21 de abril de 2021
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El papa Francisco regresa a su continente, a reconfirmar las reformas de la Iglesia

6 de julio de 2015
6 de julio de 2015
Papa Francisco en Ecuador4
El Papa Francisco con el presidente de Ecuador, Rafael Correa.

Quito, 06 de Julio de 2015 (RAM) Al regresar a su América Latina natal este domingo, el papa Francisco sentió de cerca el fervor que su figura despierta entre millones de católicos y el entusiasmo que causan sus reflexiones sobre temas como la pobreza o las «enfermedades» de la Iglesia.

También es cierto que el Vaticano que él encabeza  varios frentes abiertos en esta región, que generan cuestionamientos a la imagen de reformista o hasta de librepensador que algunos ven en el pontífice argentino.

Esos asuntos, que van desde el aborto o el matrimonio gay hasta los abusos sexuales dentro de la Iglesia, se han vuelto a menudo temas candentes en la Sudamérica que el papa recorrerá hasta el 13 de julio.

En sus más de dos años de pontificado, Jorge Bergoglio generó titulares y alarmó a conservadores hablando de algunas de esas cuestiones, y quizá vuelva a hacerlo en su gira por Ecuador, Bolivia y Paraguay.

Pero algunos especialistas advierten que el primer papa latinoamericano sigue lejos de transformar significativamente a la institución que lidera, como muchos esperaban.

«No ha cambiado la doctrina de la Iglesia, de modo alguno, por lo menos hasta ahora. Y no creo que vaya a hacerlo», dijo Edgar Leite, un profesor de historia de las religiones y miembro de la Academia Brasileña de Filosofía.

«Es un papa abierto. Ahora, es un celador, un guardián de una Iglesia que tiene una doctrina muy clara y tradicional, pero que tiene una consistencia teológica. El papa es abierto, pero su papel es volver la doctrina de la Iglesia comprensible en el mundo contemporáneo», añadió en diálogo con BBC Mundo.

«Una de cal y otra de arena» 

América Latina es una región que refleja de modo peculiar los enormes desafíos que Francisco y la Iglesia enfrentan actualmente y que, según Leite, exigen «una gran creatividad teológica».

El papa ha logrado devolverle protagonismo político a la Iglesia en la región, con actitudes como el apoyo al deshielo entre Estados Unidos y Cuba o su prédica a favor de los pobres, y esto aumenta la expectativa por su visita.

Sólo el mes pasado, sorprendió con una encíclica sobre ecología que responsabiliza a países ricos y grandes empresas por el cambio climático.

También sostuvo que hay casos en que la separación matrimonial «es inevitable», algo que muchos interpretaron como una señal de modernidad pese al dogma del divorcio.

Pero América Latina, donde viven dos de cada cinco católicos del mundo, ha procesado recientemente cambios sociales rápidos que van a contramano de posturas que defiende la Iglesia, que en los últimos tiempos perdió fieles en la región.

Por ejemplo, tres de los grandes bastiones del catolicismo latinoamericano -Brasil, México y Argentina- han permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo por la vía legislativa o judicial.

Y la lista tiende a crecer: Uruguay también lo legalizó, Ecuador -donde el Papa iniciará su gira- aprobó la unión civil para parejas homosexuales en abril y se prevé que Chile lo haga este año.

Al finalizar su visita a Brasil en 2013, la primera que hizo a la región como Papa, Francisco causó revuelo cuando preguntó públicamente quién era él para juzgar a una persona gay que «busca al Señor y tiene buena voluntad».

Pero algunos notaron que eso tampoco cambiaba nada en una Iglesia que sí condena la práctica homosexual. En mayo, el Vaticano calificó como «una derrota para la humanidad» la aprobación del matrimonio gay en Irlanda.

«Es como una de cal y otra de arena», dijo a BBC Mundo Teresa Lanza, una abogada que dirige la oficina boliviana de católicas por el Derecho a Decidir, una red que defiende los derechos sexuales y reproductivos de mujeres.

Lanza opinó que «en la agenda pendiente» que tiene la Iglesia hay temas como el acceso a los anticonceptivos, el uso de preservativos para luchar contra el VIH, o el aborto, «que está exponiendo a las mujeres a situaciones dramáticas»

La Iglesia siempre ha sido contraria al aborto (en 2012 decidió excomulgar a los legisladores que lo legalizaron en Uruguay) y esa posición nada ha variado bajo el pontificado de Francisco, que en mayo definió ese acto como una «plaga» y un «atentado a la vida».

Ahora el papa terminará su gira en Paraguay, un país sacudido por el caso de una niña de 11 años embarazada por presunta violación: el gobierno rechazó la posibilidad de que aborte, como recomendaron expertos médicos por motivos de salud.

«La vergüenza» 

Un asunto especialmente espinoso para el Vaticano en América Latina es el de los abusos sexuales cometidos por curas, que Francisco ha calificado como «la vergüenza de la Iglesia».

El papa autorizó el mes pasado juzgar por «abuso de poder» a las autoridades eclesiásticas que encubran a sacerdotes denunciados por esos abusos a menores o a personas frágiles.

Esto fue considerado un paso importante para resolver un problema que la Iglesia arrastra desde hace mucho.

Sin embargo, también abrió nuevos frentes para el Vaticano en la región, donde surgen preguntas de hasta dónde llegará el tribunal que el papa ordenó crear para estos delitos.

La revista mexicana «Proceso» publicó a fines de junio una lista de jerarcas católicos en ese país que calificó como encubridores de pederastas, encabezada por el cardenal Norberto Rivera Carrera.

La publicación se basó en el testimonio del exsacerdote Alberto Athié, quien citó casos impulsados por organizaciones no gubernamentales y demandas presentadas por víctimas de abusos.

Un abogado del cardenal Rivera rechazó las acusaciones, dijo que su defendido «nunca ha encubierto a nadie» y anunció demandas civiles contra la revista y Athié.

En marzo, el Vaticano defendió el nombramiento de un obispo chileno acusado de encubrir abusos sexuales, afirmando que no se habían encontrado razones objetivas que lo impidieran.

El obispo Juan Barros había sido cuestionado por sus vínculos con el sacerdote Fernando Karadima, a quien tanto la justicia ordinaria como eclesiástica consideraron responsable del abuso sexual de menores en los años ’80 y ’90.

Karadima fue suspendido de por vida de sus funciones.

«Juan Barros estaba parado ahí, mirando, cuando me abusaban a mí. No me lo contaron, me pasó», dijo uno de los denunciantes del caso, Juan Carlos Cruz, a BBC Mundo.

Lanza afirmó que «sigue la violencia sexual cometida por sacerdotes» y reclamó que los acusados respondan ante la justicia penal por sus actos y haya reparaciones para las víctimas.

«Que (el papa) mande señales al pueblo católico de que realmente se van a producir estos cambios», indicó.

Pidió a Correa «fomentar el diálogo»

Llegó a Quito, la primera escala de su gira por tres países de la región; instó al presidente ecuatoriano a «valorar las diferencias» en un país polarizado

Por Elisabetta Piqué  | LA NACION

QUITO.- Luego de 13 horas de avión y 10.103 kilómetros desde Roma, Francisco, arrancó ayer aquí su primera gran gira por América latina, su continente, una maratón de siete días que también incluirá Bolivia y Paraguay.

El regreso «a casa», como él mismo confesó en el avión al charlar informalmente con los periodistas, fue coronado por una recepción triunfal. Y un primer llamado del Papa al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, a «valorar las diferencias» y «fomentar el diálogo» -justo en momentos en que el país vive una gran polarización debido a dos cuestionadas leyes sobre herencia y plusvalía- y a poner especial atención en los más vulnerables, «que son la deuda que todavía toda América latina tiene».

«En el presente, también nosotros podemos encontrar en el Evangelio las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones, para que los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía toda América latina tiene», dijo el Papa en su primer discurso de una gira que durará hasta el domingo. «Para esto, podrá contar siempre con el compromiso y la colaboración de la Iglesia», aseguró.

Con un territorio más chico que la provincia de Buenos Aires y poco más de 15 millones de habitantes, desde hace unos años Ecuador vive un período de bonanza. Posibles gracias al petróleo (el país posee la tercer mayor reserva del continente después de Venezuela y Brasil), las reformas sociales de Correa lograron una reducción de la pobreza estimada en un 9% entre 2006 y 2011, aunque la oposición cuestiona estas cifras. Además, un crecimiento anual del PBI del 5%. No obstante, las desigualdades siguen a la orden del día. De ahí, el llamado de Francisco a una mayor atención a los más vulnerables.

Miles de personas se movilizaron para recibir al primer papa latinoamericano, de 78 años. Cuando su papamóvil cruzó las calles de Quito, hubo un estallido de júbilo entre la población, mayoritariamente católica (ver Pág. 6). Los 2850 metros de altura de esta ciudad enclavada en la falda del volcán Pichincha no afectaron al Papa, que, pese al cansancio de un viaje agotador, se contagió del entusiasmo popular. «Doy gracias a Dios por haberme permitido volver a América latina y estar hoy aquí con ustedes, en esta hermosa tierra del Ecuador», dijo en la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto.

Acusado por la oposición de haber politizado esta visita papal en su provecho, en su discurso Correa destacó su sintonía total con las ideas de Francisco. Y elogió como nunca al jeje de la Iglesia Católica, al que definió como «un gigante moral para creyentes y no creyentes». Coincidió con sus denuncias contras las injusticias sociales de América latina, habló de «patria grande» -concepto que comparte Francisco-, de la necesidad de que «se acaben los descartables de la sociedad» y citó varios temas de su última encíclica Laudato si’, como la «deuda ecológica de los países pobres».

«Agradezco su consonancia con mi pensamiento, me ha citado demasiado, gracias», le dijo a su turno el Papa, que auspició también sus «mejores deseos para el ejercicio de su misión». El ex arzobispo de Buenos Aires recordó que había estado en Ecuador en distintas ocasiones por motivos pastorales, y subrayó: «Vengo como testigo de la misericordia de Dios y de la fe en Jesucristo». Destacó, por otra parte, que en Ecuador está el punto más cercano al espacio exterior: «Es el [volcán] Chimborazo, llamado por eso al lugar más cercano al sol, a la luna y las estrellas. Nosotros, los cristianos, identificamos a Jesucristo con el sol, y a la luna con la iglesia, la comunidad; nadie, excepto Jesús, tiene luz propia», sentenció.

Luego de manifestar su deseo de «abrazar al Ecuador entero», le hizo a su gente un pedido: «Nunca pierdan la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por ustedes, la capacidad de cuidar de sus niños y ancianos, de confiar en la juventud, y de maravillarse por la nobleza de su gente y la belleza singular de su país».

Durante el vuelo que lo trajo hasta aquí, poco después de despegar del aeropuerto romano de Fiumicino, el Papa fue a la parte trasera del avión a saludar, uno por uno, a los 75 periodistas que lo acompañan en la gira. En un clima distendido, no tuvo problemas en bendecir objetos o sacarseselfies. No sólo ostentó enorme paciencia, sino su clásico humor porteño. «Es más dulce que mi rostro agrio», bromeó, cuando Priscilla Quiroga, periodista boliviana, le regaló unos chocolates. Movió la cabeza contrariado, diciendo «uh, los penales…», al comentar el resultado de la final entre Chile y la Argentina por la Copa América. Cuando alguien le preguntó si estaba contento de regresar a su continente, a sus raíces, por supuesto asintió, y dijo: «En un rato estamos en casa».