13 de abril de 2021
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Evelio Giraldo Ospina

Urgir, laudo, reciente, facilidad-facilismo

12 de marzo de 2014

El verbo ‘urgir’ (“pedir o exigir algo con urgencia o apremio”) es transitivo, vale decir, puede construirse con complemento directo, por ejemplo, “los colombianos urgen una solución a sus problemas de salud”. Pero es también, y principalmente, intransitivo (“Dicho de una cosa: Instar o precisar a su pronta ejecución o remedio”), verbigracia, “nos urge cumplir con nuestras obligaciones”. El editorialista de nuestro periódico escribió: “Colombia urge un gran impulso en esta materia y no puede darse el lujo de detenerse en reparos…” (20/2/2014). En esta oración, ‘un gran impulso’ no puede ser complemento directo, porque no es Colombia la que lo exige, sino que es ella la que está urgida de él, mejor dicho, la que lo necesita. De acuerdo con esto, la construcción castiza de esa frase es ésta: “A Colombia le urge un gran impulso…”. Nota: Para la Academia de la Lengua el verbo ‘urgir’ era sólo intransitivo hasta la edición de su diccionario del 2001, en el que aparece ya como transitivo y con la definición arriba citada. Cosa extraña, porque en latín el verbo ‘urgere’, de donde proviene ‘urgir’, significa ‘empujar, impeler, apretar, acosar’, y es transitivo. Por esto, anota don Roberto Restrepo: “Urgir. tr. No sé por qué el Diccionario acepta este verbo sólo como intransitivo, cuando en latín ‘úrgere’  tenía un uso ampliamente activo” (Apuntaciones idiomáticas). ***

En su artículo sobre Venezuela, Maduro, Diosdado y sus amos y señores, los Castros de Cuba, el doctor Fernando Londoño Hoyos echa mano equivocadamente de dos términos que no expresan la idea que él pretendía: ‘elegía’ y ‘laudo’. Lo hizo en esta frase: “El pobre payaso de esta historia (Maduro) recibió un país en ruinas, el que le entregó el héroe de pacotilla (Chávez) en cuyo honor tiene que repetir diariamente elegías y laudos” (LA PATRIA, 25/2/2014). No quiero decir, ¡qué tal!, que al fallecido señor Chávez no se le pueda dedicar una ‘elegía’. Es claro que sí, pero no por Nicolás Maduro, quien debe saber mucho de chumaceras, exhostos y carrocerías, mas no de ‘elegías’, que son composiciones líricas con las que se llora o se lamenta la muerte de un ser querido. ¿Quiso quizá el doctor Londoño escribir ‘elogios’? Es posible. El segundo término sí está ahí completamente desubicado, porque, y él como jurista lo debe saber muy bien, el ‘laudo’ es únicamente “una decisión o fallo que dictan los árbitros o amigables componedores”, no una ‘alabanza’. Y viene de ‘laudar’ (“Dicho de un juez árbitro o de un amigable componedor: Fallar o dictar sentencia”). Quisicosas del idioma, porque ‘laudar’ (del latín ‘laudare’ = ‘llamar, invocar, alabar’) significa también ‘alabar’, pero el sustantivo ‘laude’ (con su significado de ‘alabanza’ es anticuado) fue tomado, no de ahí, sino del latino ‘laus-laudis’ (‘elogio, estimación, mérito’). En plural, ‘laudes’ es una de las partes del oficio divino que los sacerdotes rezan (¿rezaban?) después de maitines. ***

A algo que ha ocurrido no hace mucho tiempo se le dice ‘reciente’ (del latín ‘recens-recentis’ = ‘acabado de hacer, fresco, nuevo’), verbigracia, “el atentado reciente de las Farc en Quibdó demuestra su ‘buena voluntad’ de paz”. Y a los cachorros recién nacidos los romanos les decían “recentes catuli”. No obstante, para la señora Alba Lucía Arango Rojas es algo que ocurrirá en un futuro cercano, pues esto escribió en sus cuatro letras al Correo Abierto: “El presidente únicamente preocupado por su reciente reelección” (LA PATRIA, 20/2/2014). El señor presidente, doña Alba Lucía, aún no ha sido reelegido. El único adjetivo que cuadra en las circunstancias políticas actuales de este singular país es ‘posible’. Ni siquiera ‘inminente’, porque, aunque falta poco para las elecciones, aún se pueden presentar muchos obstáculos que frustren tan anhelada aspiración del señor Santos Calderón. ***

Últimamente está descuidando la semántica (apropiada casi siempre) el editorialista de El Tiempo. Evidencia de ello, esta frase: “Pero el facilismo con que se adquiere una moto…” (21/2/2014). Son términos distintos ‘facilismo’ y ‘facilidad’: en efecto, el primero, por su desinencia, es la tendencia a hacer o tratar de hacer las cosas sin esfuerzo alguno, como lo que siempre se ha llamado ‘la ley del menor esfuerzo’; el segundo, el término apropiado en la frase citada, expresa que, de acuerdo con determinadas circunstancias,  existe la oportunidad propicia o la ocasión de adquirir o conseguir lo deseado, que las dan, por ejemplo, los precios accesibles de dichos ruidosos aparatos y las facilidades de pago. Nota: En este último empleo, ‘facilidades’ siempre debe ir en plural. ***

En el mismo diario, y el mismo día, un redactor de la sección Debes Saber garrapateó: “Genes protegen a personas con cáncer de no sufrir Alzhéimer”. La inclusión del adverbio de negación ‘no’ en tan mal redactada oración le da a ésta el sentido opuesto al pretendido, porque lo que ‘protege’ impide que le suceda algo pernicioso o peligroso al protegido. Ciertos ungüentos, por ejemplo, protegen a los bañistas de los efectos nocivos de los rayos del sol; el esmero de los padres de familia protege a sus hijos de las malas compañías; y “los genes protegen a personas con cáncer de sufrir Alzhéimer”, o “las protegen del Alzhéimer”. ¡Mejor, mucho mejor! ***