26 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

No se llenó la Copa

11 de diciembre de 2014
11 de diciembre de 2014

Los dos goles fueron como calcados, una copia al carbón, y cayeron con el peso demoledor de una pedrada en las huestes antioqueñas. Los mismos errores de marca e idéntica cuenta de cobro. Algo increíble para una defensa que debe estar entrenada contra tales contingencias.

 

El equipo verde no encontró la forma para recuperarse, los cambios llegaron tarde y surtieron poco efecto. ¿Se evaporaron algunos jugadores? Sin duda, pero el golpe es para todos. Injusto e inútil buscar culpables. River Plate hizo mejor las cosas y fue un merecido ganador. Nada para escamotear.

Esta vez se desmoronó el habitual y efectivo rendimiento fuera de casa que había mostrado Nacional en el torneo. De hecho, el marcador pudo ser más amplio, de no mediar el brillante desempeño de Franco Armani, sobre todo en la etapa inicial.

El técnico Juan Carlos Osorio se queda con la espinita de no poder lograr un título internacional. Esa era su ilusión y le tocó aplazarla. Tampoco se llenó la copa esta vez. Ahora debe venir el análisis interno y la valoración de rigor. Es lo que corresponde y no sería extraño un remezón. Entre tanto,  hay que reconocer el mérito del rival y no ponerse a llorar sobre la leche derramada. Los hinchas rivales, desde luego, se dan sus mañas para gozar con el dolor ajeno. Inevitable.

El contraste…

Debe recordarse que el cuadro paisa perdió ante San Lorenzo de Almagro en su estreno como aspirante al título del segundo torneo interclubes de la Conmebol, tras un inesperado 4-0 como local, en el 2002. Nacional también tiene la experiencia de dos finales por la Copa Libertadores, la que ganó en 1989 sobre Olimpia de Paraguay y aquella que dejó escapar frente a Gremio de Brasil en 1995.

River Plate repetía el duelo cumbre de la Copa Suramericana. Hace once años se quedó a las puertas de la corona después de caer ante Cienciano de Perú. Esta vez, bajo el comando de Marcelo Gallardo, uno de los ídolos del club, pudo por fin darse el gusto. Ya guardaba en sus vitrinas dos trofeos de la Copa Libertadores, cuyas finales ha disputado en cuatro ocasiones.

Un cierre de gran intensidad, de juego emotivo que premió al más decidido y eficaz. Nacional se vuelve a estancar en la boca del horno sin que sea se pueda desconocer que hizo el esfuerzo y cayó en el intento. Nueva lección que entra a las páginas de la libreta de Osorio.