló sus dotes de gran escritor. Sin que jamás claudicara en materia de principios, ganó muchas batallas sin dejar una sola baja en el campo adversario. Y eso mismo re ocurrió como director de su partido. Ni en aquellas épocas de apasionados sectarismos dejó heridas en nadie. Por eso, el conservatismo caldense, siempre vio en este ilustre hombre público de los más respetables, y esclarecidos adversarios.

Del periodismo y de la política hizo una verdadera cátedra civilizadora. Su ecuanimidad y su talento lo formaron como un hombre moderado y justo. Fue en verdad un gallardo contradictor con quien se podía dialogar y llegar a pronto entendimiento. Nunca supo del rencor y de la venganza. Su franqueza era honrada y de su sinceridad dio suficientes pruebas. A pesar de contrariar a sus amigos o a sus adictos, a sus jefes y directivas. Marín Vargas jamás ocultó su pensamiento claro y firme, discrepando aún de los más o de los menos. Esta actitud de carácter y de entereza, de dignidad y de independencia le valieron muchas veces muy grandes contrariedades que jamás cobró. Ocasiones hubo en que prefirió largos días anónimos antes que pasarle la cuenta a sus amigos por sus aciertos o por errores.

En varón de tan excepcionales virtudes y de tan elevada prosapia mental apenas podían concebirse los mejores y más nobles pensamientos, así como los más refinados propósitos. Marín Vargas fue un gran ciudadano y un eximio patriota, un intelectual de alcurnia, un dirigente ponderado y respetable y un amigo incomparable.

Persona de tantos y tan señalados y distinguidos atributos estaba llamada a ejercer todavía una nueva, decisiva, e imponderable tarea en beneficio de su tierra, porque Marín Vargas fue un enamorado de Caldas, cuyas gentes y cuya geografía defendió bizarra y noblemente. Es así, también, que si Caldas ha perdido a una de sus más señaladas figuras representativas, el liberalismo de este departamento que se apresta a una nueva vida, liberado de un viejo vasallaje inculto ha perdido a su más puro e ínclito director. La pérdida es, pues, mucho mayor y más dolorosa.

De lo mucho que se puede decir sobre Marín Vargas, no hay que olvidar un hecho, entre los importantes de su vida.  Después de haber realizado una brillantísima cartera política, iniciada en el concejo de Manizales y concluida en el senado de la República –en su itinerario parlamentario– y después de haber ejercido cargos públicos con decoro, capacidad y pulcritud ejemplares y luego de haber sido inclusive gobernador de su departamento, no quiso, no podía ser ajeno a la suerte de Caldas. Cuando se descuartizaba en el congreso Marín Vargas salió de la gobernación a asumir la dirección y orientación de su partido y a dar la batalla por la integridad política, humana, intelectual y geográfica del departamento y en esa posición incólume lo cogió la muerte.

Quienes tuvimos la fortuna de ser sus amigos por muchos años y a quienes por ese vínculo tan estrecho y cordial no logró separarnos ninguna de las grandes tempestades que desatamos sobre nuestros campos, nos sentimos un poco huérfanos y apenas consolados iluminando su memoria.