21 de noviembre de 2018

Hace 46 años murió el Repórter Esso

Por Tomás Nieto
6 de junio de 2015
Por Tomás Nieto
6 de junio de 2015

el campanario

Se cumplen por estas calendas 46 años de la desaparición jamás justificada de dos instituciones que fueron bien queridas por varias generaciones.
El 2 de diciembre de 1969 salió del aire, tras 27 años de exitosa presencia en el dial de Colombia, el famoso Repórter Esso, el producto radial de mayor recordación entre millones de oyentes. También colapsó  el Premio Esso de Novela.

Hablar de El Repórter Esso es recordar una parte importante del radioperiodismo en Colombia. El otrora flamante director de la UPI en Bogotá, Carlos Villar Borda, consigna esta remembranza en su libro La pasión del periodismo, publicado en el 2004 por la Universidad Jorge Tadeo Lozano:

La cobertura latinoamericana

“La UPI y la Standard Oil Company de New Yersey tenían firmado un contrato que cubría prácticamente a toda América Latina, para transmitir un programa radial que hizo época y que se llamaba El Repórter Esso. La Esso colombiana contrataba las emisoras por las cuales se debía transmitir y la UPI se limitaba a redactar los boletines. La publicidad corría a cargo de McCann-Erickson. Eso representó, en cierta forma, un cambio importante para la radiodifusión de noticias en Colombia.

Antes se apelaba a la “tijera press”

“Anteriormente, los radionoticieros se limitaban a leer los periódicos del día, especialmente en las emisiones de las primeras horas de la mañana. El Repórter Esso salía adelante de ellos, porque contábamos con noticias más frescas que venían por el teletipo, y las nacionales las conseguíamos y confirmábamos directamente desde la oficina. Además, como la auspiciadora del boletín, McCann y la misma UPI eran empresas extranjeras, se exigía una imparcialidad y una objetividad absolutas, frente a las “noticias” que transmitían los otros espacios periodísticos del país. Esta imparcialidad y objetividad no eran difíciles de conseguir, pues la extensión de cada noticia no excedía de las cien palabras, es decir, de tres a cinco renglones escritos a máquina, de manera que el redactor no se podía permitir el lujo de los adjetivos (el mayor enemigo de la objetividad), ni de las frases demasiado largas. Allí aprendí que la radio exige un idioma conciso, muy claro y preciso, que no se preste a ambigüedades. Este boletín era parte de mi trabajo en el nuevo empleo, y como el primero se difundía a las siete de la mañana, debía madrugar a las cinco, para estar en la oficina a tiempo para la preparación de las noticias. Había otros boletines, al mediodía y a las siete de la noche”.

Una chiva memorable

El periodista caldense Daladier Osorio Alzate, quien prestó sus servicios a Caracol entre 1963 y 1978, recuerda entre los extras de sus competidores del Repórter Esso la estremecedora primicia sobre la muerte del cura guerrillero Camilo Torres, ocurrida en las montañas de San Vicente de Chucurí, departamento de Santander, el 15 de febrero de 1966. Aquí cabe anotar que Osorio no integraba la plantilla periodística del prestigioso micro-boletín sino la de Ultima Hora Caracol que comandaba el maestro Antonio Pardo García.

Ambos productos de sintonía avasalladora se emitían por las mismas ondas de la primera cadena radial colombiana.

Los muchachos de antes

Por la redacción bogotana de UPI pasaron, entre otros, periodistas de la talla de Julián Escobar, Elkin Mesa, Germán Espinosa, Fernando Buitrago, Aris Vogel, Pedro Acosta y Jaime Zamora.

El maestro Eucario Bermúdez Ramírez también hace su aporte desde Miami: “Yo era Director de Emisoras Nuevo Mundo. Julián Ospina oficiaba como director general de Caracol. En medio del drama del accidente aéreo en el que pereció nuestro compañero cerca de Villavicencio, el 10 de enero de 1966, yo esperaba la confirmación de la Aeronáutica para lanzar oficialmente al aire la trágica noticia. Cuando ello ocurrió, di la orden de poner el “extra” que precisamente estaba grabado en la voz de Julián… Cuando me tocó entrar al aire se me fueron las luces; me tupí; el llanto por el impacto casi no me deja hablar y en medio del asombro porque era, repito, la voz de Julián, en la presentación del flash, abriéndole paso a la primicia de su muerte. Finalmente, logré propalar la infausta noticia. De inmediato interrumpimos la programación ordinaria y pasamos a la música clásica, en señal de duelo”.

En el siniestro también murió el cantante Conrado Cortés, oriundo de Bello, Antioquia, recordado por dos boleros que lo hicieron famoso: “Arenas del desierto” y “Qué injusticia”. Y se escapó de la muerte Hebert Castro, el coloso del humorismo, porque llegó tarde al aeropuerto “Vanguardia”, de Villavicencio.