4 de marzo de 2021
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Confusión

20 de diciembre de 2014

hernando arangoEn primer término, son delitos políticos, por definición en el Código Penal, la Sedición, la Subversión y la Asonada. Estos delitos, son los definidos como delitos políticos propiamente, delitos que de por sí resultan de una u otra manera imposibles de configurarse sin el acompañamiento de otras conductas, como son, por ejemplo, el porte legal o ilegal de armas, armas mediante las cuales se enfrente a las autoridades y se entre en franca rebeldía contra el orden establecido.

La Asonada impone, igualmente, perturbar el orden público mediante conductas que de por sí permitan tal alteración y den lugar a los daños que de tales actos se derivan. Allí es claro que con los delitos políticos, puede, y en efecto hay, una serie de actividades que los hace posibles.

No podríamos ampliar al extremo las actividades que, teniendo conexión con el delito político, puedan llegar a ser lesivas para aquellas personas que nada tienen que ver con los intereses que mueven  a quienes se sublevan, como es el caso del secuestro, las bombas en mercados públicos, los ataques a escuelas, los bombardeos a  poblaciones, el asesinato a civiles, en fin, todas las actividades que lesionan a los ciudadanos del común no vinculados directamente con el conflicto. Tampoco podrán aceptarse como delito político el  rematar, bajo cualquier modalidad, a oponentes heridos e indemnes, tal y como se consagra en los acuerdos internacionales.

Ahora, a los delitos políticos se les pretende conectar con otras actividades de carácter delictivo como son las derivadas del tráfico de estupefacientes, si se considera que de ese comercio se obtienen los recursos necesarios para el sostenimiento de la actividad bélica.  Igualmente, ya se empiezan a dar pasos para que dentro de los delitos políticos quepa toda clase de tropelías y, de esa manera, hacer la “Paz”, de dientes para afuera, porque lo importante es esa “Paz” sin importar para nada lo que se lleve por delante y así le duela a quién le doliere. Ese tipo de convenios, no es exactamente lo que los colombianos esperamos de la Paz, ya que tienen que existir responsables de los crímenes que nos han puesto en la picota pública internacional. Crímenes como el narcotráfico, las masacres, los abusos sobre las comunidades indefensas, el reclutamiento de menores, el secuestro y los demás que son, sin lugar a dudas, crímenes de guerra y no delitos de los llamados conexos.

Podemos estar de acuerdo en que la llamada justicia transicional imponga penas reducidas, de tal manera que, quienes en tales delitos incurrieron puedan, con el pago de unos pocos años de cárcel, saldar sus deudas con la sociedad previo el cumplimiento  de requisitos como son la verdad, el perdón y resarcimiento de los daños, hasta donde materialmente sea posible. No creo que podamos pensar que los paramilitares  fueron, ni más ni menos salvajes que los que, impropiamente, se autodenominan guerrilleros ya que, del espíritu mismo de una guerrilla en pos de rebelión nada tienen desde hace mucho tiempo. Tampoco es posible  el que, en pos de una anhelada paz, nos demos un abrazo y con unos días de sanción quedemos saldados y que siga la veleta como si nada hubiese sucedido.

Ah, y de paso, tengamos como antecedente el que en función de la  rebeldía, pueda cualquiera entrar a delinquir y a transgredir cuanta norma exista para la protección de la sociedad, por el simple prurito de que soy rebelde y mis actos, todos, son conexos o pueden volverse conexos con el delito político. Así, de esa manera, nunca podremos tener sanción, y corremos el riesgo de que, cualquiera,  se levante contra el estado en cualquier momento y aduzca los mismos argumentos de ahora.

Insisto: que las penas sean bajas, es una cosa; pero que no haya una carga perenne que  como carga de conciencia gravite sobre quien o quienes sean responsables, y para quienes traspasen los límites que se han establecido en todo el mundo como mecanismo de defensa de la sociedad, es otro asunto en lo que no podemos caer.

Finalmente, el argumento de que el dinero del narcotráfico ha servido a las Farc sólo para hacer la guerra y no para enriquecerse, es pobre. Tan pobre como decir que los secuestros sólo han servido para hacer la guerra. Igual del asesinato de indefensos ciudadanos, podría predicarse lo mismo. Así, todo, absolutamente todo estaría permitido en función de la guerra y rebelión, y eso, precisamente eso, es lo que buscan las normas internacionales evitar.

Felices navidades y año nuevo para todos.

MANIZALES, DICIEMBRE 20 de 2014.