27 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Conservadores a secas.

25 de marzo de 2015

Peor aún. Nos asfixian los personalismos.Descendimos a una política al menudeo, con el ripio de los  nombres que no cambian, siempre cargando la impronta de un cacique. Estadio pequeño ceñido a la acción del cada día, de pordioseros  horizontes.
El conservatismo y el liberalismo son dos minorías en dramático esfuerzo por no desaparecer del escenario nacional. Ambos se mueven dentro de un  ámbito  de querencias insepultas, aferrados afectivamente a una historia de gloria, con adalides de nombres  imperecederos,con principios convertidos en mojones pétreos.  La ideología un poco aún los alimenta y esa raigambre subsiste en el corazón de las masas.

Nosotros los conservadores somos inflexibles en los principios. Creemos en Dios, nos  sentimos partícipes de una iglesia que tuvo a San Pedro como primer Pontífice, nimbamos nuestras existencias de un hálito espiritual que nos proyecta hacia la eternidad.
De qué valdría la vida si no acariciáramos una lontananza beatífica, buscando siempre la intemporalidad. Ese otro mundo, apenas presentido, ese mañana que no tendrá fin, impera en nuestras almas, con la fuerza de una herencia que será traspasada  a nuestros hijos.

En lo terreno, los conservadores de Colombia somos bolivarianos. El Libertador nos dejó una estela de grandeza inextinguible. La ley  como norma imperante, el sometimiento a los mandatos de una Constitución, el Poder como norte circuído de atributos, el ejecutivo imperial, el recelo contra los organismos colegiados, son patrimonio que nos legó Bolívar. De nosotros los conservadores es, inclusive, la herencia de su agonía y muerte. Detestamos la ingratitud de los granadinos, la persecución de que fue víctima, y somos solidarios con su ostracismo voluntario que concluyó en un cenotafio en San Pedro Alejandrino.   

¿Qué más somos lo conservadores? Amantes del orden, opuestos a la anarquía. Somos freno y, concomitantemente,  moderado acelerador. Las repúblicas se pulen en sus instituciones despaciosamente, pero dándole cuerda al reloj del tiempo.

La madurez se logra con impulso sí, pero corrigiendo errores, haciendo cambios pausados, amoldando el país a las urgencias coyunturales. Por eso, mientras otros atropellan y brincan talanqueras, los conservadores subimos grada a grada por la escalera de la historia. Hemos sido  la sal que conserva, el antídoto contra la podredumbre.  

Somos conservadores, a secas. No nos derriten los halagos, ni nos embriagan las sirenas de la oposición. Unos defienden las pesebreras del presupuesto y otros, con ciego fanatismo, disparan sus dardos envenenados contra el Ejecutivo y sus adláteres.
En los escenarios  actuales, para llegar al Poder, son imprescindibles las coaliciones. Ningún partido, solo, conquista la tierra prometida. No estamos cerrados contra las alianzas. Todo lo contrario : reconocemos que son absolutamente necesarias.

En la mitad de las feroces fuerzas políticas en contienda, nos encontramos los conservadores. Es posible, apenas posible, que encontremos pareja para el baile. De no ocurrir, se tocará el alma de nuestro pueblo, se peregrinará por páramos y cañadas, se hablará en todos los tonos, para explicarle a nuestros copartidarios las decisiones que se tomen. La sorpresa no será nuestra bandera.

Queremos una política compartida con la base, con responsabilidades mutuas. Que todos nos sintamos parte de una empresa colectiva, aireada por el diálogo, firme en los objetivos, con ánimo resuelto para llegar a la  meta, pése a las penurias que pretendan minimizarnos.