6 de marzo de 2021
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De canalladas y otras cosas

30 de marzo de 2015

Fui el vocero de la Colectividad roja en el correspondiente debate y expliqué las razones en las que se sustentó nuestra posición. Dije también que en un panorama en el cual la Corte Suprema solicitó su renuncia del cargo, lo mismo que los Ministros de Justicia y de Gobierno, al igual que sus propios compañeros de Corte, periodistas, organizaciones sociales y comunitarias y distintos estamentos económicos y políticos, la negación de la licencia generaría su retiro voluntario del empleo.

Sin sorpresa ninguna, porque estoy acostumbrado a las canalladas de los enemigos políticos sin capacidad para argumentar ni para discutir en términos apacibles, un Representante a la Cámara del Centro Democrático cuyo nombre ya se me olvidó dijo ante los medios de comunicación que no tengo autoridad para pedirle la renuncia al Magistrado porque debo cuentas a la Justicia sobre el proceso 8.000 y porque estoy acusado de haber participado en el asesinato del doctor Álvaro Gómez Hurtado.

Es falso. Durante la investigación por los aconteceres del proceso 8.000, en el que se me sindicó de encubrimiento, fui sobreseído por la Fiscalía General. Hace algunos años se pretendió revivir el caso y para que se me investigará nuevamente renuncié a la preclusión y a la prescripción. La Fiscalía en providencia motivada declaró que no era necesario.

Sobre la acusación de «rasguño» ya el país está informado. Hace 7 años se inventó un crimen de Estado para ganar indulgencias ante los Jueces estadounidenses, que no le fueron reconocidas. He estado a la orden de las autoridades. El narcotraficante aliado con la familia del occiso ha hecho hasta lo imposible por implicarme basado en una declaración de oídas y aludiendo a testigos todos muertos, porque los muertos no hablan. Es una infamia. No he rendido indagatoria ni estoy jurídicamente vinculado a ningún proceso. Existe un expediente que hoy está en la Corte Suprema de Justicia, mi Juez natural por ser Senador. Respetaré sus decisiones.

De mi inocencia habla una labor profesional de medio siglo y mi irreprochable vida personal y familiar. Mi trayectoria política ha sido de lucha, de controversia, de intensos debates, y ha sido igualmente sin tacha.

El jefe político del atrevido agresor ha sufrido docena de ataques de dudoso origen y en muchas ocasiones ha sido objeto, como yo, de inmerecida contumelia. Su familia, como la mía, también ha sufrido la perversidad y la insensatez. No desfallecemos. Sabemos que es el alto precio que pagamos los que ejercemos esta dura actividad de la política.

¿Qué hacer? Sufrir con estoicismo la maldad y la estulticia de nuestro prójimo.