1 de marzo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Muerte y resurrección de Jesús, el Cristo.

30 de marzo de 2015

jorge eliecer catellanosEn primer lugar, al hacer referencia sobre la muerte del Mesías, vale recordar aspectos que  que desde  tiempos remotos algunos profetas anunciaron que tendrían cumplimiento.  Isaías, por ejemplo, hizo unas revelaciones extraordinarias: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: El castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: Mas Dios cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel y del juicio fue quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fue herido” (Isaías 53:3-8).
Este texto con precisión contundente deja en claro los prolongados acontecimientos que le sucederían al enviado de Dios. Asimismo, el profeta Daniel se une a esta profecía, relatando: ”Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí…” (Daniel 9:26).

Aquí hallamos una perfecta armonía entre las profecías que hablaban de la muerte del Mesías,  en ambos libros, tanto en Isaías como en Daniel. En igual sentido es el pronunciamiento del cumplimiento exacto de los tiempos para los judíos.
Siempre se ha dicho que al venir a padecer el Señor Jesucristo, El mismo ya sabía que iba a morir en cruz como lo describe Lucas 24:44,: “Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé estando aun con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés y en los Profetas, y en los Salmos”.

Todos estos textos refieren la muerte del Señor pero concomitantemente revelan el Plan de redención que Dios traería a través de su hijo Jesucristo para todo el mundo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). Es más, conforme a lo expuesto, el mismo Jesús, sabiendo que su tiempo estaba cerca, les recuerda a sus discípulos el texto escritural que pregona su muerte. “Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le convenía ir a Jerusalen, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).

En tal virtud, en esta síntesis apretada, resulta asombroso reseñar que nuestro salvador también profetizó su muerte a sus discípulos, aunque algunos creyeron y otros no. No así los judíos que pedían señales para reconocer a Jesús como el Mesías. “Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras?” (Juan 6:30).

Sin embargo, aún los milagros que Jesús hizo no le sirvieron para que le creyeran, y continuaron pidiéndole una señal, -particularmente los escribas y fariseos-, para poder constatar que él era el Mesías. Por tal razón, Jesús da la señal mesiánica: “Entonces respondieron algunos de las escribas y de los Fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal y el respondió, y les dijo: la generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no les será dada sino la señal de Jonás Profeta. Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:38-40).
Queda claro que así quedó estipulada esta señal mesiánica: Que así como Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estaría el Hijo del hombre en el corazón de la tierra (sepulcro) tres días y tres noches.

EL TIEMPO DE LA INMOLACION.

Ahora bien, estudiando la Primera Epístola a los Corintios capítulo 15, encontramos estas palabras en el versículo tercero: “Porque primeramente os he enseñado lo que así mismo recibí: Que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a las Escrituras”. Con claridad el apóstol Pablo da cuenta del luctuoso hecho. Avancemos sobre el dia y la hora del brutal sacrificio.

Ahora bien el apóstol judioromano, además describe la trascendencia de indagar las Escrituras para guiarnos, para conocer en qué día fue muerto Jesús; y para esto acudimos al libro del profeta antiguotestamentario Daniel quien nos revela: ”Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el pueblo asolado”. (cap. 9:27).

En perfecta interpretación colegimos que a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Conviene además, que conozcamos la hora en que fue crucificado y para esto resaltamos al Evangelista Marcos 15:25, “Y era la hora de las tres cuando le crucificaron”.

Estas precisiones, reitero, aprecian la muerte del eterno Salvador de conformidad con las sacras Escrituras, y de acuerdo al cómputo bíblico la parte clara del día se dividía en doce horas, como leemos en Juan 11:9; “Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo”.

Efectuando cuidadosamente un cotejo de la división del día del mundo y el bíblico, hallamos que la hora de las tres vendría a ser las nueve de la mañana conforme al horario actual. Esta situaciones obedece a que el sol ya tenía tres horas de haber salido, empezando a contar desde las 6:00 a.m.

Las Escrituras, del mismo modo, refieren la hora en que Él murió. “Y cuando vino la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y a la hora de nona, exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachtani? Que declarado, quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?… Mas Jesús, dando una gran voz, expiró” (Marcos 15:33,34 y 37).

El texto nos indica que desde la hora de sexta fueron hechas tinieblas hasta la hora de nona. Conforme al tiempo bíblico la hora de sexta que se informa está relacionada porque el sol tenía seis horas de haber salido; y de acuerdo al tiempo común serían las doce del día. Podemos afirmar entonces, que a partir de la hora de sexta fueron hechas tinieblas hasta la hora de nona; que en la hora común sería las tres de la tarde. Y como hemos leído que en esta hora de nona Jesús murió, o sea eran, efectivamente, las tres de la tarde.

¿CUÁNDO FUE PUESTO EN LA TUMBA?

Ahora es importante, aunque es dispendioso, analizar el momento cuando Jesús fue puesto en el sepulcro, toda vez que de acuerdo a la profecía mesiánica desde el momento en que fuera puesto en el sepulcro se empezarían a contar los tres días y las tres noches.

Mateo 27:57 y 58 señala: “Y como fue la tarde del día, vino un hombre rico de Arimetea, llamado José, el cual también había sido discípulo de Jesús. Éste llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús: entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo”.

Podemos brevemente establecer que Mateo habla del día 14 de Nisán: “Y fue la tarde del día (miércoles), cuando José de Arimetea fue a pedir el cuerpo de Jesús para sepultarlo”. En el mismo hilo conductor, el evangelista Lucas nos dice así: “Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado” (capítulo 23:54).

Estimemos con certeza la precisión del comienzo del texto: “Y era día de la víspera de la Pascua”. La palabra víspera de acuerdo al diccionario Larousse significa: “Latín véspera) Día anterior a otro determinado”

Con esta definición apreciamos que fue en la tarde del día cuando Jesús fue puesto en el sepulcro, y estaba por comenzar la Pascua de los Judíos. Análogamente Juan anota: “Allí, pues, por causa de la víspera de la Pascua de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús” (capítulo 19: 42).

Después de analizar estos versículos concluimos que Jesús fue puesto en la tumba justamente antes de ocultarse el sol de aquel día (miércoles 14 de Nisán).

Y volviendo al evangelio de Lucas 23:54 “… y estaba para rayar el sábado”. Una vez más consultamos el diccionario Larousse que nos dice el significado de la palabra rayar: “Empezar, iniciar, amanecer”. Con esta definición comprobamos con certeza que estaba por comenzar el sábado.

Generalmente es confundido este día por lo que se piensa que si estaba para rayar el sábado, entonces ese día (cuando Jesús murió) tenía que ser viernes. Mas el evangelista Juan aclara que el día que estaba por iniciar no era un sábado semanal, sino que era el GRAN DÍA DEL SÁBADO. “Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el GRAN DÍA DEL SÁBADO, rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados” (capítulo 19:31).

Cabe enfatizar que este día GRAN SÁBADO era un sábado ceremonial que se celebraba el 15 de Nisán, era el primer día de la gran festividad de los Panes Ázimos. Al respecto leamos Éxodo 12:15; “Siete días comerás panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas: porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, aquella alma será cortada de Israel”.

Por consiguiente apreciamos cómo quedó establecida esta fiesta que se celebraría por siete días; ahora veamos Levítico 23:6-8; “Y a los quince días de este mes es la solemnidad de los AZIMOS a Dios: siete días comeréis ázimos. El primer día tendréis santa convocación: ninguna obra servil haréis. Y ofreceréis a Dios siete días ofrenda encendida: el séptimo día será santa convocación; ninguna obra servil haréis”.

Notemos que esta solemnidad tenía dos sábados ceremoniales: el primero era el día 15 del mes de Nisán y el segundo el día 21 del mismo mes. Sin duda, por ello, Juan el evangelista le llama el GRAN DÍA DEL SÁBADO, refiriéndose al primer día de los ázimos, pero jamás se puede referir al sábado semanal como ya se ha definido.

Este sábado ceremonial fue tan significativo para el pueblo Judío porque en él conmemoran su gran victoria que enmarca la liberación de Egipto. “De Rameses partieron en el mes primero, a los quince días del mes primero: El segundo día de la Pascua salieron los hijos de Israel con mano alta, a ojos de todos los Egipcios” (Números 33:3).

PUNTUALIZACION

Apreciemos en conjunto los episodios. “Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado (ceremonial)” (Lucas 23:54). “Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado (ceremonial), pues era el GRAN DÍA DEL SÁBADO, rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados” (Juan 19:31). Se han demarcado estos versículos dado que podemos ver una gran revelación en el cumplimiento de los tiempos: La Pascua Judía y el Gran Día del Sábado (ceremonial) se juntaron siendo las dos festividades diferentes.

Explico, entonces, que la Pascua se celebra el día 14 del mes de Nisán. “Y habéis de guardarlo hasta el día catorce de este mes (Nisán), y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes” (Éxodo 12:6 ). Complementariamente hallamos en el libro de Levítico 23:6; “Y a los quince días de este mes es la solemnidad de los Azimos a Dios: siete días comeréis ázimos”. Este primer sábado ceremonial cayó el día 15 de Nisán.

No obstante estimamos asombrosamente que las dos festividades que eran diferentes las celebraron el día 15 del mes de Nisán. El evangelista Lucas reafirma lo dicho: “Y estaba cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua” “Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua” (Capítulo 22 versos 1 y 7).

Es menester, aunque no es tarea fácil, referir además sobre la Muerte y Resurrección de Cristo la trascendencia de la profecía mesiánica consistente en que el Señor estaría tres días y tres noches en el sepulcro. Efectivamente fue puesto en la tumba el día miércoles antes que el sol se ocultase, de miércoles a jueves UN DÍA; de jueves a viernes DOS DÍAS; de viernes a sábado TRES DÍAS, como el evangelista escribe: “Y la víspera de sábado, que amanece para el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro” (Mateo 28:1).

Diáfanamente encontramos que cuando llegaron María Magdalena y la otra María era la víspera (tarde) del sábado, y que aún no se había ocultado el sol. Seguidamente estudiemos los versículos 5 al 6: “Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor”. Ellos demuestran que cuando ellas llegaron a ver el sepulcro, Jesús ya había resucitado. Notemos lo que dice el ángel: “No está aquí: porque ha resucitado”. Queda de manifiesto lo que dice Mateo que había resucitado en la tarde del día sábado.

En este rápido vistazo, agreguemos que Lucas 24:22 y 23 reza: “Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro: y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive”.

Por supuesto que Lucas está haciendo alusión a las mujeres que fueron «antes del día»… ¿cuál día? El comúnmente llamado domingo, y Jesús ya había resucitado. En los términos expuestos el libro de libros relata la resurrección del Señor Jesús en la tarde del sábado dando como testimonio de su resurrección: “A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios”. (Hechos 1:3).

El Apóstol Pablo coadyuva la resurrección al decir: “Y apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún, y otros son muertos. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles. Y al postrero de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1ª Corintios 15:5-8).

Finalmente recalquemos que: ”Porque primeramente os he enseñado lo que así mismo recibí: Que Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras. Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”(1ª Corintios 15:3-4). Son extensas las escrituras y los episodios que recordamos por estos días de santa semana, empero, urge creer que el Salvador fue enviado para garantizar el perdón a la humanidad desde la cruz del Gólgota, para que muchos lo crean y se arrepientan y no se pierdan, como dicen los evangelios, desde hace ya más de dos milenios.