25 de febrero de 2021
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Pablo Escobar sigue vivo

31 de marzo de 2015

Como bien lo decía la reputada columnista de Semana, María Jimena Duzán, el colombiano más famoso del mundo no es ni James Rodriguez, ni mucho menos Shakira o Juanes, estrellas que sólo alcanzan fama en algunos países del globo terráqueo. Con Escobar es diferente. Pareciera que fuera el sello de Colombia, que estuviese grabado indeleblemente en el tricolor de la patria.

Veinte años hubiesen bastado para recuperarnos y olvidarnos de sus atrocidades. No obstante, Colombia no quiere olvidar.

En la actualidad resulta incontable la cantidad de novelas, series o películas, dedicadas a proyectar la imagen más nefasta de Colombia, la cara de la violencia sin tregua, el lado absurdamente oscuro de un país que también tiene miles de maravillas.

Las producciones que resaltan la belleza y valores de nuestra Nación no saltan las fronteras. Mientras tanto, series como ´Escobar, el patrón del mal` o ´La viuda de la mafia` son todo un éxito en gran parte de Latinoamérica.

En consecuencia, quejarse no es una opción. Y no lo es porque somos cada uno de los 47 millones de colombianos los que permitimos que Escobar y otra recua de narcotraficantes sean la portada de presentación de nuestro país. Poco o nada nos quejamos cuando, desde la imagen, nos bombardean con cientos y cientos de escenas violentas y nos muestran a un hombre regordete y sin escrúpulos como el mejor ejemplo para conseguir dinero fácil y “mujeres perfectas”.

La juventud colombiana no puede crecer con esos valores y si así lo hace, después que no llore. El anticolombianismo no es un problema de los otros países, es simplemente el fruto de una siembra podrida que da como resultado una cosecha igual.

Ningún continente, ni siquiera ningún país, podrá mirar con buenos ojos a Colombia mientras desde nuestra casa no valoremos nuestras riquezas. Esconder las grandezas y exhibir el flagelo no nos hace mejores, muy por el contrario, nos minimiza más. Pablo Escobar no es Colombia, Colombia no es droga y prostitución y prostituir la televisión a costo de afectar la imagen de toda una nación no debería ser llamado trabajo.  

Por tanto, insto a todo aquel que, en su afán de llenarse los bolsillos, degrada a nuestra bellísima patria con historias que ni forman ni informan pero que si destruyen por completo la poca buena fama que queda de Colombia.

Nota: Amigo lector, si no cree nada de lo que acabó de leer, lo invito a que viaje por algún país de Latinoamérica, no importa cual. De seguro quedará asombrado al tener que darme la razón. Para tristeza de muchos, Pablo Escobar es el colombiano más famoso de todos.

Buenos Aires, Argentina, 1 de abril de 2015