17 de abril de 2021
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Los chismes de Luciano de la Congoja

5 de julio de 2015
Por Daniel El Travieso
Por Daniel El Travieso
5 de julio de 2015

Por DANIEL EL TRAVIESO

Daniel el traviesoHe leído con interés la nota que contra César Montoya Ocampo publicó en este portal ese zapatero remendón que se firma como Luciano de la Congoja. Y me perece atrevida. ¿De dónde saca ese señor que dice arreglarles las suelas a los zapatos que el negro es un hombre peligroso, y que “mantiene un revólver al cinto”? Nada más falso. Dice también este señor que el negro, en una de sus rascas, quiso matar a Augusto León Restrepo, y que por ese intento de asesinato estuvo dos meses en una comisaria de Bogotá. Como serán de falsas esas acusaciones contra el abogado oriundo de Aranzazu que el propio exdirector de La Patria envió a eje21 una carta aclarando que nunca en la vida ha recibido de Montoya ni siquiera un insulto. Y hasta el mismo penalista, que según creo ya no ejerce la profesión, debió salir a desmentir semejante acusación, también en carta dirigida al director del portal donde ese tal Luciano de la Congoja publicó sus temerarias acusaciones. Yo de Montoya lo demandaría por calumnia.

Pues bien, don Evelio, yo conozco a César Montoya Ocampo. Y me parece un señor muy buena persona. Mire le cuento lo que me pasó con él: un día, hace varios años, cuando yo era camionero, me choqué en la carretera entre Neira y Aranzazu con un carro Mazda 323 que tenía placas de Bogotá. Asustado, me bajé del camión para tratar de arreglar con el dueño. El señor que iba manejando el pequeño vehículo lo primero que me dijo fue: “No sé preocupe que nada grave ha pasado”. Yo, como chofer asalariado, (le manejaba un camión a Fernando Gómez Chica, y en ese momento iba a recoger un café donde un comprador de Aranzazu que llamaban Pistola) me preocupé por el daño que había hecho. Sabía que era yo el responsable del accidente porque en la curva me abrí mucho. Cuando le dije al señor del Mazda que yo era un humilde empleado y que no tenía con que pagarle el daño causado a su vehículo, lo único que me preguntó fue: ¿Usted tiene familia? Cuando le respondí que era padre de cuatro hijos, ese señor lo que hizo fue sacar del bolsillo un billete de veinte mil pesos y, dándome una palmadita en el hombro, me dijo: “Váyase tranquilo. Yo mando a arreglar mi carro”.

¿Cree usted, don Evelio, que un hombre con ese corazón es capaz de atentar contra alguien? Yo quedé tan impresionado con la generosidad del señor del Mazda que le pregunté cómo se llamaba. El me respondió: “César Montoya Ocampo”. Inmediatamente recordé que mi papá mencionaba mucho ese nombre en la casa. Como que lo admiraba porque, según sus palabras, era un gran orador. Decía que había sido un consentido de Gilberto Alzate Avendaño, y que era un penalista de prestigio en Bogotá.  Ese nombre se me quedó grabado desde entonces en la cabeza. Por esta razón me convertí en asiduo lector de la columna que todos los jueves publica en EJE 21  y La Patria. Con esto quiero decirle a ese Luciano de la Congoja que está equivocado en la apreciación que sobre él tiene. Este señor como que es un chismoso de siete suelas. Si se atrevió a decir públicamente que Palemón el estilista tenía sida, ¿qué no se puede inventar contra una persona honorable?