26 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Una Bogotá construida desde los cimientos con materiales reciclados

30 de diciembre de 2014
30 de diciembre de 2014

 

Suena casi imposible. Sin embargo, el Día del No Carro en una ciudad que acoge anualmente a miles de hombres y mujeres de los 32 departamentos del país y de diversos rincones del mundo, no solo se respira mejor, la gente es más amable y el golpe visual de “los trancones” por cuenta de la “crisis” de movilidad parece un capítulo guardado en la historia de una ciudad que vive, se transforma e intenta no “salir contaminada” de la crisis financiera que golpea a Europa y Estados Unidos.

Lo cierto es que la Bogotá sin autos por un día abre paso a un sueño personal. A un sueño de miles de capitalinos. Construir una ciudad desde sus cimientos con plástico y materiales reciclados. En una palabra, crear un paraíso medioambiental.

Una ciudad con una alta calidad de vida, donde los automóviles no sean “protagonistas ficticios del desarrollo urbanístico sino el ser humano”. Así, por ejemplo, las calles de la capital colombiana serían pequeñas, las leyes serían transparentes y se abrirían paso las granjas fotovoltaicas, que criarían alimentos sin emisiones de gas de carbono.

Además, me preguntaba en torno a los miles de millones de pesos que gasta la administración distrital en estudios de prefactibilidad, adecuación del sistema masivo de Transporte Transmilenio o la atención a los accidentes que se producen a diario por el mal uso del vehículo o, en la mayoría de los casos, por los efectos del alcohol de quienes los manejan.

Llego el momento de que en los cuatro puntos cardinales de Bogotá se abre un debate local, nacional e internacional sobre el desarrollo urbanístico de la ciudad. Basta ya de la contaminación. De una urbe dominada por los autos. Vauban en Alemania, ya es ejemplo de una ciudad sin autos.

A simple viste es una idea “descabellada”, pero estoy convencido de que  entre más se hable, entre más se discuta y entre más se abra la puerta para escuchar al vecino, al amigo al padre o la madre sobre el “caos vial en una ciudad de todos y una ciudad de nadie”, se podrán encontrar respuestas al agotamiento del petróleo, la crisis económica mundial y el cambio de paradigma en cuanto al cuidado del medio ambiente. Es la única fórmula para replantear la relación de los bogotanos –de adopción y nacimiento- con el automóvil.