6 de marzo de 2021
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Otra plaga que le nace al aguacate

25 de diciembre de 2014
25 de diciembre de 2014

 

aguacate plagaEl aguacate, fruta apetecida a nivel mundial por su alto contenido nutricional, la variedad que ofrece para consumo fresco y su uso cada vez mayor en la industria cosmética, requiere un estricto manejo para obtener una buena cosecha.

Colombia participa con el 5,7 % de la producción mundial de esta fruta y, según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ocupa el quinto lugar en el mercado internacional.

El aguacate se cultiva especialmente en 15 departamentos de Colombia, pero ocho de ellos concentran el 90 % de la producción: Antioquia, Valle, Cauca, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima y Santander.

Según el ICA, el área cosechada de aguacate en Colombia pasó de 17.657 hectáreas en 2007 a 24.513 hectáreas en 2011, lo que supone un incremento del 39 %. A su vez, la producción experimenta también un ligero incremento, pasando de 173.934 toneladas en 2007 a 215.089 toneladas en 2011, lo que equivale a un aumento del 24 %.

No obstante, la entidad advierte que la comercialización de aguacate colombiano en mercados especializados es limitada, debido a la heterogeneidad del producto que se cosecha. Esta situación se deriva, en parte, de la variabilidad en los materiales cultivados, las deficiencias en el control fitosanitario de la producción primaria y los bajos estándares de calidad.

Un informe sobre manejo fitosanitario del aguacate, en 2012, revela que con ocasión de la ola invernal, durante el 2010 y el 2011, los cultivos se vieron afectados considerablemente y se reportó disminución del rendimiento, incremento de la incidencia y severidad de enfermedades causadas por hongos y proliferación de focos de infección, que causan lesiones por pudriciones radiculares y pérdidas por caídas de flores y frutos.

Esta situación se corrobora en algunos de sus principales departamentos productores, en los que se han comenzado a identificar significativas pérdidas en los cultivos, derivadas de plagas comunes como el pasador del fruto, Copturomimus persea, Trips Frankliniella sp y Neohydatothrips sp, las cuales se controlan generalmente con insecticidas de síntesis química.

Tras la pista de la mosca

Ana Milena Caicedo, integrante del Grupo de Investigación en Diversidad Biológica de la UN Sede Palmira, afirma que en cultivos del norte del Valle, exactamente en el corregimiento de Guacanal, municipio de El Cerrito, se determinaron graves daños en los frutos del aguacate, lo que desencadenó su inquietud por investigar sobre una posible plaga.

Fue así como los investigadores de este grupo se trasladaron a una finca para conocer los daños y verificar el estado de afectación de una plaga que hasta el momento no conocían.

“En los cultivos encontramos gran cantidad de frutos en el suelo. Cada uno tenía un color rojizo entre el pedúnculo y el fruto, pero los agricultores de la zona, e incluso algunos agrónomos, decían que era un comportamiento normal y que no merecía mayor atención”, sostiene Caicedo.

Sin embargo, los investigadores encontraron huevos de un posible insecto díptero dentro de los aguacates estudiados de diferentes variedades (Lorena, común, hass). Esto les llamó particularmente la atención, por lo cual decidieron llevarlos al laboratorio para estudiarlos más a fondo.

Así emprendieron la tarea de identificar la posible plaga mediante el seguimiento al ciclo de vida del insecto hasta la obtención de adultos. Encontraron que esta especie, conocida como Neosilba batesi, pertenecía a la familia Lonchaeidae, una mosca cuyo poder y expansión en dichos cultivos no habían sido considerados, pues estaba clasificada como plaga en otras cosechas.

Por ello, en compañía de Eliana Valencia Lozano, estudiante de Ingeniería Agronómica, y del profesor Jaime Eduardo Muñoz, decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Sede Palmira, se encaminó el proyecto a determinar los daños que ocasionaba esta plaga y a indagar sobre el posible control de la misma.

Los frutos se individualizaron y observaron hasta la etapa adulta, posteriormente se cuantificaron y conservaron en alcohol. De los frutos en el árbol se recolectó en un 100 % una sola especie, identificada como Neosilba batesi. El ciclo de huevo a adulto tuvo una duración promedio de 33 días (19,8 en larva y 13 en pupa) bajo condiciones de temperatura de 25° y una humedad relativa del 68 %.

“Con los estudios encontramos que la plaga ocasionaba graves daños en frutos de 20 a 30 días de desarrollo, cuando se presenta un cambio de coloración del pedúnculo con halos rojizos y abscisión del fruto. Por ello, se considera a Neosilba batesi como la especie de principal impacto económico en el cultivo de aguacate”, afirma Valencia Lozano.

Diagnóstico errado

Los investigadores recomendaron a los productores retirar los frutos que presentaban síntomas de la plaga, para evitar que se propagara a otros cultivos y disminuyera la producción.

“El problema es que los agricultores tenían metido en la cabeza que los síntomas de la plaga eran un tipo de aborto que tenía el árbol, mas no pensaban que era una plaga fuerte que acababa con sus cultivos. De hecho, ellos seguían haciendo la fertilización en las siembras, y aún así la plaga se presentaba”, afirma el profesor Jaime Eduardo Muñoz.

Por ello, haber concluido que estas manifestaciones no eran un comportamiento fisiológico normal del aguacate, sino que se derivaban de una plaga, pone sobre la mesa una problemática fitosanitaria que se debe estudiar más a fondo, con el objetivo de establecer planes de manejo que eviten más pérdidas.

“El estudio sienta un precedente por primera vez en Colombia sobre la plaga, es decir, ya sabemos que hay un díptero que ocasiona graves daños, y sabemos cuál es. El siguiente paso es pensar en estrategias de control biológico. Por ejemplo, con hongos entomopatógenos, se pueden atacar los adultos sin afectar el medioambiente y reduciendo el uso de insecticidas de síntesis química”, dice Ana Milena Caicedo.

Manejo integrado de plagas

La investigadora recomienda un manejo integrado de plagas (MIP) en el que es fundamental indagar y conocer el blanco biológico (agente causal), las condiciones climáticas favorables o desfavorables para el establecimiento y diseminación de la plaga y la susceptibilidad de la planta al ataque.

“Teniendo esta información, lo mejor es solicitar al asistente técnico el diseño de un MIP que garantice la sanidad en el cultivo y sea, a su vez, económico y ambientalmente sostenible. Se busca que este plan de manejo sea eficaz, que no dañe el medioambiente y resulte económicamente viable”, sostiene Ana Milena Caicedo.

Según un documento de Corpoica, el mercado mundial requiere de aproximadamente ocho millones de toneladas de aguacate, de manera que este sector agrícola se constituye en una oportunidad para que Colombia pueda ampliar su oferta.

Un Periódico, Universidad Nacional de Colombia