3 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Escuela de liderazgo para la paz (UTP)

12 de abril de 2015

De otro lado se resalta el gran  reconocimiento al Proceso de Paz de destacadas personalidades e instituciones en el ámbito internacional, como por ejemplo el reciente anuncio del Cardenal Pietro Parolín, Secretario de Estado de su Santidad el Papa Francisco, en carta a el Arzobispo de Tunja y Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia el pasado 31 Marzo de 2015,  en el cual se anuncia su visita y en la que se indica:

“..Su Santidad los invita a ser colaboradores en la obra de la paz que hace del amor de Dios la humanidad. A seguir trabajando en favor de la justicia, de la fraternidad, de la solidaridad, del diálogo y del entendimiento, que son fundamentos de la construcción de una sociedad renovada. A luchar sin descanso contra toda forma de injusticia, de inequidad, de exclusión, de males que destruyen la vida misma de la sociedad.

La construcción de la paz es un proceso complejo, que no se agota en espacios o en planes de corta duración. Hay que arriesgarse a cimentar la paz desde las víctimas, con un compromiso permanente para que se restaure su dignidad, se reconozca su dolor y se repare el daño sufrido. El Papa manifiesta gran afecto, cercanía y solidaridad, a quienes han padecido las consecuencias del conflicto armado en todas sus expresiones.

Hay que forjar la paz desde quienes viven la marginalidad y la pobreza extrema, desde quienes no son incluidos en la sociedad…”

De otra parte, recientemente se conocieron las conclusiones que dejó la encuesta ciudadana realizada en el año 2014 por el Barómetro de las Américas -un consorcio conformado por varias  universidades y centros de investigación-, la cual se llevó a cabo a través de 1.500 entrevistas en 47 municipios, distribuidas en 6 regiones de Colombia.

Contrario a lo que pasa en otras regiones colombianas, la región central, conformada por Antioquia, Huila, Tolima y el Eje Cafetero es la zona del país con mayor escepticismo frente al proceso de paz que se adelanta actualmente por el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC en La Habana (Cuba). Estas negociaciones que están próximas a cumplir 3 años y que empiezan a mostrar un alto porcentaje de aceptación a nivel nacional, tienen gran desconfianza en esta región, frente a la posibilidad que sus habitantes le brinden “algún tipo de concesión política o jurídica a los desmovilizados, en un eventual escenario de posconflicto”.

Estas especiales circunstancias del Eje Cafetero, se convierten en un reto para todos los ciudadanos e instituciones que convivimos en esta bella región, pero muy especialmente se debe llamar la atención a las instituciones educativas, y concretamente a las Universidades, sobre el papel que deben cumplir para coadyuvar en un proceso de “formación y culturización” frente a este proceso de negociación de un “Acuerdo de Paz”, y lo que resulta mucho más difícil: el manejo del “postacuerdo” o “periodo del postconflicto”.

Por fortuna en el Departamento de Risaralda, con el liderazgo de la Universidad Tecnológica de Pereira UTP, desde hace algún tiempo viene funcionando la Escuela de Liderazgo para  la Paz; entre las actividades y tareas académicas se está desarrollando actualmente el “Segundo Diplomado sobre La Paz”, con una participación de 50 estudiantes totalmente comprometidos con el proceso, en representación de las más variadas  organizaciones y entidades, sociales, culturales, gremiales, educativas y en general, oficinas e instituciones  públicas y privadas, cuyas actividades y funciones, serán determinantes en el propósito y búsqueda de la Paz en Colombia.

La Misión de la Educación Superior (ES) Colombiana, sus Universidades e IES, como entidades líderes de las instituciones del conocimiento y en especial, del sistema educativo básico y medio, tiene la obligación de difundir el saber y la ciencia, mediante procesos curriculares, investigativos y de proyección para formar integralmente ciudadanos socialmente responsables, capaces de contribuir al desarrollo de la sociedad, aportando soluciones a los problemas regionales y nacionales, trabajando como prioridad esencial por una sociedad justa y en Paz; con este fin deben ofrecer sus diferentes propuestas académicos, especialmente en las áreas sociales, educativas, de salud y muy particularmente en el fragmento agropecuario nacional, entre otros aspectos.

Se resalta igualmente el  papel preponderante de la educación superior  en el conjunto de los sectores públicos y privados, y  como eje articulador y generador de propuestas  dentro del proceso de paz, pues allí se plantean las bases fundamentales para participar activamente en procura del desarrollo y el progreso y de la equidad y justicia social, que se viene reclamando por la sociedad, con el fin de alcanzar la reconciliación tan esperada después de más de 60 años de violencia en Colombia.

El Plan Nacional de Desarrollo 2015-2018 propone como ejes articuladores La Paz, la Equidad y la Educación; para el sector educativo se concentran los esfuerzos en los aspectos de desarrollo humano, cobertura, eficiencia, equidad y calidad con una estrategia básica como es la de incrementar la matrícula gratuita en los niveles de educación preescolar y media y la educación básica. La paz, la equidad y la educación conforman un círculo virtuoso. Desde la perspectiva de todas las entidades sociales surge la necesidad de incrementar la inversión por parte del gobierno nacional en el sector, buscando generar cada vez más inversión en todos sus niveles con énfasis en la educación básica y en aspectos relativos a la salud,  para que a su vez se tenga un mayor compromiso por parte de los ciudadanos con su país y en el proceso de paz. La mayor inversión en el desarrollo social es un elemento generador de paz y convivencia,  eliminando y reduciendo progresivamente la pobreza, como condición necesaria para potencializar al máximo los recursos humanos de cada una de las regiones de nuestro país.

La obligación de la Educación Superior no solo se debe centrar en mejorar la cobertura, sino que debe generar los cambios curriculares que estén dando respuesta a las necesidades y realidades de las regiones y del país en las diferentes disciplinas; sus actividades se deben enfocar en liderar y acompañar a los Municipios en los procesos de innovación y de investigación educativa, y en diferentes áreas para solucionar las problemáticas y conflictos en sus contextos,  propendiendo por una real equidad que permita verdaderas transformaciones sociales en un marco de respeto y de convivencia ciudadana en Paz y armonía; su papel es elevar el nivel educativo de cada uno de los colombianos, para convertir en el futuro a cada ciudadano en sujeto activo de la competitividad, con capacidad para participar en decisiones de calidad, en los ámbitos productivos, económicos, políticos y sociales de la región y del país, propiciando que los diferentes sectores fomenten el empleo y procurando simultáneamente mejores condiciones en la calidad de vida, en la convivencia y la paz de todos los colombianos.

Frente al sector salud la ES debe tener una función protagónica; la aplicación de la ley 100 de 1993 ha llevado a ampliar la cobertura pero en desmedro de la calidad de la prestación del servicio, dejando claras dificultades en las instituciones hospitalarias; el desarrollo y la calidad de los procesos investigativos en el sector salud, liderado por las universidades, ha tenido dificultades por no contar con apoyo y recursos en las IPS, para permitir una verdadera investigación aplicada a los problemas regionales, así como el desarrollo del concepto de docencia asistencia a partir de la ley de salud, este es su gran reto; respecto a los programas que deben apoyar las entidades de ES en el sector es fundamental conocer unos verdaderos perfiles epidemiológicos regionales y nacionales, que permitan poner en marcha las actividades de promoción de la salud y de prevención de la enfermedad, con equipos interdisciplinarios liderados siempre por las áreas académicas y financiados por los municipios y departamentos a través de los transferencias fiscales, regalías y los recursos propios, de tal forma que se pueda generar un verdadero cambio, así como la racionalización de los recursos financieros y del talento humano.

De otro lado, las Facultades de Ciencias Pecuarias, Agrarias, Ambientales, Alimentos, Ciencias Jurídicas, Humanas, Sociales, Familiares y las Ingenierías, entre otras, tienen una gran responsabilidad en la conformación de grupos interdisciplinarios que hagan posible el desarrollo en la etapa del postconflicto, si es que avanzamos en la firma de un Acuerdo o Convenio sobre la Paz, con los cinco puntos básicos definidos en la agenda, entre el gobierno y las fuerzas insurgentes; como se reconoce la firma del Acuerdo de Paz es un primer paso, pero debe ser claro que resulta mucho más difícil el desarrollo y ejecución de esos Acuerdos, para lo cual se han venido diseñando diferentes leyes impulsadas por el gobierno del presidente Santos, relacionadas con la Tierra, las Victimas, el Marco Jurídico para la Paz y la Justicia Transicional, entre otras. Nuevamente el papel de la educación y en especial la Educación Superior es fundamental.

Por fortuna el gobierno nacional recibió un plebiscito de respaldo a los procesos de la Paz en Colombia, cuando eligió como Presidente de la República a Juan Manuel Santos Calderón,  para un segundo periodo que va hasta el año 2018. El compromiso nacional de todos los colombianos apenas empieza y sus instituciones educativas deben tener el liderazgo en esta ardua tarea.; por eso son bienvenidos esfuerzos como el de la ESCUELA DE LIDERAZGO PARA LA PAZ DE LA UNIVERSIDAD TECNOLOGICA DE PEREIRA.UTP.

Consultor en Educación.

Pereira, abril de 2015