20 de abril de 2021
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Negocio de licores cae a la mitad por ley antiebrios

1 de marzo de 2014
1 de marzo de 2014

«Es que el grado cero está en una gota de Listerine», sostiene Luis Fernando Valencia, director de Eventos especiales de Dislicores, que como vocero del gremio que vende y distribuye licores pide menos rigurosidad en la norma.

Es tan severa la sanción por conducir con algún grado de alcohol, que ya ni en un cumpleaños se puede brindar.

Así le pasó este jueves en la noche a Jorge Ospina, un usuario de moto que estuvo en el cumpleaños de su hermana.

«Fue una cosa sencilla con mariachi y torta con champaña, pero tuve que tomarla con Coca Cola porque estaba en la moto y no iba a arriesgar que me quiten el pase», detalla Jorge, y añade que estaba a solo cinco cuadras de su casa, en Miramar.

¿Es tan extrema la medida que una sola copa de vino marca embriaguez y genera comparendo?

Cuando por ley de la República se decidió penalizar a quien conduzca hasta con cero grados de alicoramiento, quedó cerrada la posibilidad de que una persona que vaya a un restaurante en su vehículo pueda acompañar su almuerzo o cena con una copa de vino o una cerveza, que ha sido una costumbre bien arraigada.

Sergio Ignacio Soto, director ejecutivo de Fenalco Antioquia, afirma que las afectaciones al comercio con esta norma, en especial en el sector de restaurantes, llega a caídas en las ventas hasta del 40 y 50 por ciento.

«Esa medida es extrema, es demasiado rigurosa en la penalización, las multas son muy altas, más incluso que en Estados Unidos y en Europa. Pedimos que esa severidad sea revisada», clama el funcionario, quien recibe los lamentos y quejas de sus agremiados.

Soto subraya que es inaudito penalizar como ebria a una persona que se toma una copa de vino para acompañar una cena: «Una persona no está borracha por tomar una copa de vino o beberse una cerveza, se puede conducir tranquilamente con 20 miligramos de alcohol, es una condición que da hasta para dos copas de vino».

A nombre de Fenalco, el directivo sostiene que respeta y acata la ley y entiende el propósito altruista y noble de salvar vidas, pero pide buscar un punto de equilibrio.

Con la nueva norma, la industria licorera, dice, también viene en declive.

En su lista de afectados incluye diversos sectores: «Los importadores legales, los hoteles, los bares y restaurantes están afectados y si esa reducción del consumo sigue siendo tan drástica va a empezar a afectar los empleos», advierte.

Incluso, tanto Fenalco como otras organizaciones hacen cabildeo con los congresistas antioqueños para buscar que la norma sea revisada y por lo menos se empiece a penalizar solo desde el grado uno de alcohol al conducir.

Cocteles sin licor
Pero no todos buscan soluciones en la legislación o se limitan a la queja. El desespero de los comerciantes por no trabajar a pérdida y tratar al máximo de conservar los empleos, ha vuelto a muchos creativos.

En el Restaurante Delaire, en El Poblado, su gerente general, Alejandro Lopera, debió ampliar la carta incluyendo cocteles sin licor, hechos con frutas y mezclas especiales que hacen que el comensal no extrañe la cerveza o el vino.

Lopera insiste en que por tradición la gente acompaña sus almuerzos o cenas con vino o cerveza, pero ante el rigor de la ley hubo que echar mano del ingenio y, según dice, con resultados positivos.

«La gente ha recibido con mucho agrado nuestros cocteles. Los hacemos con elementos como granadas, una fruta que no se ve casi en Colombia, limón, soda, mandarina, frambuesa, maracuyá, Sprite».

Sus aliados para convencer a los clientes de que el coctel sin alcohol es tan atractivo como el de frutas son los meseros, que en cada mesa motivan al comensal.

Marco Peroni, del restaurante Tramezzini, al sentir el sablazo de la ley sobre sus ventas de licor, optó por motivar a los clientes a consumir jugos de frutas. Pero admite que estos dejan un margen de ganancia mucho más bajo que el licor con alcohol.

«Una copa de vino puede valer 10.900 pesos, mientras un jugo o una gaseosa van entre los 3.000 y los 4.000 pesos, las ganancias son muy bajas», comenta y precisa que el porcentaje de disminución de las ventas está muy cercano al 50 por ciento, y por ende el de las utilidades también.

Y advierte: «Ahora, en la carta hay que poner cuidado con lo que se ofrece, porque hay comidas que van acompañadas con licor, como una carne al vino. Eso termina marcando en un control de alcoholemia».

Por ahora, dice Peroni, no ofrece el servicio de conductor elegido, aunque aclara que, de todos modos, este valor correría por cuenta del cliente.

Y recalca: «En los restaurantes es más complejo con las aseguradoras, porque la visita a un restaurante suele ser máximo de una hora u hora y media, un cliente no tiene cuatro horas para esperar».

Julián Estrada, del restaurante Queareparaenamorarte, en la zona de La Fe, a la vez que siente que la ley fue exagerada, extraña que la clase política y dirigente de Antioquia no haya hecho un gran esfuerzo por frenar tanta severidad, a sabiendas de que en este departamento con el licor se financian la salud y la educación, además de que tiene una empresa productora de licores como la FLA.

«Hubo mucha improvisación y no sé porqué ningún senador dijo nada».

Su establecimiento tiene la particularidad de que está en una vía, el corredor El Retiro-La Ceja-Llanogrande, por lo que sus clientes son conductores, gente que va al volante.

«La rebaja en las ventas ha sido sustancial, sin exagerar es del 60 por ciento», dice.

¿Sus estrategias para sortear la crisis? Básicamente son dos: una, tener alquilada de manera permanente la habitación de un hotel en el sector por si una pareja se excedió y necesita quedarse. Y la otra: incluir en la nómina dos meseros conductores que llevan hasta sus fincas a los clientes, aun a riesgo de cualquier contingencia que se presente en el camino. Aún no está en la onda del conductor elegido.

«Que quede claro, había que legislar y no estoy diciendo que prime el dinero sobre la vida, esta es lo más importante, pero fue muy exagerada solo en tres países del mundo es tan severa esa ley», resaltó.

El caso de las discotecas
En sitios de rumba este servicio sí es básico. Sobre todo porque en los controles la Secretaría de Movilidad ha sido rigurosa en varios corredores y sitios estratégicos.

Según Luis Guillermo Mejía, líder de control de la Secretaría de Movilidad, la mayoría de veces estos se realizan los fines de semana, entre las 11:00 p.m. y las 3:00 a.m., pero no con tanta rigurosidad en los mismos sitios, ya que algunas personas son alertadas y evaden los operativos.

Cuando una persona advierte que acaba de ingerir un trago mínimo de licor tiene un margen de 15 minutos para la prueba, con el fin de que el olor no le marque sino lo que expire desde adentro del cuerpo. Se mide el licor es en la sangre.

Por eso, para evitar que a la salida de las discotecas el cliente se vea sometido a la sanción, estos establecimientos están afinando el servicio de conductor elegido. Alejandro Lopera resalta que se están haciendo convenios con compañías exclusivas. En Delaire lo ofrece porque hay clientes que quieren disfrutar la comida con todos los elementos: «Si el cliente al ingresar nos advierte que necesita el conductor, él sabe que en máximo 1 hora ya lo van a estar recogiendo».

Pero en las discotecas y bares la gente va con disposición de beber. Y la idea es que la gente cuide su vida y respete la norma. Ya Kukaramakara, Sixttina y el Gastrobar Lussac tienen el servicio, que ofrece gabelas para los clientes, como la llegada del elegido antes de una hora, poder hacer desvíos en el recorrido con algún sobrecosto o parar en el mismo recorrido a bajar a otras personas si la parada está en el trayecto sin subir la cuota, que es de $35.000.

«En todos estos establecimientos se asume el 8 por ciento del valor en favor del cliente, hay que tener estrategias para que la clientela no se pierda», advierte Lopera.