4 de marzo de 2021
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El pais de los delincuentes

4 de diciembre de 2014

En el año 2.004 se debatía ardorosamente en el parlamento la reforma constitucional para permitir la reelección presidencial. Alvaro Uribe estaba obsesionado por alargar su mandato y agotó, como buen estratega maquiavelista, todos los medios  para conseguir el fin. Fueron alfiles  en ese mercado simoníaco,  Sabas Pretelt de la Vega ministro del Interior y Diego Palacio Betancourt , ministro de Salud.La Comisión Primera Constitucional  debía definir la suerte del proyecto. El gobierno estaba derrotado y para evitar la hecatombe, decidió comprar el respaldo, a través de Pretelt y Palacio,de dos anónimos  parlamentarios de provincia. Uno (Medina) que había comprometido públicamente su voto en contra,apareció, de la  noche a la mañana,súbitamente,  anunciando su apoyo, a cambio de los ofrecimientos que le hicieron los dos magnates de la administración. El otro,  Avendaño, que también iba a  negar la reelección, se obligó a ausentarse  en el  momento de la votación, tal como ocurrió. 

Yidis Medina formalizó un “pacto efectuado  a cambio de su voto”. Agrega la Corte  en sentencia condenatoria  del 26 de junio de 2.008, que “en su condición de congresista aceptó promesa remuneratoria con el fin de ejecutar un acto contrario a sus deberes oficiales”. A esta legisladora le pagaron con nombramientos  en Barrancabermeja y le prometieron, además, un consulado.

El día 3 de junio de 2.009 la Corte condenó a Teodolindo Avendaño. Es hediondo el relato que hizo la alta Corporación. Su ausencia en el  momento de la votación del proyecto reeleccionista   “se originó  en el compromiso asumido con funcionarios del gobierno (Pretelt y Palacio), a cambio de promesa remuneratoria   fruto de la cual efectivamente se dispuso  para él de la  notaría 67 de Bogotá, sucediendo que el notario designado le compró ese despacho  en cuatrocientos cincuenta  millones de pesos a Teodolindo Avendaño de los cuales se pudo comprobar  que recibió en sus  cuentas  la suma de $200.604.000. Así  mismo se estableció  que fue favorecido con dos contratos  a favor de su nuera Vania Constanza Castro”.

¡Qué  miseria moral! Halagan , Pretelt y Palacio,  al parlamentario Avendaño con un alto cargo en la Superintendencia de Notariado y Registro, éste (Avendaño) negocia ese cargo con un particular, le nombran el candidato a quien se lo había vendido ¡conducta repugnante!  firmando la obligación de pasarle al  hijo de Caicedonia una suma  millonaria.  Todo gestionado por los  ministros.Un comportamiento   igual no ocurre ni en la  más apestosa nación del  África.

A Medina y  Avendaño la Corte Suprema de Justicia los condenó y ya purgaron la pena en los presidios. La opinión, alarmada,  pregunta : si el cohecho lo cometen tanto el que ofrece como el que recibe, qué pasa con los otros  empenachados delincuentes? Por qué ese trato remolón para estos dos pinguinos, mucho más culpables que los ingenuos legisladores, pues fueron ellos, Pretelt y Palacio, los perversos autores intelectuales del crimen?  

Hay podredumbre en la administración de justicia. La Corte, en reciente sentencia memorable,  estampilló como protervos a los magistrados del Consejo Superior de la Judicatura, Sala Disciplinaria, Jorge Alonso Flechas Díaz, Angelino Lizcano Rivera y Julia Emma Garzón de Gómez.Los tres deberían estar en la cárcel. Causa horror que, sin autoridad y fichados como criminales, sigan profiriendo sentencias.   Éstos , como Pretelt y Palacio, buscan, con maturrangas,la prescripción de sus delitos. Vaya, vaya, qué  justicia la nuestra.

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