18 de abril de 2021
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Marihuana legal

12 de febrero de 2014
12 de febrero de 2014

albeiro valencia llano

En general las presiones sociales han venido arrojando resultados positivos, en Estados Unidos y en Europa, y recientemente en América Latina; el caso de Uruguay es contundente pues el Congreso de la República legalizó, en el mes de julio, el cultivo, la venta y la posesión de Cannabis y a continuación se aprobaron leyes similares en los estados de Washington y Colorado, en Estados Unidos. Se puede firmar que se avanza hacia el fin de la prohibición.

Cannabis, o simplemente marihuana, es la droga ilícita con mayor mercado en el planeta, pues con 224 millones de consumidores representa el 80% del comercio de sustancias prohibidas. Sin embargo es muy difícil calcular las cifras de producción y consumo debido a que la yerba se cultiva con facilidad, incluso en los jardines y huertas de los hogares. De acuerdo con la ONU entre el 2,8% y el 4,3% de la población mundial consume marihuana, y se viene haciendo una campaña para que se acepte su uso con fines medicinales y recreacionales y en pro de la descriminalización del consumo.

El mercado

Se dice que la marihuana llegó a Colombia por Barranquilla y desde aquí, por el río Magdalena fue colonizando el interior del país. Hacia 1925 las autoridades reportaron el cultivo en numerosos municipios y hablaban de su consumo entre marineros, cargueros de los puertos, en casas de prostitución, en bares y en cantinas. En los años 40 el fenómeno se hizo evidente y se endurecieron las penas por venta y consumo de marihuana, considerados  delitos contra la salud pública; en 1949, durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez, se prohibió el cultivo y comercio y se ordenó la destrucción de las plantas existentes, pero doce años después su cultivo había aumentado en los departamentos del Valle del Cauca, Costa Norte, Antioquia, Caldas, Tolima, Huila y Cundinamarca.

El ambiente cultural de los años sesenta favoreció su producción y consumo en Estados Unidos y en Europa y, por lo tanto, disparó el área cultivada en Colombia; la juventud estadounidense y europea, sumergida en los nuevos movimientos contraculturales, se convirtió en excelente consumidora y como consecuencia se consolidó el negocio. En este punto el gobierno de los Estados Unidos impulsó una campaña para criminalizar el tráfico y el consumo; Richard Nixon declaró, en 1971, la guerra contra las drogas y desde entonces el costo ha sido enorme en vidas humanas, dinero y en bienestar para los pobres y de menor nivel educativo.

El gobierno estadounidense ha venido perdiendo esta guerra. Según cifras oficiales 110 millones de personas han consumido marihuana (42% de la población), y  17 millones (7%) son consumidores habituales; la misma sociedad viene exigiendo, desde 1970, que las leyes sean más suaves para el consumo de Cannabis y este fenómeno se aceleró en los últimos años: en 1996 California legalizó la marihuana para usos medicinales y hoy esta política se extendió a 18 estados. El año pasado Colorado y Washington aprobaron, por la vía del voto, el consumo recreativo para adultos, y hay nuevos estados tratando de seguir el ejemplo,  como Massachusetts, Nevada, Oregon, California y Alaska.

Estados Unidos invierte al año 50 mil millones de dólares en la lucha contra las drogas; sin embargo vienen apareciendo los productos sintéticos y se incrementó el abuso de pastillas por prescripción médica. Pero las cárceles están saturadas de prisioneros condenados por delitos que tienen que ver con estupefacientes; por esta razón muchos padres de familia prefieren que sus hijos consuman marihuana porque saben que la yerba no es considerada la puerta de entrada a otras drogas.

El mundo ha cambiado y hoy el 52% de los estadounidenses tolera la marihuana. Algo parecido ocurre en Europa; por ejemplo, en España, Portugal y República Checa no está criminalizada la posesión de pequeñas cantidades de droga para uso personal. Hoy el continente tiene el mercado de Cannabis más grande del mundo y los gobiernos pretenden regularlo, con medidas como las siguientes: permitir la producción y venta sólo bajo licencia, prohibir la venta a menores de edad, aplicar impuestos, impulsar campañas para reducir la demanda y desarrollar programas para tratar la dependencia.

Hacia la legalización del consumo

Hoy se están revisando las políticas para combatir el uso de drogas en el mundo. El protagonismo sobre el tema lo tiene la Organización de Estados Americanos (OEA) y algunos personajes del Continente, especialmente el presidente de Uruguay, José Mujica, porque proponen alternativas distintas a la represión en la guerra contra las drogas. Para la OEA “El consumo de drogas requiere un abordaje de salud pública en todos nuestros países, con más recursos y más programas […] Un adicto es un enfermo crónico que no debe ser castigado por su adicción sino recibir tratamientos adecuados”.

Es bastante meritorio el caso de Uruguay porque se trata de un país latinoamericano del Tercer Mundo que sufre las consecuencias de la guerra contra las drogas declarada por Estados Unidos. En 2011 empezó el debate para legalizar el cultivo, el comercio y la posesión de Cannabis, el 31 de julio de 2013 la Cámara de Diputados aprobó la ley, y el 10 de diciembre pasó por el Senado. De este modo el Estado, a través del Instituto de Regulación y Control de Cannabis, va a regular la importación, la producción, el almacenamiento, la comercialización y la distribución de la yerba. La nueva ley les permite a los mayores de edad el cultivo personal de hasta seis plantas, o comprar la marihuana en droguerías con licencia. Así se podrá conocer cómo se mueve el mercado, el nivel de adicción y la diferencia entre el consumo recreativo y el terapéutico.

Los pasos que se vienen dando en Estados Unidos, América Latina y Europa, indican que marchamos hacia el fin de la prohibición; se están revisando las políticas para combatir el uso de drogas en el mundo, pero la violencia sigue campante en los países productores de narcóticos, porque aquí se alojan los carteles más poderosos.

La administración de Barack Obama está a favor de la despenalización para reducir el número de reclusos que pagan cárcel por delitos menores relacionados con el consumo de drogas, pero no está de acuerdo con la legalización.

En nuestro país el tema está a la orden del día. El pasado 11 y 12 de diciembre se reunieron en Bogotá más de 100 delegados de comunidades productoras de coca, marihuana y amapola, con representantes de organizaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes, para tratar asuntos cruciales como la despenalización, la sustitución concertada, la tecnificación de la producción y el respeto a las tradiciones y culturas ancestrales. De aquí surgieron varias propuestas para presentar en la mesa de conversaciones entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC, en La Habana, porque el punto de las drogas ilícitas se está abordando en este momento.

En el encuentro de diciembre se propuso hacer el análisis de los modelos de Bolivia y Perú, que han venido demostrando que estos cultivos declarados ilícitos pueden garantizar alternativas económicas para las comunidades cultivadoras; al fin y al cabo nuestros países vienen poniendo los muertos en la lucha contra las drogas, mientras que en los países consumidores se quedan las ganancias.