6 de marzo de 2021
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28 de diciembre de 2014
28 de diciembre de 2014

Deja la presidencia de la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria), que ocupó desde 2006, un cargo de peso tan odioso para muchos, como respetado para otros, en una economía cuya quinta parte del Producto Interno Bruto (PIB) es aportado por el sector.

Y este retiro le parece no solo oportuno, sino divertido, confiesa. Se siente como cuando se graduó de economista en la Universidad de Los Andes, en la década de los setentas, y no tenía idea de qué iba a hacer con su vida:

–No quería volver a ver un libro ni nada de estudio, quería darme un sabático y cuando me aburriera, veía qué me ponía a hacer.

–¿Y cuánto le duró ese descanso?

–Tres semanas, y llamé a dónde me ofrecieron trabajo. Y les dije: “oiga, ya me aburrí”. Ahí entré a Fedesarrollo, recuerda entre risas.

Ese fue el inicio de una prolífica carrera profesional en arenas públicas y privadas de esta bogotana magíster en Desarrollo Económico de la Universidad de Boston.

En Fedesarrollo despuntó como destacada investigadora económica, de la mano de Rodrigo Botero Montoya. Luego su jefe se la llevó para el Ministerio de Hacienda. También en esa cartera fue viceministra de Roberto Junguito, en la presidencia de Belisario Betancur, cuando debió enfrentar la primera de las crisis en que jugó un papel preponderante.

El país estaba sin reservas internacionales tras heredar un alto endeudamiento del gobierno Turbay, se advertía una cesación de pagos y líos de liquidez en el sector financiero: “se oían cuentos de que los bancos eran vaciados por la noche, fue terrible”, recuerda mientras se fuma el segundo cigarrillo de la conversación con El Colombiano.

El Colombiano