16 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El cuadro de Toulouse

6 de agosto de 2014

Ella con un torso alargado y senos exuberantes dejaba caer una cabellera azabache sobre el regazo de su anatomía sensual y a su antípoda la otra de camuflaje con pantalón vaquero y camibuso de colorines que  la distinguía, además, un pequeño arete de destellos en medio de la mortecina luz del cafetín.

La diva hacía los requiebros naturales de una mujer en celo acomodando de vez en vez su larga cabellera hacia un lado y hacia el otro con trenza aquí o salpicado natural allá, entretanto, el ave rapaz fingía naturaleza acomodando sutilmente los dos envases de cerveza que les creaba una barrera inmodificable en un terreno de solo cuarenta centímetros del cuadrado de la mesa.

Arriba para entender el tono surrealista estaba un reloj terrible y lobo que marcaba muy lento el tiempo, ese que se hacía cada vez más lerdo y taciturno cuando solo faltaban diez minutos para las ocho de la noche aquella.

El susurro de sus voces se parecía al vuelo del moscardón ya que José Luis Perales en el altavoz no dejaba penetrar la intimidad del dialogo de seguro interesante.

Yo esquivo por la natural desventaja del sitio estrecho no tenía mayor capacidad de arrojo que observar detenidamente el cuadro de Toulouse Lautrec.

No cabía duda, en el momento que las cervezas hacían los estragos naturales en la vejiga de la contrincante entró derecho con paso firme y altiva decisión al orinal de las puertas batientes donde solo los  masculinos hacen su oficio de pie.

De un momento a otro salieron raudas, la plaza Bolívar atestada de músicos mendicantes era la pasarela final que las llevaría sin ninguna duda a un camastro como único testigo de su pasión.