17 de abril de 2021
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Seguridad

2 de agosto de 2014

hernando arangoEl hecho de que la guerrilla haya sido  arrinconada, le trajo, sin duda alguna a Uribe, la resonada malquerencia de Iván Cepeda, seguramente porque así se profanaba al frente de las FARC que lleva el nombre de su padre, de quién ellos están eternamente agradecidos. Igualmente la acción permanente de las Fuerzas Armadas sobre los grupos alzados en armas, trajo consigo la animadversión de los gobernantes de Venezuela y Ecuador, ya que a sus socios colombianos los presionaron al extremo y los negocios de droga que estos mantenían en nuestro país se vieron perturbados por el Ejército y la Policía, y el ir y venir se les tornó peligroso.

Bueno, el país sabe que a Uribe se le debe mucho; Lo reconocemos todos, así nos encontremos fastidiados con su perorata contra Santos, producto de haber realizado nombramientos de grandes contradictores de su gobierno, como fueron Vargas Lleras, Pardo y otros más del partido Liberal desde donde tuvo la mayor oposición, y seguramente por otras causas desconocidas.

Bien, terminado el gobierno de Uribe; desaparecidas las prebendas que de él pudieron obtener, muchos, de entre ellos los periodistas, se dieron a la tarea de convertirse en caja de resonancia para quienes no tuvieron oportunidades cuando él gobernó. Allí se inició una enfermedad, que luego se transformó en epidemia, de despotricar del expresidente. Ya lo dije, porque su perorata se volvió cansona, insoportable, hasta el  grado de generar animadversión a lo que dijera o hiciera él. Desde luego que gran parte de la bulla ha sido aupada por ciudadanos que desde antes odiaron a Uribe, entre los que se cuentan el Iván Cepeda ya mencionado y  la tal Piedad Córdova, quienes no pudieron obtener en las cárceles reos que les sirvieran a sus propósitos. A ellos se han sumado otros que desean figurar como actores en la diatriba. A eso aspiran.

Ahora, al llegar al Congreso de la República, a Uribe le han llovido críticas de todo orden. Algunos ya han soñado nuevas normas sobre las cuales, supuestamente, juzgarán y  condenarán al expresidente ante cualquier juez. Le han vejado hasta donde les ha sido posible en las redes sociales y todos los días algo dicen en contra suya en el recinto del Senado y en la prensa. A veces uno alcanza a percibir el ladrido de los perros, como dijo Cervantes en su Quijote, ya que con tal expresión podemos comparar las voces de los que así quieren sobresalir de entre el tumulto, lanzándole improperios. Creo que hay que destacar la sindéresis habida en el Senado en la semana que terminó, cuando negaron el debate que se pretendía adelantar, citando ministros como artificio, para atacar a Uribe. Bueno, de no haber sido  así, íbamos a tener un Senado de desastre y peleas sin fin, a raíz de las acciones de los amantes y defensores de la paz.

Pero pasando a la seguridad propiamente dicha, nadie puede ignorar ésta se ha perdido paulatinamente en los últimos años. Han vuelto a las andadas en los caminos los defensores del pueblo. Han regresado las amenazas. Se incrementan los atentados a torres de energía y oleoductos. Los ataques a poblaciones pequeñas vuelven a ser del diario vivir y las salvajadas de antes contra la población civil y los heridos en combate reaparecen.

En nuestros lares, ya tenemos las amenazas  cerca. Los Planes de Neira tienen  ya nuevos habitantes exigiendo vacunas. Los finqueros no han podido volver a lo suyo ante el temor infundido por llamadas telefónicas y mensajes amenazantes. Los celulares ya llaman desde las cárceles vecinas y el terror ronda. Y para colmo de males, nuestra Alcaldía y Gobernación, resolvieron exaltar con sendas medallas la labor de los comandantes de Policía y Ejército salientes, en una malhadada costumbre que existió de premiar a estos comandantes por cumplir con su deber como funcionarios del Estado. Vaya premio por nada.  El temor cunde.  ¡CUIDADO!
Ignoraremos esto también? Callaremos?    

Manizales, agosto 3 de 2014.