11 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La necesidad de una IZQUIERDA unida y fuerte.

27 de febrero de 2014
27 de febrero de 2014

La izquierda, como tal, es un espectro político que tiene unos principios y propósitos comunes fundamentales y, casi, universales: progresismo e igualdad social sobre la base de los derechos civiles, velando por una sociedad laica, progresista e igualitaria, con un modelo económico prioritario en la justicia social y la defensa a ultranza de la soberanía nacional. La división por la que atraviesan los diferentes movimientos de izquierda en Colombia,  obedecen más a confrontaciones personales y egoístas que a sus objetivos ideológicos y políticos; en un lado están los que estudian la problemática nacional y procuran por sus soluciones, y su oposición es equilibrada y constructiva y son accesibles a la convergencia sin perder su rumbo, y en el otro, los que se dedican a una oposición destructiva, obstructiva y buscan imponer sus veleidades a toda costa, estos son los radicales que no nos permiten el arribo.

Si bien es cierto que el Polo en otrora logró meter en el redil a toda la izquierda, no obstante su diversidad, también lo es que esa diversidad correspondía en gran parte a un alto grado de identidad  en los postulados y principios izquierdistas entre los asociados, lo que permitió esa convergencia tan exitosa en ese entonces. Cosa distinta está ocurriendo hoy en día, cuando se trata de mezclar el agua y el aceite, las alianzas o coaliciones entre Partidos o movimientos de ideología antagónica funcionan cuando éstas se dan para alcanzar el poder y/o  para asegurar o garantizar esa gobernabilidad, no para buscar curules en el Congreso y degustar las mieles que depara ese recinto de la corrupción y de la sinecura.

Hoy por hoy, Colombia y su democracia necesitan de los Partidos tradicionales, no de grupos políticos de garaje  con tinte efímero y charlatán, que estén revitalizados y reestructurados, que haya depuración para los aspirantes a los cargos de elección popular, por cuanto esos Partidos son los que han brindado seriedad y credibilidad y han sido los protagonistas de primer orden de las grandes reformas sociales de este país; así mismo, dentro de la teoría de los pesos y contrapesos, lo ideal es de que exista una izquierda unida, coherente y con identidad, independiente y que sus criterios pesen en el contexto nacional, que ejerza una oposición constructiva y coadyuvante, que sea un Veedor de primer orden del manejo de la cosa pública, y que se convierta en una constante y verdadera alternativa de poder, lo cual redunda para que los gobiernos sean buenos y diáfanos.

Algunos analistas políticos tienen ópticas diferentes para el análisis de un variopinto de formaciones que tienen ciertas afinidades con los ideales izquierdistas, y coinciden todos en la necesidad apremiante de una unidad como requisito sine qua non de supervivencia y de futuro, como es lógico; sostienen que para esa unidad  y su fortaleza hay que buscar sectores democráticos no necesariamente de izquierda, que quieren una paz con democracia y justicia social y que compartan la defensa del interés público; y, por supuesto, si esas expectativas se llenan es porque hay consenso en los pilares fundamentales de una política izquierdista, así las cosas, la simbiosis es casi perfecta la cual no se debe dejar desdibujar, y menos que se incurra en el error de asumir posiciones sectarias.

En todo país democrático se requiere de la existencia de un Partido opositor, serio y contundente, que sirva de contrapeso a los desafueros que, en un momento dado, pueda cometer el gobernante de turno en el ejercicio del poder, ser un censor responsable en sus críticas opositoras, tener vocación de constancia y persistencia en sus propuestas como programa de gobierno y que sean creíbles, realizables y que redunden en el interés general, o sea, convertirse en la mejor opción  para gobernar el país. Cuando estos pasos se den la izquierda no necesita buscar otros sectores, éstos le llegan por la simple ley de la atracción y, de pronto, por necesidad, para bien de toda la comunidad.

Cuando la Izquierda supere los escollos personales y egoístas que existen entre su dirigencia, y que son la causa de su división, escoja por consenso general un “Líder” que enarbole su bandera, de manera permanente no efímera, recupere la confianza y credibilidad y convenza, no a la plutocracia que son pocos, de que son los indicados para gobernar, no tendrán espacio para albergar a los nuevos adeptos que le llegarán, y que en su gran mayoría han sido apáticos a la política, como el grueso de los sindicalistas y sindicalizados, campesinos, indígenas, transportadores de pasajeros y de carga, y todos aquellos de estrato 4 que pretenden estar en el 6, etcétera, etcétera,.

Me atrevería a pensar de que si en Colombia existiera una izquierda unida, bien organizada y estructurada como Partido político y, además, como opositor, no se hubiesen atrevido a cometer actos y/o hechos aberrantes e ignominiosos como las chuzadas del DAS, la Yidispolítica, las infiltraciones de ilegales en las instituciones estatales, la elección y designación errada de funcionarios, el descarado tráfico de influencias, los carruseles de la contratación y de las pensiones, y, lo que es más importante, dispondríamos de un control eficaz para las conductas delictuales de una gran mayoría de parlamentarios evitándose así su reelección o elección, lo que sería un gran avance en la erradicación de la corrupción.

Apostilla: Si la Izquierda satisface todos los vacíos mencionados, el Partido de la U. corre el riesgo de perder a sus más sobresalientes adeptos paramilitares, eso sí,con gran infestación para aquellos.

Manizales, febrero 20 de 2014.