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Una corrupción que nos ahoga

9 de junio de 2015
Por José Ferney Paz Quintero
Por José Ferney Paz Quintero
9 de junio de 2015

La hora de Manizales

JOSE FERNEY PAZ QUINTERO
Abogado ConsultorFerney paz foto del 14 de abril de 015

No hay duda que el fenómeno que viene desmoronando las sociedades es el de la corrupción que ha invadido todas las esferas, tanto públicas como privadas, extendiéndose al campo deportivo con las denuncias e investigaciones contra el cartel de directivos de la FIFA, que seguramente tocará a miembros de la Federación Colombiana, personajes blindados como si la rendición de cuentas no existiera para ellos.

Ha sido una constante el pedido, para que el país a través de sus dirigentes construya una verdadera política de Estado contra este cáncer que ha hecho metástasis en todas las instituciones, inclusive en la más noble del servicio público, como lo es la justicia.

La responsabilidad del tan criticado proceso de corrupción que vive la Nación es, ha sido y será, de la mayor parte de nuestra comunidad y en especial de sus voceros políticos, y empresariales, que la han usufructuado cohonestado, patrocinado, sin que los organismos de control y de investigación ahonden en una lucha frontal para su extirpación, si se quiere salvar la democracia que se pregona, del clientelismo, del tráfico de influencias, de la politiquería de vereda, del enriquecimiento ilícito, del narcotráfico, del abuso del poder y de todo aquello prohibido como actos de corrupción y deshonestidad, en donde todos tenemos la obligación de poner de nuestra parte para superar esta crisis de valores que afecta la institucionalidad, con una corrupción latente, ubicando al país y a sus autoridades como poco efectivas y talvez complacientes en la persecución de estas actividades.

Quisiéramos no volver a escuchar noticias como las que los dineros de las regalías son destinados en eventos de la mini tanga, que fuera de atentar contra el decoro de niñas menores de edad, se abusa del ejercicio del poder, como si dichos dineros le pertenecieran al gobernante de turno.

Nos haríamos interminables señalando casos del festín presupuestal, por parte de las entidades del orden Nacional, Departamental, Municipal, Distrital, que a pesar de ser denunciados y con abundante acervo probatorio, caen en los anaqueles de un sistema judicial que pareciera diseñado para beneficiar a estos infractores, con reclusiones domiciliarias, rebajas de penas, tratamientos benévolos, reportajes periodísticos, y cuando la misma opera con sentencia condenatoria, antes de su ejecutoria, esos malandrines han colocado pies en polvorosa, expresión que significa, “huir con precipitud”.

Y que no decir de este fenómeno en el campo electoral, en donde desde los primeros días de vida independiente, nuestras costumbres electorales han sido imperfectas y en algunos casos han llegado a un lamentable estado de corrupción, evidenciado con la renuncia del Presidente del Consejo Nacional Electoral a esta dignidad por considerar que no tiene los recursos para hacerle frente a las denuncias por trashumancia electoral que pueden comprometer la transparencia del certamen del mes de octubre.

Si el gobierno nacional no detiene esta alteración de la democracia, buscando a toda costa purificar la vida pública, en el sufragio, no se podrá vivir en paz, por más diálogos de la Habana que se quieran fomentar.

Hay quienes creen equívocamente, que con el fraude y la violencia que impiden el voto libre, están prestándoles un servicio a los débiles partidos políticos, que a pesar de ser descubiertos y denunciados a tiempo, no se castigan con suficiente rigor, o dicho en otras palabras, se quedan impunes.

Adenda: Le llegó la hora a las gentes de Manizales de pensar en serio y con sentido de responsabilidad sobre su futuro político administrativo, estableciendo liderazgos ciudadanos colectivos y desafiantes que les permita reafirmar una voluntad de cambio, con la implementación de políticas estratégicas y programas sociales y de desarrollo que reivindiquen a una ciudad considerada años atrás como adalid por su manejo acrisolado de los recursos públicos y gobernada por ciudadanos de talla nacional que generaban envidia a otras regiones del país.

Cómo llevar a la práctica ese anhelo de cambio? Es la pregunta que se formula la sociedad sana de la ciudad, con una sencilla respuesta, que no es otra que con aspirantes de gran calado político, con vocación de servicio, libres de pasado, con preparación y formación gerencial, con presencia y amplia aceptación social, descontaminados de ambiciones sin horizontes, condiciones estas que abundan en ejecutivos, académicos, políticos de reconocida respetabilidad, que han honrado ese ejercicio en esa amable región de la patria, capaces de hacer recuperar el sitial de importancia dentro de la geografía nacional.

En lo que respecta al partido liberal, sus militantes abrigamos la esperanza que la dirigencia tanto nacional, como regional, actúen con sensatez, responsabilidad con la ciudadanía, estando a la altura requerida al momento de conceder el aval a uno de sus afiliados, que haya sido leal con el partido, defensor de sus principios, con gran aceptación social y profesional, por cuanto se constituirá en el vocero de la colectividad en la búsqueda del triunfo electoral.

No debe olvidarse, que una mala escogencia, con criterio grupista traería la aplicación de la máxima que favorecería al contendor o contendores, en donde ese frustrado elector votaría por desengaño, EN CONTRA DE, como expresión de su inconformidad política.

Bogotá, junio 9 de 2015