24 de febrero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Manizales odia los árboles (VII)

28 de diciembre de 2014
28 de diciembre de 2014

Árbol enhiesto que me brinda leño,                                   
frutos, sombra cordial, calor de nido.                                
Isla para el naufragio del olvido,                                    
brazos en los que soy esclavo y dueño.

Humano territorio del ensueño                                         
cuyos prados recorro entredormido.                                   
(Tu ola de palabras en mi oído,                                       
tu seno en el inicio de mi sueño)

“Hallo mi libertad en tus cadenas”: Oscar Echeverri Mejía

Cuando uno se informa de parte de lo que ha hecho y sigue haciendo la Carder de Risaralda por Pereira y por su departamento, o contempla con admirado asombro a la gobernadora del Quindío, enfrentada a una empresa poderosa, asumiendo la defensa de una reserva natural de los quindianos de hoy y de los del futuro, no puede menos que sentir envidia ciudadana. ¿Qué pasa entonces con los manizaleños? ¿Seguirá congénita esa crueldad, esa indiferencia, esa avaricia frente a la naturaleza que nos queda y que todavía  nos privilegia? ¿Tras la palabra “progreso”, cada vez más diversa y extrañamente eufemística, seguiremos con las ofensas al paisaje, sin importarnos qué aire van a respirar nuestros nietos? ¿Será posible que alguna vez nos toque ver gestos parecidos y decisivos por parte de nuestros ejecutivos o de Corpocaldas, aunque sea por imitación, dada la incapacidad de antecederlos?

Porque lo que hizo Sandra Paola Hurtado para proteger una zona del norte del departamento que gobierna, y que comprende tres municipios, fue ejemplar y ejemplarizante. No fue con cualquier empresa con la que se enfrentó, sino con la muy rica y casi intocable Empresa de Energía de Bogotá, para impedir que ésta colocara tres torres de repotencialización energética, de alta tensión, en un área de cuidado forestal.  Y no lo hizo desde su cómoda oficina en Armenia ni enviando a un subalterno, como se acostumbra aquí, sino que  trasladó su despacho con todos los secretarios al lugar crítico. Hasta allí tuvo que acudir el gerente de la omnipotente empresa bogotana, pero no solo él, también el director nacional de planeación y hasta el ministro Vallejo en persona, para tratar de transar con la mandatario así fuera para que aceptara siquiera una torre, lo que no pudieron obtener, no por intransigencia o fundamentalismo como dicen los nuevos bárbaros de la antiecología, sino por sus convicciones, la primera de las cuales es la del amor y el respeto por el territorio suyo y el de las generaciones que vienen y por el respaldo que tuvo de toda la comunidad. En la defensa del Cañón del río Barbas no estaba sola ni solo como autoridad. Por eso los grupos ambientalistas estuvieron listos a acampar en las orillas y las manifestaciones en Finlandia fueron permanentes.

Con una frecuencia que satisface y sorprende, me llegan por distintos medios, algunas de las actividades de la Carder en las cuencas hidrográficas, realizadas de consuno con la Universidad Tecnológica, en los colegios de Pereira, en los municipios, en las zonas rurales del departamento vecino, los diálogos en los que involucra a toda la comunidad,  especialmente a los jóvenes y a los niños, la organización de seminarios, las jornadas permanentes de limpieza y de constantes siembras. Lo que lograron en Dosquebradas, hace uno o dos meses, con la participación de las instituciones y de la juventud, fue francamente estimulante. Pensaba e imaginaba entonces tareas semejantes en Villamaría y en Chinchiná, o en Palestina, para compensar los gigantescos huecos del mal proyectado aeropuerto, o en excursiones ecológicas a Neira. ¿Por qué no hacerlas? O ¿se han hecho? Las escasas noticias que divulgan de Corpocaldas cuando no son nefastas, son tan pobres, que uno queda siempre a punto de dar el brazo a torcer.

Lo dije al principio, es una cuestión de mentalidad -y las instituciones se parecen a la sociedad que representan- que amerita un análisis científico y autocrítico. ¿ Por qué los manizaleños, y en general los caldenses, con bellísimas y gratas excepciones, nos mostramos más impermeables a la reconciliación con la naturaleza, a superar el complejo ancestral del hacha, y dejamos que en esto nos den lecciones nuestros parientes de origen y de sangre, quindianos y risaraldenses? Entiendo que no hace mucho tiempo se creó una secretaría de ambiente y no he sabido que con Corpocaldas haya tenido aquella algún enfrentamiento en casos puntuales de protección de la biodiversidad, lo que significa que están trabajando armonizadas y haciendo maravillas, que no vemos o de las que no sabemos, o ambas son igual de dañinas y mantienen un pacto de complicidad omisiva. Ojalá esté equivocado y estoy presto a rectificar y a llenarme de un optimismo verde, muy verde, muy frondoso, muy acuífero, muy transparente, muy vegetal, si me dan magníficas pruebas en contrario. Que no sea el gastado ejemplo del parque los Yarumos y otras muestras encomiables, sí, pero aisladas, o en verdad, ¿hay en Caldas una institucionalidad regional, integrada, con propósitos, con auténtica sensibilidad estética y ecológica, con consciencia de las riquezas hídricas y forestales, con auténtico sentido de la naturaleza,  que garantice en el presente y para el futuro,   la ninguna afectación ambiental en nuestro territorio?

Si ello es así ¿por qué construyen y siguen construyendo como lo hacen en Manizales, hasta el borde de las aceras, sin zonas verdes, o si acaso con unas esmirriadas y ralas maticas que en vez de adornar, aparecen como una burla de la mole, a la que se prestan las pobres flores que les adjuntan? ¿Es la oficina de planeación una rueda suelta o con el plan de ordenamiento territorial nada tiene que ver Corpocaldas? No todo puede ser cemento y cajones, rectángulos y avaricia,  y en total, falta de imaginación. No se pueden separar arquitectura y naturaleza. En ninguna parte del mundo  sucede. ¿Por qué aquí sí, cuando no la destruye, la tapa o le da la espalda? Sí se ve, a la distancia, porque nuestras montañas son enhiestas, pero no es apenas por azar que el pabellón Zeri, llamado no sé si con absurda, deliberada o inconsciente ironía, “Centro del Pensamiento”, esté situado a 11 kilómetros de la ciudad.

Sé que exageraría si dijera que Corpocaldas fomenta o ampara el no por anárquico, menos consensual y pernicioso sicariato de árboles, que hace de las suyas en Manizales, con impunidad y más bien con aplauso o respaldo legal, no sé desde cuánto hace, aunque pueda pensarse que desde siempre, en donde se le facilite operar. Repito que esto pueden testimoniarlo los que han visto entristecidos, la tala de toda clase de árboles, por el más baladí de los motivos, haciendo caso no omiso a los innumerables peticionarios a los que les estorba el follaje,  o se sienten aturdidos por el canto de los pájaros. Sí, los árboles no dejan ver el cemento o como me tocó alguna vez, cuando una señora que con meritorio esfuerzo logró comprar un carrito, pidió que talaran un bellísimo árbol porque los brazos pletóricos de hojas,  no le permitían, desde la ventana del quinto piso donde residía, ver por completo el sitio donde lo dejaba parqueado. El árbol fue cortado por éste y otros móviles más triviales todavía. Esto no impidió que muy poco tiempo después, la joven señora se fuera con su renaulcito, a vivir a otra parte.

La síntesis, más que gráfica, significativa y determinante de una concepción, de una mirada, de un horizonte, de unos proyectos trazados, de unos fines trascendentes, de una atmósfera que alienta, de una energía que incita,  la marca la diferencia de sedes de la Carder y de Corpocaldas.

Columnias del autor

√Manizales odia los árboles (I)
√Manizales odia los árboles (II)

√Manizales odia los árboles (III)

√Manizales odia los árboles (IV)

√Manizales odia los árboles (V)
√Manizales odia los árboles (VI)
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