26 de febrero de 2021
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JESÚS MARÍA EL DEL EME

12 de marzo de 2015

armando rodriguezDe entrada me agradeció por recibirlo pues generalmente no contaba con esa suerte. Señaló que no acostumbraba pedir favores pero que las circunstancias obligaban en una ciudad extraña. Contó su militancia en el M 19, su participación en los acuerdo de Corinto (1984) cuando firmaron el cese al fuego con el gobierno para negociar el fin del conflicto. Esa noche celebramos, dijo con acento paisa, con la ilusión de rehacer la vida y reencontrarnos con nuestras familias. Relató que también estuvo en Santo Domingo (1990) cuando se entregaron las armas y retornaron a la vida civil creyendo en las promesas del gobierno que hablaba de trabajo y garantías políticas.

Jesús María hizo una pausa para respirar y siguió contando que las ayudas oficiales se quedaron en los comandantes que se convirtieron en políticos y olvidaron la tropa que quedó abandonada a su suerte. Fue así como atiborrado de ideales frustrados y violencias eternas acumuladas en más de quince años de lucha armada, viajó a Aguadas en busca de su mujer y sus hijos, sin imaginar que ellos habían hecho sus propias vidas en las que no había lugar para un padre que partió a librar guerras ajenas.

Decepcionado al ver que los políticos, otrora sus comandantes, no lo conocían, desencantado porque nunca le llegó lo prometido por el gobierno si dejaba las armas y entristecido por la familia que perdió, decidió retornar a Corinto donde le quedaban algunos camaradas y una pequeña casa donde vivir y poner una tienda. Iba de paso para el Cauca y necesitaba que lo ayudara para su viaje.

El relato me conmovió y su realidad me impactó. Hice cuentas, miré el bolsillo y le colaboré con algo para que al menos llegara a Popayán. Un apretón de manos, gracias y un que le vaya bien fue el final de la conversación.

Tres cuartos de hora más tarde Jesús María regresó queriendo hablar. Entra, se sienta, me mira y dice que está muy agradecido por haberlo recibido, escuchado y ayudado sin conocerlo, pues comenta que cuando menciona al M 19 la gente lo rechaza.

Entonces, en señal de gratitud, quiso hacerme un regalo no sin antes dejar de mostrarme cicatrices de bala en su cuerpo. Con nostalgia me dijo que a pesar de que siempre lo había acompañado, me dejaba la “bareta” con cariño pues ya no la necesitaba. Vaya embrollo el que se me formó pues le entendí que me iba a regalar marihuana;  pero no fue así, pues lo que sacó de su carriel fue una pistola Beretta que puso sobre el escritorio. Yo me asusté, tartamudeé y le dije de mil formas que guardara eso, que en mi vida no había cargado ni un corta uñas y que eso era para mí un encarte.

Al verme tan atortolado guardó su compañera, volvió a darme las gracias y se alejó caminando por la calle 21 de Armenia.

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13 de marzo de 2015