22 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Aranzazu y la Comunidad Vicentina

7 de agosto de 2014

Haciendo memoria y recordando las ejecutorias de la Escuela Normal Superior Sagrado Corazón de Jesús, en sus cien años de ininterrumpidas labores, nos debemos detener en el tiempo y en el espacio, para mirar desde la ya lejana: niñez, infancia, adolescencia y juventud , los periplos de formación cívico y moral, – que, aunque no tuvimos el privilegio de pasar por sus claustros-, los buenos  modales y virtudes se quedaron plasmados para eterna memoria, y marchan con los años y al paso del caminante, que lleva su estandarte con orgullo, para exhibirlo como patrimonio de la tierra que nos vio nacer.

La Comunidad Vicentina, está íntimamente ligada al desarrollo de nuestro Pueblo. El corazón de todo Aranzacita guarda de tan meritoria Institución, testimonios de gratitud y reconocimiento. Llevamos implícitos e imborrables las más bellas experiencias, cuando acudíamos, los días sábados en la tarde, al Colegio Sagrado Corazón de Jesús, de la época, a recibir la cátedra de buen comportamiento y finos modales, que hoy blandimos con orgullo en el desempeño de nuestras labores cotidianas.
Por todos estos logros, cómo no rendirles un homenaje, a quienes han sido por varias décadas el bastión espiritual, educativo y cultural de Aranzazu, cimientos sobre los cuales se levanta orgullosa y pujante la ciudad: Faro del Norte de Caldas.
Debemos inclinarnos reverentes ante tanta pulcritud y grandeza, puesto que, a su paso han dejado hondas huellas de progreso y fervor espiritual, acompañados siempre por los dogmas de principios y valores, pilares fundamentales sobre los cuales continuaremos avanzando para ponerlas de ejemplo a presentes y futuras generaciones.

Son varias las obras que hay que resaltar de las Hermanas Vicentinas en  Aranzazu:

Cuando en agosto de 1.914, once monjas Vicentinas, desafiando los inhóspitos caminos de herradura, mal trazados y sorteando toda clase de dificultades, llegaron a la incipiente aldea, a tender los primeros cimientos de lo que es hoy todo un monumento de pulcritud educativa con el nombre de: Escuela Normal Superior Sagrado Corazón de Jesús, que llega a la cumbre de sus cien años, cosechando las mas excelsas virtudes morales y académicas, en beneficio no solamente de Aranzazu, sino de Caldas y de Colombia.
Cuando en el año de 1.932 llegaron a ocuparse del Hospital San Vicente de Paul, con el dogma de fe, puesto al servicio de los enfermos y los más necesitados; prestaron en todo momento un apostolado de alta calidad, pero siempre con las limitaciones de los bajos presupuestos destinados por los gobiernos de turno para los programas de salud.

En nuestra memoria está el bello y majestuoso espectáculo, cuando las monjitas Vicentinas desfilaban al toque de los campanarios por las calles de Aranzazu, para asistir con humildad y devoción a los actos religiosos. Su impecable habito azul y sus cornetas blancas, las hacían parecer como el bello desfile de hadas y de ángeles que bajaban del Reino Celestial.

Por parte de la Alcaldía Municipal, le fue entregada a la Comunidad Vicentina, la sede del antiguo hogar juvenil, con el fin de desarrollar proyectos comunitarios, muy especialmente orientados a las personas con problemas mentales y que seguramente será el primer peldaño para que en Aranzazu, se adelante un programa para la población con discapacidad.
Gracias a Escuela Normal Superior Sagrado Corazón, nuestras mujeres han descollado en diferentes campos de la educación, la ciencia y la cultura, muchas de ellas, por su señorío, inteligencia y belleza latina, han sido la inspiración de notables escritores, románticos poetas y refinados artistas, que han plasmado en sus pergaminos y lienzos, las más bellas expresiones de verdad y de belleza.

También han sido muchos los turistas, viajeros y transeúntes, que al pasar por esta tierra, han quedado para siempre vinculados a ella, anclados en el tierno corazón de una Aranzacita, que con sus demostraciones de amor y afecto, los han conquistado, para formar el bello hogar que todo ser humano afanosamente busca en la realización de su vida.

Quienes hace ya varias décadas abandonamos los tranquilos y apacibles lares de nuestro terruño, lo hicimos llevando en nuestro haber un sencillo y liviano equipaje, pero, en nuestra conciencia un claro pergamino con la impronta de nuestros planteles educativos, el buen ejemplo de nuestros mayores, y la bendición de nuestras madres, abnegados ángeles de comprensión, amor y ternura.

No olvidemos pues queridos Aranzacitas, que tenemos muchas deudas de gratitud para con la Comunidad Vicentina, debemos por todos los medios continuar fortaleciendo su presencia en nuestra ciudad, no existe en Aranzazu, ninguna obra social, o educativa, que se haya realizado sin su participación.

Transcurrirán muchos años y continuaremos escribiendo sobre el desarrollo social y programático de la Comunidad Vicentina en nuestro Pueblo, las presentes y futuras generaciones se encargarán de contar a las próximas, todas sus realizaciones.
Una sociedad que no conserva y resalta los valores de su tierra, está llamada a desaparecer en las brumas del olvido. ¡Gracias Hermanitas Vicentinas!

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