26 de febrero de 2021
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«La última vez que mastiqué un pedazo de carne fue cuando me mordí la lengua»: Profesor Jirafales

2 de diciembre de 2014

 ¿Cómo fue a dar El Chavo a la vecindad?

Profesor Jirafales y Roberto Bolaños

Una prueba inequívoca de la recordación del muchacho del barril se puso de manifiesto en las redes sociales desde la tarde del viernes 2 de diciembre de 2014, cuando se propaló la noticia del deceso de Roberto Gómez Bolaños, ocurrido en Cancún.

La mayoría empleó estas tres impactantes palabras: “Murió El Chavo”. Una minoría reportó el fallecimiento de Chespirito y el resto se refirió a la desaparición de Roberto Gómez Bolaños.

Otro tanto ocurrió el jueves cuando se supo de la muerte de Rubén Aguirre, el recordado «Profesor Jirafales», el amor eterno de Doña Florinda. Las redes sociales se convirtieron en grandes bombarderos que regaron por el globo la  luctuosa noticia.

He aquí algunas anécdotas del Chavo y los integrantes de su combo, a propósito del deceso de Jirafales:

Así narró el episodio  El Chavo

Un día iba yo por otra calle que no conocía, cuando empezó a llover mucho. Entonces me metí a una vecindad. Y desde entonces he vivido ahí.

Primero me quedé en la vivienda número 8, en la cual vivía una señora muy viejita, la cual me dijo que yo le recordaba a un nieto que ella había tenido.

A esa viejita del 8 le temblaban muchísimo las manos, por lo cual no podía hacer muchas cosas. Por eso yo la ayudaba.

Pero ella decía siempre: “Dios tendrá que hacerme el milagro de que alguna vez me dejen de temblar las manos”.

Dejó de temblar y de respirar

Hasta que un día llegué a la vivienda y me di cuenta de que ya no le temblaban las manos y toda ella estaba quietecita, quietecita. Creo que la enterraron al día siguiente.

Poco después llego otra persona a ocupar la vivienda número 8, por lo que yo me tuve que salir de ahí. Sin embargo, como yo tenía muchos amigos en la vecindad, un día me invitaban a quedarme en una casa y otro día en otra. Y así sucesivamente.

No vivía en el barril

No es cierto eso de que yo vivo dentro de un barril, como han dicho algunos.

Lo que pasa es que yo me meto al barril cuando no quiero que los demás se den cuenta de que estoy llorando. Y también cuando yo no tengo ganas de ver a los demás. O cuando tengo muchas cosas en qué pensar.

De todas maneras, la gente ya se había acostumbrado a llamarme El Chavo del Ocho, y así es como me han seguido llamando todos.

Las hambres de El Chavo

En su Diario, El Chavo retrató así las hambres que pasaba en la vecindad:

Si alguna vez me sacara yo la lotería, lo primerito que me gustaría hacer sería invitarme a comer. Porque en esta vida lo más importante es comer. Porque si no comes, te mueres. Y si te mueres, ¿a qué horas comes?

Por cierto que el Profesor Jirafales dice que el intestino de las personas mide como seis metros de largo; pero a mí me ha tocado tan poca comida, que por lo menos debo tener como dos o tres metros de intestino sin estrenar.

No estoy muy seguro, pero creo que la última vez que mastiqué un pedazo de carne  fue cuando me mordí la lengua.

Tolón Tilín

El Chavo continuaba: Una vez me puse tan malo (tan enfermo) que me llevaron a un hospital muy bonito, donde las enfermeras se llamaban monjas, y eran tan buenas que me daban de comer tres veces al día y luego ya me alivié. Ahora estoy esperando que otra vez me vuelva a poner malo, para que  otra vez pueda comer tres veces al día.

El papá de Quico

Sobre el muchacho de los cachetes de marrana flaca, decía El Chavito: Quico también es huérfano, pero no tanto como yo, porque él sí tiene una mamá, que es doña Florinda, y lo único que le falta es un papá. Su progenitor murió trágicamente cuando trabajaba de  marinero, como capitán de un barco. Lo más triste fue cuando supimos la forma en que murió el papá de Quico. Lo que pasó fue que su barco se hundió en el mar y él se tuvo que morir ahogado y masticado por un tiburón.  O sea que no descansó en PAZ sino en PEZ.