20 de abril de 2021
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Y (conjunción), grave, mantención, torácico-a

5 de marzo de 2014
5 de marzo de 2014

El rector del Instituto Universitario de Manizales, Cristóbal Trujillo Ramírez, escribió: “…en sintonía con los escenarios de la escuela y, ello, sin lugar a dudas, ha despertado voluntades…” (LA PATRIA, 14/2/2014). En este ejemplo, obviamente, sobra la coma después de la conjunción copulativa ‘y’. Tiene razón, entonces, el señor Víctor Julián Ramírez Betancur cuando se queja del abuso que se hace de esta coma, necesaria en otras construcciones, como en la siguiente muestra, tomada de Cervantes: “Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable (…); no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo…” (Don Quijote de la Mancha, II, VI). La norma es sencilla y, por supuesto, muy lógica: Se pone coma después de la conjunción ‘y’ cuando a ésta le siguen inmediatamente palabras, frases incidentales (‘incisos’, así los llama ahora la Academia de la Lengua) u oraciones subordinadas, que se intercalan en la oración para explicar o añadir algo relacionado con ésta o para enfatizarla. La supresión de palabras o frases incidentales no menoscaba el sentido de la idea expresada en la oración, por ejemplo, “la norma es sencilla y muy lógica”, en lugar de “…sencilla y, por supuesto, muy lógica”. La conjunción ‘y’ enlaza oraciones, frases o palabras con sentido afirmativo, por lo que todo lo que se ponga entre esa conjunción y alguno de esos elementos, generalmente el último, debe ir entre comas. La regla también debe aplicarse en las frases u oraciones en las que intervienen otros elementos conjuntivos, verbigracia, “En estas pláticas iban, cuando vieron que, por la quiebra que dos altas montañas hacían, bajaban hasta veinte pastores…” (Ibídem, I, XIII). En este ejemplo, la oración subordinada “por la quiebra que dos altas montañas hacían” se interpone entre la conjunción ‘que’ y el verbo “bajaban”, razón por la cual va entre comas. . ***

El adjetivo ‘grave’ significa ‘pesado’, y viene del latino ‘gravis’, con la misma acepción. Tanto en latín como en castellano sus significados son muchos, algunos de ellos completamente diferentes, por ejemplo, no son lo mismo ‘persona grave’ (seria, circunspecta, digna de respeto, prudente) y ‘enfermo grave’ (de cuidado, en peligro de morir); como tampoco son lo mismo ‘situación  grave’ (que encierra peligro) y ‘tarea grave’ (difícil). Y, precisamente, porque son tantas y tan diversas   sus significaciones, no siempre el solo adjetivo ‘grave’ expresa lo que se pretende, como en la siguiente frase de un editorial de El Tiempo: “…que incluirían dádivas a miembros del ejército sindicados y responsables de conductas graves”. (18/2/2014). La ‘conducta’ es el modo o manera como se comportan los seres humanos en su vida diaria. Ahora bien, como este modo de comportarse puede ser bueno o malo, legal o ilegal, justo o criminal, así mismo puede serlo la conducta, de tal manera que la sola mención del término no implica la clase ni el grado de ‘gravedad’ que le corresponde. Es necesario, entonces, especificarla, verbigracia: “…responsables de conductas delictuosamente graves”, o, mejor, con los adjetivos adecuados, así: ‘conductas ilegales’, o ‘criminales’, o ‘reprochables’, o ‘ilícitas’ u ‘obscenas’… El lenguaje tiene todos los vocablos adecuados para expresar nuestras ideas cabal y claramente. ***

La palabra ‘mantención’ (“acción y efecto de mantener”) entró en el diccionario de la Academia de la Lengua durante la primera mitad del siglo pasado, al principio como un vocablo familiar sinónimo de ‘mantenencia’ y, desde 1992, como un vocablo familiar poco usado y sinónimo de ´manutención’. Es decir, que sus sinónimos son ‘manutención, mantenencia’ y ‘mantenimiento’. El de María Moliner y otros léxicos no lo acogen. Menciono todo esto porque encontré el terminacho en la siguiente información de LA PATRIA: “Se aduce la pérdida de legitimidad en foros internacionales y el aislamiento regional como argumento a favor de la mantención” (Mundo, Chile estudia retiro del pacto de Bogotá, 12/2/2014). Como se trata de un compromiso adquirido por una nación de someterse a la decisión de un tribunal en litigios internacionales, en lugar del sustantivo (al que, además, le falta el adjetivo posesivo ‘su’), es más apropiado el verbo con el pronombre respectivo, en este caso, ‘mantenerlo’ o ‘sostenerlo’ o ‘perseverar en él’. Así, el lector entenderá claramente. ***

Del verbo ‘cazar’ (perseguir o acechar animales) se derivan el sustantivo ‘cacería’ y las inflexiones verbales ‘cacé’ (pretérito de indicativo) y ‘cace’ (presente de subjuntivo). De aquí se deduce que, cuando a la ‘zeta’ de la palabra base la siguen inmediatamente las vocales ‘e’ o ‘i’, la ‘zeta’ se cambia por ‘ce’.  La misma norma se aplica a la ‘equis’ de ciertas palabras, como ‘ónix’, cuya variante es ‘ónice’ (“ágata listada de colores alternativamente claros y muy oscuros”) y ‘tórax’, cuyo adjetivo es ‘torácico-a’. Esta regla debe ser aprendida o repasada por el redactor de LA PATRIA responsable de esta información: “El procedimiento quirúrgico al que será sometido es un reemplazo de la aorta toráxica…” (Detalles de la cirugía del gobernador, 13/2/2014). “La aorta torácica”, señor. Nota: los sustantivos terminados en ‘equis’ no cambian para el plural: ‘el tórax’, ‘los tórax’; ‘el fénix’, los fénix’. ***