20 de abril de 2021
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Un equipo previsible

12 de agosto de 2014

La agenda legislativa la deberá impulsar Juan Fernando Cristo como ministro del Interior, cuyo nombramiento se había anunciado ya. Miembro de una dinastía política de Norte de Santander, sin ser propiamente un estadista ni un orador aceptable, tendrá que mantener vigentes las mayorías gubernamentales y ofrecer garantías a la oposición, con la que, en especial la uribista, ha tenido sonados enfrentamientos.

El Ministerio de Hacienda sigue por ahora en cabeza de Mauricio Cárdenas, cuya ratificación generó, como se dice entre los especialistas, tranquilidad en los mercados. Quien ha sido ministro en cuatro carteras puede ofrecer una experiencia muy apreciable.

En Agricultura también había sido anunciado antes el hasta ahora ministro del Interior, Aurelio Iragorri Valencia. Otra dinastía política que ahora manejará el Ministerio que, según el Presidente, tendrá la mayor partida presupuestal de su historia. Su conocimiento del agro no parece ser tan notable como su capacidad negociadora para solventar paros y protestas.

De la canciller María Ángela Holguín ya habíamos tenido oportunidad de comentar su ratificación. Vamos a ver si su política más chamberlainiana que churchilliana reporta los beneficios esperados en el respeto de ciertos vecinos por la soberanía y la seguridad nacional de Colombia. Y el asunto de nuestro mar Caribe, si bien no fue responsabilidad de ella, no se va a solucionar metiéndolo en el congelador diplomático.

Al ratificado ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, le ha tocado la tarea complicada e ingrata de intentar mantener la fortaleza y moral de las Fuerzas Armadas, mientras soldados y policías solo sienten confusión. Por lo menos la cúpula militar parece tenerle confianza. Su reto es demostrar que la fuerza legítima del Estado no claudica y puede garantizar seguridad a la ciudadanía, sin dejarse enredar por quienes dicen que eso es «atentar contra la paz».

Alejandro Gaviria, ratificado como ministro de Salud, sigue con la tarea pendiente de demostrar que la brillantez intelectual de la academia no está condenada a ser impotente y de poca efectividad en la gestión pública, tan paralizada por el choque de intereses no conciliables. El servicio de salud y la institucionalidad del sistema tienen que salir de la postración en que se encuentran. El ministro académico debe compatibilizarse con el ejecutivo.

Gina Parody, nombrada ministra de Educación, tiene en sus manos hacer realidad la Colombia más educada del continente que prometió el presidente. Sacar adelante una nueva generación que supere los últimos lugares del mundo en educación y conocimiento. Tiene buena acogida en los medios capitalinos y deberá pasar del cultivo de la imagen a la gestión con resultados.

Luis Eduardo Garzón deberá demostrar en el Ministerio de Trabajo que es algo más que un buen repentista de humor político. Habrá de empezar a ejecutar lo que se supone debió haber hecho en la consejería presidencial en la que lleva dos años (Dialogo Social) sin que se sepa de una sola gestión eficaz. Su labor en el ministerio no es solo apagar incendios o evitar huelgas. Es promover el empleo digno y, entre otras cosas, ajustar el sistema pensional para acabar las escandalosas inequidades que afectan a los más débiles, con quienes dice identificarse así sea ubicado en la llamada «izquierda caviar».

Lástima el cambio de Cecilia Álvarez-Correa, que deja el Ministerio de Transporte. Su carácter y reciedumbre para hacer cumplir los objetivos en infraestructura y vías seguramente no se amoldaban al estilo de quien será jefe de ese sector a partir de ahora, el vicepresidente Vargas Lleras. Su reemplazo en Transportes, Natalia Abello, era secretaria de Despacho en la Alcaldía de Barranquilla.

Yesid Reyes es un abogado penalista de prestigio. Hay que volver a mirar las posturas defendidas en sus columnas de prensa, para saber más o menos por dónde puede ir su gestión. Deberá darle vida a un ministerio, el de Justicia, que no ha podido arrancar ni siquiera con un hombre del peso político de Alfonso Gómez Méndez, que sale sin pena ni gloria de su fugaz gestión. Y cuya cabeza se entrega en ofrenda al fiscal general de la Nación, que había pedido expresamente que lo retiraran del cargo.

Diego Molano queda ratificado en el Ministerio TIC. El presidente Santos lo ha elogiado mucho («es el Falcao del gabinete»), a la vez que lo ha compelido a actuar en defensa de los ususarios de la telefonía celular, tan maltratados y poco escuchados. Tiene conocimiento técnico del sector y puede mostrar resultados en conectividad y acceso a la tecnología.

Sale también del Gobierno el ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, otrora crítico feroz de la política de hidrocarburos. Su corta estancia en la Administración silenció al fogoso opositor y con su acoplamiento a las políticas de siempre, evitó sobresaltos a quienes han considerado que todo marcha bien en ese sector.

A Ambiente llega Gabriel Vallejo, que puede aportar la eficacia del Ejecutivo que tanta falta ha hecho allí, así no sea experto en el sector. Es lamentable que dicho Ministerio sea solo ficha de ajustes políticos.

Igual labor ejecutiva seguirá cumpliendo Luis Felipe Henao, en Vivienda. Ojalá persista en su defensa de la calidad de la construcción y en la exigencia de responsabilidad de los constructores y curadores urbanos.

Al Departamento Nacional de Planeación, considerado superministerio, llega Simón Gaviria. Deudas políticas obvias explican su nombramiento allí donde antes llegaban los técnicos más capaces y respetados. Deberá esmerarse en ganarse a pulso el peso político y técnico que por su trayectoria hasta ahora ha demostrado no tener.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL