15 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Son, fulminante, drástico-a, refrendar

26 de febrero de 2014
26 de febrero de 2014

A las personas que se adaptan fácilmente a cualquier estilo de vida y al modo de ser de sus semejantes les cae bien el refrán que dice “Al son que me tocan bailo”. Y en el capítulo LXIX de la segunda parte del Quijote se lee: “Luego hizo de sí improvisa muestra, junto a la almohada del al parecer cadáver, un hermoso mancebo vestido a lo romano, que al son de una harpa que él mismo tocaba cantó con suavidad y clara voz estas dos estancias: En tanto que en sí vuelve Altisidora / muerta por la crueldad de don Quijote…”. Además de estos empleos de ‘son’ (“Sonido que afecta agradablemente al oído, con especialidad del que se hace con arte”), este sustantivo tiene otros, pero no el que le da uno de los candidatos del partido de la U, Luz Adriana Moreno Marmolejo, en el siguiente texto: “Los caminos eran recorridos por valientes arrieros, que al son de sus mulas transportaban…” (LAPATRIA, 7/2/2014). El ‘son’ es también, como lo saben muy bien los aficionados al folclor, el nombre de un baile popular cubano. Se emplea, además, en expresiones como éstas: “¿A son de qué tenemos que hacer esto?”; “Marcharon en son de protesta”. Sus sinónimos, entonces, pueden ser ‘rumor, noticia, motivo, pretexto, modo, tenor, talante’, ninguno de los cuales es aplicable con propiedad a esos pacientes cuadrúpedos. Un paisano diría, más adecuadamente, “a lomo” o “a lomos de mula”, que es la manera como se dice transportar mercancías sobre una caballería. El caucho, quiero decir, el significado de un término, no se puede estirar más allá de su límite de resistencia, porque se rompe. ***

En el mismo artículo, afirma la candidata: “…y oponiéndonos fulminantemente al negocio que las  multinacionales pretenden imponer con sus semillas transgénicas”. El adverbio ‘fulminantemente’ se formó del adjetivo ‘fulminante’ (del latín ‘fulmen-inis’ = rayo, a través del participio activo del verbo ‘fulminare’, ‘fulminans-antis’), que significa “súbito, muy rápido y de efecto inmediato”. Obviamente, en la frase la redactora confunde ‘fulminantemente’ con ‘rotundamente’, ‘categóricamente’  o ‘terminantemente’. El significado primario del adjetivo ‘rotundo-a’ es ‘redondo-a’, que, dice el diccionario de María Moliner, califica especialmente las formas femeninas; significa, además, y aplicado al lenguaje, “lleno y sonoro”; también, “completo, preciso y terminante”, acepción esta aplicable al adverbio de modo ‘rotundamente’, si la señora Moreno Marmolejo lo hubiese usado en la frase glosada. Postrera: Añade El Diccionario: “Rotunda. f. Templo, edificio o sala de planta circular”. Estas edificaciones reciben también el nombre de ‘rotondas’, término italiano, castizo, no obstante, en el idioma que usted y yo hablamos. ***

El uso inapropiado de palabras es una dolencia gramatical endémica, porque los que las emplean  ignoran que no saben su verdadero significado, razón por la cual no acuden al diccionario, que deberían tener a la mano. Por ejemplo, en su artículo sobre los alumnos del Colegio de Nuestra Señora, el doctor Jorge Raad Aljure dice: “…en medio de congéneres con terribles desigualdades que cada día son más drásticas…” (LA PATRIA, 11/2/2014). El Diccionario, doctor, define el adjetivo ‘drástico-a’ de este modo: “Dicho de un medicamento: Que purga con gran eficacia y energía”. 2. Riguroso, enérgico, radical, draconiano”. Con esta segunda acepción sólo se pueden calificar leyes, decretos, decisiones, normas, actitudes, posiciones, etc. Las ‘desigualdades’ pueden ser ‘grandes, enormes, desmesuradas, desproporcionadas, injustas, inicuas, incomprensibles’… Y si hojea un diccionario de sinónimos, hallará mil más, apropiados la mayoría de ellos. ***

El ‘miedo al dequeísmo’ afecta a muchos escritores que no analizan, unos, por pereza; el resto, por ignorancia. En uno cualquiera de estos dos grupos debe de tener espacio el columnista Pedro Felipe Hoyos Körbel, pues en su artículo del 12 de febrero se dejó vencer por ese miedo, manifiesto en las siguientes muestras: “No cabe duda que el sistema”; “Es hora que se le exija al MIRA…”; “Es hora que la Nación se haga respetar…” (LA PATRIA). Es obvio que en las tres hace falta la preposición ‘de’: “No cabe duda de que…”; “Es hora de que…”. El dequeísmo, vale la pena recordarlo, se presenta cuando se emplea la preposición ‘de’ en frases con verbos enunciativos, verbigracia, “dijo de que”; “anunció de que…”; “informó de que…”. Frases en las que, no sólo  sobra la preposición, sino que el oído la rechaza. En el mismo artículo, si no se trató de un ‘lapsus machinae’, error de digitación muy frecuente en este oficio de escribir, inventó el verbo ‘referendar’, que, aunque tiene apariencia de castizo, no lo es, o, por  lo menos, no ha sido aceptado aún por la rectora del idioma. Así escribió: “Su idea de referendar las decisiones por votación…”. El verbo genuino es ‘refrendar’ (en este caso, “aceptar algo ´por votación”): su acción se llama ‘refrendación’. Tanto estos términos como ‘referéndum’ o ‘referendo’ (“Procedimiento jurídico por el que se someten al voto popular leyes o actos administrativos cuya ratificación por el pueblo se propone”) proceden del verbo latino ‘referre’ (volver a llevar, notificar, anunciar oficialmente, someter un asunto a deliberación, transcribir…). En resumen; las palabras precisas garantizan la claridad de lo que decimos y escribimos. ***