8 de marzo de 2021
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Los fantasmas de la ciudad.

3 de marzo de 2015

victor zuluaga
Tenía razón un maestro de la población de Supía quien me dijo que al jubilarse se iría para la ciudad a buscar la soledad, ya que sus hijos se habían ido del pueblo y vivían en una urbe, es decir en territorio del caos.  

Muchos pueblos crecen y poco a poco se van haciendo más débiles los lazos comunitarios. Viene el desarrollo de la manufactura, de la industria, el crecimiento de la urbe, de la contaminación, del bullicio, y se inicia el éxodo a la periferia y aparecen las urbanizaciones campestres cerradas, protegidas con alambradas, vigilantes y cámaras de seguridad.

LOS FANTASMAS.

Pero mientras unos emigran, hay otros que están condenados a permanecer, a vivir en la ciudad, a recorrerla, pero por sobre todo a vivir de sus desechos. Son esas especies de “fantasmas” que por lo general son invisibles para quienes manejan los destinos de la ciudad, los electos y los electores. Esa especie de tropa siempre móvil está representada por aquellos que recorren calle por calle la ciudad, anticipando la presencia de los vehículos que recolectan la basura; por quienes esconden en sus manos un viejo limpiador de vidrios para casi asaltar en un semáforo al desprevenido conductor y desde luego, también, por aquellos que se dedican al pequeño tráfico de estupefacientes, al raponazo, y en fin, a miles de formas de transgredir para lograr sobrevivir en esos desiertos de solidaridad y toneladas de basura.

Cada uno de esos habitantes frecuentes de la calle tiene una historia diferente, proceden de estratos diferentes, pero su manera de vivir los ha igualado.

Jairo (nombre ficticio) es uno de esos tantos jóvenes que se ubican en la esquina de un semáforo para limpiar los vidrios de los carros. Me llamó la atención el hecho que este joven siempre se me acercaba con un sonrisa que delataba la carencia de todos dientes. Pero sonreía y con ello buscaba contagiar cierta confianza entre sus potenciales clientes. Pero Jairo además de su sonrisa, el saludo lo acompañaba de un “Hola pa’”. Cuando lo conocí podría tener 12 o 13 años, de contextura delgada y pelo lacio y rubio. Y Jairo migraba de un sitio a otro, dependiendo del día y de la hora. En una ocasión hice un pare con el vehículo en la Avenida Circunvalar con calle 14. De inmediato me abordó con una sonrisa y el concebido “Hola Pa’” y a renglón seguido me mostró unos moretones en la espalda y una herida en su mano derecha y me pidió dinero para comprar unos medicamentos. Cuando le miré el rostro, hizo un gesto de dolor y de sus ojos brotaron algunas lágrimas. Le di algún dinero y me alejé, pero quedé pensando en lo que le había pasado y en la manera como transcurre un día para estos fantasmas de ciudad. Llegó el día en que lo abordé cuando se me acercó y le dije que lo invitaba a almorzar a medio día. Con cierto recelo me aceptó y me respondió algunas inquietudes que tenía.

UN DÍA EN LA VIDA DE UN FANTASMA.

Ese día tenía un semblante alegre, así que comencé el diálogo con la siguiente pregunta:
–    ¿Por qué me miró con sorpresa cuando lo invité a comer?.
–    “Vea Pa’ lo que pasa es que por acá siempre hay mucho depravado, ¿sí me entiende?.” Y a renglón seguido dejó escapar una sonrisa medio burlona.
–    ¿Desde cuándo vive en la calle?.
–    “Desde los diez años. Yo vivía en Santuario pero cuando se murió mi “apá”, mi “amá” se volvió a casar y ese señor nos tiraba muy duro. Es que éramos tres hermanos. Yo entonces me volé y me vine para Pereira. “
–    ¿Cómo fueron esos primeros días, cuando llegó a esta ciudad?
–    Uyyyy, pa’, eso fue tenaz porque uno no conoce a nadie y todo mundo lo quiere “matoniar”. Pero me encontré con un “man” ya veterano y me dijo que tranquilo, que él me ayudaba. Con él aprendí a ir de un lado a otro, buscando comida, de esa que botan en los restaurantes, buscando en la bolsas de basura. Usted sabe, “sudándola” y también “peliando” porque en esto hay mucha envidia. Pero como a los dos meses de andar con ese “man”, me le fui del “parche”, porque como que tenía malas intenciones…..usted sabe..”
–    Y ¿cuándo empezó a consumir?
–    Ahh no, eso fue rápido. Una noche tenía mucha hambre y como había redada de los “tombos”, no podíamos arrimar a las canecas de los restaurantes del centro. Entonces el “man” me pasó un frasco de pegante, de eso que llaman “boser”. Y sí, pa’ qué, el hambre  se me pasó y tuve un sueño chévere esa noche. Eso sí, al otro día tenía un dolor de cabeza ni el verraco. Luego probé marihuana y cuanta “chimba” me ofrecían.”
–    ¿De dónde sacan la plata para comprar marihuana y bóxer?
–    “Ahhh no, depende. A veces se recoge en los semáforos para comer y queda alguna cosita para comprar el “cacho”. Pero claro si quiere otra cosa, como coca, eso sí toca rebuscar la plata por otro lado.
–    ¿Y cuál es ese otro lado?
–    “Pues la “verda”, “verda”, hay que buscar cosas que a veces deja la gente en los carros, o echarle mano a un espejo o rapar una cartera a alguna vieja que ande sola por la calle. Pero para eso hay que “trabarse un poco” porque así uno se arriesga más, le da menos miedo a la cosa, ¿sí me entiende?”
–    Y la vez que tenía las heridas en la mano, ¿qué pasó?.
–    No pues esa vez me fue mal porque me robé un espejo de una carro fino, pero un “tombo” me lo quitó y me dio duro. Usted vio, pa’. Es que tenía que comprarle un remedio a la hija y no tenía…”
–    Y la hija, ¿quién es la mamá?
–    “Ahhhh es una “mema” que trabaja en una casa, pero yo siempre le paso de vez en cuando una platica…”
Hubo una época en la cual Jairo se desapareció literalmente de la ciudad. Uno o dos años. Pero regresó y al preguntarle la razón me dijo que había resuelto irse para Bogotá con unos amigos, pero finalmente no se adaptó al frio. “Porque mal que bien, aquí en Pereira siempre hace más calorcito por la noche y entre varios, no calentamos.”

Era navidad y al llegar a uno de los tantos semáforos, se me acercó y me dijo: “No, pa’, no me de plata, cómpreme una muñequita para la niña…” Así lo hice, le entregué la muñeca y nunca más volví a saber de Jairo.

¿Qué se hizo? A lo mejor se fue a otra ciudad, se desapareció, lo desaparecieron…cuando ya era un hombre de 24 años.

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