19 de marzo de 2019
Aguas de Manizales - Marzo 2019

Animal Mitológico

1 de junio de 2015
Por Rubén Toro
Por Rubén Toro
1 de junio de 2015

Por Rubén Toro

ruben toroLos seres humanos, hombres y mujeres que poblamos la tercer roca después del sol, tenemos la oportunidad de ser conocidos por aquello que amamos, de irnos convirtiendo en las palabras que versamos, en la música que oímos, en los amigos que nos pueblan las nostalgias; en los hombres y mujeres que conquistamos. Pero lo que diferencia a los hombres grandes, del resto de nosotros los normales, los mortales, es la posibilidad de contener en una misma frase, en un mismo instante, en una mirada, todo aquello significativo del paso por este planeta. Y es ello, lo que les permite contener en sí, con gran facilidad, todo lo que se nos antoja imposible: un verso de homero o de Eurípides entrelazado con un tango del más puro lunfardo; o una canción popular, esas que cuentan esta antioqueñidad, de la cual venimos.

Antioqueñidad de la cual da fe, heredero de hombres y matronas que conquistaron estas tierras con hacha y machete sembrando frijol y maíz, y más tarde, café. Que partieron desde la tierra de la buena vista a Churimales, La Montaña, Santarrita, Chupaderos; que partieron desde Alegrías a la tierra fría; más fría aún, a conquistar tierras y llamarlas como sus santos, o como sus lecturas: La Camelia, La Guaira, Termópilas, Sabanalarga, Palmichal, Buenosaíres…

Por supuesto, estoy hablando de César Montoya Ocampo, quien por su origen cultural, el deseo de las familias colonizadoras y por esa voz que refuerza las palabras convirtiéndolas en esdrújulas, solo podía tener dos profesiones, y afortunadamente, no fue cura: habría acabado la religión y las putas más temprano que lo que tardaron en irse borrando de nuestro imaginario colectivo.

De ideología liberal y partido conservador –su mayor defecto- ha toreado estrados y plazas públicas cabalgando sobre la palabra con maestría digna del literato que conoce su poder y la cultiva y la cautiva para hacer de ella, una amante comprometida con todo lo que ha querido ser.

Y como literato le conocí yo, bajando del Olimpo de los grandes clásicos, para recibirme un librito miserable hecho de trasnochos y otras pasiones; atiborrado sin vergüenza de mi forma de ver la vida y este castellano en el que escribo. Y él, me regala su lectura comprometida, analizándolo sin dejar de ser él mismo, llamándome animal raro o raro animal; el personaje más extraño que conoce… llamándome de diversas maneras. Asegurando, y lo doy por cierto, que conoce a las personas con solo mirarlas. no obstante, olvida que aquel que mira por dentro de los otros, transparenta también su ser; o al menos, abre inmensas ventanas que nos permiten ver al marinero que ahora pisa tierra firme, entregando los escritos de muchos días, noches; dejándonos ver todo lo que siente, que nada más fácil que conocer a un escritor, en lo que escribe.

César Montoya Ocampo, me ha llamado animal raro o raro animal, y no es por este amable insulto, que hoy creo que el marinero que ha dejado la mar para conducir por tierra sus naves, es un mitológico animal, que no es lo mismo que un mítico animal…