18 de abril de 2021
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LA CIUDAD Y LOS ÁRBOLES (X-3)

6 de junio de 2015
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
6 de junio de 2015

Corto Circuito

hernando salazar

Pero todo
Hasta los que no conocemos,
Lo circunda la soledad del árbol

“Arenga del lugar”: Henry Alexander Gómez

Los ojos de la ausencia
Están llenos de lluvia, de paisajes helados y sin árboles

Elegía a la mujer inventada: Xavier Abril

Hay comparaciones muy tristes y otras que entristecen mucho más. Hay comparaciones odiosas y otras más odiosas todavía. No todas lo son como lo cree Sempronio el de La Celestina, o como le dice el Quijote al caballero Montesinos. Las hay necesarias, o estimulantes o aleccionadoras. Las comparaciones entre hermanos dicen que dividen la familia, pero no las que se hacen entre iguales. Sobre todo si tienen la misma obligación, el mismo compromiso y comparten ventajas semejantes.

Basado en noticias de estos últimos meses, me veo en el doloroso apremio de mencionar aquí unos contrastes que me estremecen, me angustian y me desconciertan, que deberían avergonzar a las autoridades caldenses facultadas para proponer, para hacer, para impedir, para proteger, para estimular, todo lo relacionado con la conservación del medio ambiente y de la naturaleza que nos da aire puro, placer estético y vida saludable, aunque sea, a falta de imaginación y sensibilidad, por imitación, y por un forzoso cumplimiento de su deber, del que no tienen conciencia, si no el recurso de normas absurdas y sin alma en las que se escudan, con el fin de escamotear su cometido, cuando no salen con evasivas y pretextos, de la más soberbia insensatez. Son hechos que turbarían el orgullo de los manizaleños si éste no estuviese adormecido, desviado o encauzado por la apatía, la destrucción o el consumismo.

La noticia no es en Dinamarca, sino en Cundinamarca, y al fin y al cabo, Bogotá es la capital de este departamento y también del país, por ello lo que sucede allí interesa a todos los colombianos y sus cosas positivas son modelo e incentivo para el resto de Colombia. Pequeñita, en El Espectador (2.V.15) puede leerse la siguiente nota: “Siembra de árboles: La Secretaría del Ambiente de Cundinamarca dio a conocer que ha sembrado cerca de 17.000 árboles para compensar la huella del carbono emitida por el nivel central entre 2011 y 2013. El objetivo es que al final del actual mandato se siembren 98.880 árboles.”

¿Se tiene en Manizales la medida del carbono emitido por los vehículos que han circulado en ese mismo período? Nótese que la glosa no dice apenas de lo que promete hacer esa dependencia, sino de lo que ya ha sembrado y de lo que proyecta sembrar. Aunque solo fuera por ese motivo, teniendo en cuenta que la capital de Caldas, en proporción a su tamaño y al número de habitantes, es la que más automotores mantiene en servicio por sus calles, de las demás capitales departamentales, una campaña similar es de urgencia manifiesta, máxime que no hay manizaleño que no tenga que taparse las narices cuando pasan los carros por cualquiera de las pendientes.

Pero miremos más cerca, hacia las mismas montañas de la comarca que compartimos con nuestros vecinos, cuya hermandad histórica, por los lares, por la proximidad, por la misma naturaleza que nos alimenta y nos identifica, hasta esta actitud parece resentir toda fraternidad y mira común: “32 árboles fueron sembrados en el colegio de Samaria”, es el titular de “La Tarde” (18.IV.15), uno de los diarios de la ciudad de Pereira. “45 alumnos hicieron parte de la jornada de siembra” “La reforestación se realizó el viernes en horas de la mañana” “En la actividad participó el grupo “Jóvenes a lo bien” y la organización ecológica del colegio” Estos son los subtítulos que acompañan la fotografía de los muchachos alrededor de los árboles plantados, ostentado su cartón que los acredita como responsables de cada árbol. Porque, dice la información, este “Programa de reforestación escolar”, apadrinado por la Andi, la Carder y el Consejo de Padres de Familia de la institución educativa, tiene como idea central el que sean los alumnos quienes los siembren y se encarguen de abonarlos y darles agua mientras sean estudiantes del colegio y una vez graduados, delegarán esa labor a otro estudiante. Guayacanes, gualandayes y crotos fueron las especies plantadas en las diferentes zonas de ese ámbito escolar.

Pero esta no es una actividad aislada, ni fruto de entusiasmos que hoy son y mañana no parecen, ni actos simbólicos de un día, ni de hacer con la mano lo que borran con ciegas decisiones la burocracia ambiental, o con absurdas peticiones de ciudadanos inconscientes que auspician los medios de forma increíble, como sucede en Manizales. También fue reciente el despliegue que Telecafé le dio a una jornada de siembra de árboles y protección de bosques, que realizaron los estudiantes de Dosquebradas, acompañados de toda la ciudadanía del municipio, del alcalde y de los directivos ambientales del departamento. Porque en la corporación en que éstos trabajan, están empeñados en una intensa, responsable, visionaria y futurista campaña ambiental que “pretende que Risaralda sea un Bosque Modelo para el Mundo”, como lo expresó el subdirector de la Carder.

El sueño de toda mi vida. La ilusión que he tenido siempre para hacer de esta ciudad y de Caldas. La razón fundamental y de fondo que me ha movido a volver públicas estas mis preocupadas meditaciones como ser humano, vivo todavía y amante de mi ciudad, a escribir estas reflexiones e invitar a participarlas o discutirlas, a señalar los pequeños y grandes crímenes ambientales, cotidianos y desatinados, para invitar a impedirlos o rechazarlos. Para no dolerme, de lo que en su nostalgia pueblerina le dolía a nuestro poeta Fernando Mejía y Mejía, cuando decía que “Hoy como un exilado cumplo el ciego designio/ de un bosque que se queda flotando entre ciudades” y por el contrario, buscar la concreción de mi anhelo de poder contemplar un día a Manizales, como el retornado que cumple el luminoso destino de ver una ciudad que está ondulando entre los bosques.

El propósito de la Carder “es el de que sean sembrados 2 millones 500 mil árboles en un período de dos años y medio en todo el departamento.” Un despropósito debe parecerles a los de Corpocaldas un pensamiento semejante, el que no les ha pasado, ni les pasa, ni les pasará por la mente. Y que en la región contigua está en acción, desde hace un buen tiempo, como que, por ejemplo, desde Libaré y la Bananera hasta el centro poblado de La Florida, grupos de pereiranos se han vinculado a la campaña ambiental con la siembra de guayacanes amarillos, con la pretensión de convertir este árbol en un símbolo de Risaralda y de su reforestación, modelo nacional.

Y yo que vengo escribiendo estos desasosiegos desde Los Guayacanes, un sector de Manizales en el que el árbol escogido por la ciudad vecina como realidad propia y emblema vegetal, no existe, no hay de él ni una muestra, ni un ejemplar, ni siquiera simbólico. Solo que varios edificios adyacentes, hasta el de más reciente construcción, como lo comenté en texto anterior (cfr. IX), llevan ese nombre, ignoro, más allá de la ironía o la burla, seguro inconsciente, por qué. Igual, desconozco y me apena confesarlo, la historia rural de este paraje, cuya urbanización tiene poco más o poco menos de medio siglo. Es probable que se vieran varios y que ello inspirara la denominación de los primeros edificios. Pero también demostré que esa correspondencia casi nunca se da entre nosotros. (cfr. VI) Todo esto hace parte de esa extraña relación, o falta de relación o el no querer ninguna, de los manizaleños con los árboles y en general con la naturaleza. Marx, en “Ideología alemana“, lo explicó: “Las relaciones restringidas entre el hombre y la naturaleza determinan las relaciones restringidas entre los hombres y las relaciones restringidas entre ellos, determinan las relaciones restringidas con la naturaleza”

Otra curiosidad merece subrayarse. La prensa de Pereira denunció que los “Guayacanes sembrados en La Florida estarían siendo robados”. Robados, no derribados, como ha sucedido con guaduales, bosquecillos y árboles en La Florida manizaleña (cfr. IX), y que la prensa local nunca denuncia. Allá la reacción del funcionario, deplorando el hecho como tropiezo a la organizada campaña ambiental, hizo notar sin embargo la garantía de sobrevivencia del árbol, el amor por el mismo, ya que los sustrajeron para sembrarlos en fincas o para venderlos a quienes también querrán plantarlos. Es que “el guayacán es fuerte, hecho para resistir los ácidos del tiempo y las violencias del hombre” nos dice Joaquín Piñeros Corpas en el “Breviario colombiano de la naturaleza.”

Aquí Corpocaldas descubrió, para novedosa sorpresa de los que amamos los árboles, que la institución que más censura la falta de área verde de las moles de cemento manizaleñas, la más ambientalista y que emula con ella en la defensa de la naturaleza, es el Concejo Municipal. Y el Día del Árbol, les obsequió a cada uno de los concejales “plántulas de guayacán amarillo” explicándoles que es una especie en extinción. Confío en que no hayan sido de los robados en Pereira. ¿Los plantarán? ¿Dónde? ¿Vivirá alguno de ellos en los edificios que menciono o por ese sector? ¿Les harán seguimiento a su germinación y crecimiento y les darán certificado a los honorables lo mismo que a los bachilleres del colegio de Samaria? Si bien creo que no fue por simple lambonería, o para recordarles que existía, de lo que como el resto de caldenses no estaban bien enterados, no alcanzo a entender qué quiso significar Corpocaldas con ese gesto, o por qué supuso que los concejales que pronto terminan período, necesitaban esa pedagogía, la que nunca ha recibido la ciudadanía y menos los miles de niños y jóvenes escolares de este Departamento.

Es lo que ha hecho la Carder en los colegios, en los municipios, en las zonas rurales, con diálogos, seminarios, jornadas de limpieza y siembras, trabajando en conjunto con la Universidad en el estudio y conservación de las cuencas hidrográficas. La Corporación Autónoma Regional de Risaralda tomó en serio lo de la “Gobernanza Forestal en Colombia”, abanderó este proyecto de cuatro años con la Unión Europea y así hayan participado en él 16 corporaciones regionales del país, la estrategia de continuidad, de extensión y de control, la senibilización de sus habitantes y sus resultados se han expuesto y divulgado para nuestra admiración y nuestro aliciente. Y eso que me guardo de comentar sobre las 44 hectáreas del Bioparque Ukumarí, que están cerca de inaugurar.

¿Dije aliciente? Si nada de esto se ha propuesto en Manizales, ni es presumible que se haga en Manizales. El contraste erosiona también el alma: De los “árboles … es de lo que más se queja la comunidad” “Los habitantes de algunos barrios de Manizales continúan manifestando su preocupación por el crecimiento de los árboles” “Árboles peligrosos” (La Patria 6.V.15) A esta atrocidad me referiré en el artículo siguiente. Porque quizá no leí bien. No es eso posible. Debo estar engañado y con algunas demostraciones me tienen que sacar del error. No puede ocurrirme que cuando algunos visitantes de la ciudad de las puertas abiertas lleguen a sus umbrales, porque quieren conocer sus parques y sus alamedas, o el inmenso jardín de flores tropicales en su centro urbano o quedarse fascinados “ante esa admirable columnata de arboles que los visitantes del exterior han fotografiado de punta a punta” según cuenta de una de las avenidas más célebres de Apalachia, el Dr. Kimbote en “Pálido fuego” de Nabokov, deba advertirles como si ingresaran a un infierno de cemento, las terribles palabras de Dante escritas a la entrada del suyo, en el canto tercero: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate” ( los que aquí entráis, dejad toda esperanza.)

Columnas del autor

√Manizales odia los árboles (I)
√Manizales odia los árboles (II)

√Manizales odia los árboles (III)

√Manizales odia los árboles (IV)

Manizales odia los árboles (V)
√Manizales odia los árboles (VI)

√Manizales odia los árboles (VII)

√Manizales odia los árboles (VIII)
Manizales odia los árboles (IX)
*La ciudad y los árboles (X-1) –
*La ciudad y los árboles (X-2)