9 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Otras causas

6 de enero de 2015

La noticia estalló como pólvora y desató un incendio: toda Colombia se enteró del hecho y muchos pusieron en tela de juicio la bondad del remedio. No se hicieron esperar, claro, las reacciones de quienes no creen en el poder de las vacunas o condenan su uso, como tampoco las denuncias u opiniones de personas preocupadas por el destino de las niñas.

Claro que un brote generalizado de síntomas por parte de quienes reciben una vacuna merece una reacción estatal seria y oportuna. Una entidad confiable debe hacer un análisis concienzudo de lo que pudo haber causado la reacción. A esa altura, se nos antoja, estuvo el INS cuando estudió a fondo 629 historias clínicas, identificó 517 pacientes, estableció posibles relaciones causales de la vacuna con las enfermedades, y finalmente la desechó.

Encontró, eso sí, otras causas: el estudio afirma que se trata de una alteración de características psicogénicas merecedora de una intervención estatal urgente. Dicho en cristiano: el pánico, sumado a la mediatización de la condición, en conjunto con creencias religiosas o morales, desataron una serie de síntomas en las niñas. Esa especie de histeria o paranoia colectiva no deja de ser, aunque inquietante, muy interesante: el poder de la mente sobre el cuerpo, que puede llegar a generar reacciones físicas idénticas, simplemente por un miedo generalizado hacia las mismas.

Pero por más tinta que pueda correr sobre esto, lo urgente, claro, es atender a esa población con medidas reales: el hecho de que el brote haya sido consecuencia de un factor psicológico no quiere decir que éste no exista: es algo tratable, identificable, que también debe ser combatido con una serie de políticas públicas.

Es urgente, entonces, que en El Carmen haya una intervención social y económica que jalone esas variables hacia un mejor porvenir de la población. Las condiciones de pobreza, la desinformación, las creencias mezcladas de todo tipo frente a los avances de la ciencia médica, todo, puede ser el caldo de cultivo para cosas impredecibles: ahí lo vimos, tal y como lo afirma el INS, una entidad confiable que se demoró seis meses adelantando un estudio verosímil. Hasta allá, entonces, es donde llega el abandono estatal. Vaya, vaya. Algo habrá que hacer para cambiar esta realidad.

Este comentario no podría estar al margen de denunciar la irresponsabilidad de algunos frente a esta serie de hechos. Los medios, en primer lugar, que muchas veces nos encargamos de cubrir historias de forma demasiado rápida sin tener en cuenta un contexto más amplio o la confirmación de otros hechos que resultan inciertos para que el relato esté completo. Y se hace más difícil la tarea cuando hay ciencia de por medio, como en este caso. Y a los abogados les cabe el reclamo también: ¿hasta dónde llega la ética profesional de alguien que promete demandas multimillonarias contra el Estado basándose en hechos inciertos? ¿Será que no nos hemos fijado bien cuáles son los límites del derecho?

Muchas lecciones deja este caso de la vacuna contra el virus del papiloma humano. Ojalá también genere ciertos aprendizajes.

EL ESPECTADOR/EDITORIAL