7 de marzo de 2021
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Una mancha inolvidable

4 de mayo de 2015

ricardo tribinSon como aquellos que han perdido las piernas, los cuales por más que quieran no lograrán volver a recuperarlas. Hay una detención en la enfermedad esto es si no se ingesta alcohol, pero incluso en individuos que han dejado de beber por más de treinta y cinco años y lo vuelven a hacer, su miseria les regresará en ese momento incluso en aumento, en comparación con la que dejaron hace tanto tiempo atrás.

Este preámbulo me permite contar la historia de una señora quien bebió por muchísimo tiempo pudiendo, con la ayuda de Alcohólicos Anónimos, dejar de tomar. Su adicción era muy fuerte y tan solo, cuando logró aplicar los principios que el programa contiene, le fue posible separarse de la mortal sentencia que su enfermedad le había dictado. El pilar del programa, además de la total y absoluta abstención, estriba en la creencia en un Poder Superior, Dios como cada cual lo conciba.

No tenía sino ocho meses de sobriedad cuando tuvo que hacer un viaje largo en avión. Por las condiciones de su cargo tuvo acceso a la primera clase donde es común que sirvan licor desde el principio. La señora tenia el gusanillo de la tentación y pensó para si “Bueno…quizás después de este tiempo un vinillo rojo no me caería nada mal. Al fin y al cabo mi mente y cuerpo están limpios del alcohol”, pensamiento muy común para quienes creen equivocadamente que aun pueden beber sin esperar resultados desfavorables. Lo pidió entonces y de inmediato se lo sirvieron.

Cuando le pusieron la copa sobre su mesa de pronto se quedó dormida y empezó a soñar que se le aparecía Jesús y le derramaba la copa de vino, luego de recomendarle que no convenía  para ella el volver a beber. En ese momento hubo una turbulencia y esta se despertó súbitamente para darse cuenta que la copa se había caído y el vino rojo se había derramado sobre el vestido blanco que ese día llevaba, dejándole una gran mancha adelante. La azafata volvió para ayudarla y le pregunto” Quiere que le traiga otra copa?”. La mujer contestó con seguridad: No, mil gracias. Yo no bebo. Cuando se bajó del avión, alguien la recibió y observándola de arriba a abajo le dijo. Oye, de que te manchaste el vestido? La mujer la miró con mucha serenidad y le contestó: Es la preciosa sangre de Jesús. Ella dejó el traje así y desde entonces lo conserva como el recuerdo de una mancha inolvidable, con la positiva enseñanza de que no ha tenido que volver a beber alcohol.

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