26 de febrero de 2021
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La Barca con un crespón negro

30 de diciembre de 2014

WILLIAM CALDERONCon la muerte del doctor Rodrigo Marín Bernal, ocurrida en la mañana del martes 30 de diciembre, en su residencia del norte de Bogotá,   el Barquero ha perdido a un padre, a un tutor, a un gran jefe absolutamente trasparente y a un paradigma irrepetible en el manejo escrupuloso de la cosa pública.

Al lado del líder conservador laureanista aprendimos a hacer política, en las amadas breñas caldenses, y  a manejar con decoro el patrimonio ajeno.

Quedan en el horizonte estatal pocos hombres públicos tan pulcros, honrados, cabales y rectos como el querido Maestro que se ha ido a ese más allá que los poetas llaman cielo.

Desde esta Barca con crespón negro va nuestro abrazo solidario para su esposa, doña Nannie Quiroz, sus hijos y sus nietos.

Descanse en paz, doctor Rodrigo!

Una marca ministerial

En su dilatada carrera política, siempre al lado del inmolado líder Alvaro Gómez Hurtado, el doctor Marin Bernal impuso una marca difícil de igualar en Caldas, tierra de ministros.

Tuvo la titularidad de cuatro carteras en los gobiernos de los presidentes Turbay Ayala, Betancur Cuartas y Samper Pizano.

Primero fue ministro de Trabajo. Después estuvo en la cartera de Desarrollo (en dos oportunidades) y finalmente pasó por el ministerio de Transporte.

Al dejar este último ministerio recaló en Madrid como embajador de Colombia en España.

Actuó como director de El Siglo, a pedido del doctor Gómez Hurtado, y escribió en un lenguaje sumamente castizo vibrantes editoriales sobre la problemática del país.

En los cuadros directivos

Presidió el Directorio Nacional Conservador  en la campaña que llevó a la Casa de Nariño a su copartidario Belisario Betancur, quien sostenía que Marín Bernal era uno de los colombianos más bien equipados para sucederlo en la Presidencia de la República.

En el escenario natal fue concejal de Manizales, diputado a la asamblea de Caldas, representante a la cámara y senador de la república.

Brilló por sus intervenciones en el Congreso cuando los debates tocaban materias políticas y económicas. Era muy respetado y acatado por sus colegas en el Capitolio.

Su amigo del alma

Murió el doctor Marín tres días después de haber cumplido sus 81 años de vida.

Sus amigos más íntimos dicen que se fue detrás de Mario Calderón Rivera, uno de sus mejores amigos, fallecido el 5 de enero de  2014. Los dos murieron con once meses de diferencia, en Bogotá.   

En la política juvenil manizaleña ambos formaron una dupla de respeto para luchar, desde la clandestinidad, contra la dictadura del general Rojas Pinilla. El mimeógrafo, sus plumas y la imprenta clandestina fueron sus mejores armas.

Tanto Marín como Calderón fueron perseguidos con saña  por la policía secreta del régimen de facto y  acosados hasta el día del derrocamiento del usurpador.

Que Dios tenga en su reino a este par de hijos ejemplares del departamento de Caldas.

¡Tendremos luto para rato!