13 de abril de 2021
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¿Para qué sirve un vicepresidente?

25 de febrero de 2014

En el caso de Francisco Santos, un experto en videojuegos, de acuerdo con las entrevistas imaginadas que le hacen el La Luciérnaga, un hombre que desde el punto de vista económico nunca ha tenido necesidad de un salario como funcionario público, lo que realmente le llamaba (llama) es dar declaraciones sobre temas que desconoce totalmente, para luego entrar a ser rectificado por su presidente, Alvaro Uribe Vélez. En síntesis, lo que le preocupa a Pachito es la “pantalla”, ya sea de televisión, de radio, periódicos o de cualquier otro medio. Incluso fue tal el desaforado apetito que dirigió por algunos meses la cadena RCN y tuvo que renunciar (o le pidieron la renuncia) porque la sintonía iba en picada.

Ahora anda desilusionado porque consideraba, como Uribe en su momento que si no era él el candidato a la presidencia por el Uribismo, ¿entonces quién?. Porque lo que le falta de neuronas le sobra en egolatría. Pero finalmente Pachito ha quedado reducido a su mínima expresión, o lo que sería lo mismo decir, quedó de su tamaño real.

Y al hablar del doctor Angelino Garzón, es necesario hacer una distinción importante desde el punto de vista temporal: cuando era líder sindical y su última etapa en la cual sucumbió ante el sabor de la mermelada que le ofreció el doctor Juan Manuel Santos con la vicepresidencia. Mucha pantalla, muy buen sueldo, mucho reconocimiento nacional e internacional, pero de luchas sindicales, capítulo superado.

Y decimos que capítulo superado porque una cosa es dar declaraciones por los medios de comunicación diciendo que no está de acuerdo con el aumento del salario mínimo, que Colombia es un país con grandes desigualdades sociales, etc etc; y otra muy distinta es liderar procesos para el logro de los objetivos que plantea.

El doctor Garzón viajó con su familia por el viejo continente, buscando un cargo en la OIT, de acuerdo con la sugerencia de Juan Manuel Santos, como estrategia para quitárselo de encima. El resultado fue muchas millas en avión y pocos resultados efectivos.

Luego, en las postrimerías del mandato de su patrón, solicitó que lo nombraran embajador en Brasil, con el fin de poder asistir al mundial de fútbol con las prebendas de embajador. Y en entrevista concedida a Yamid Amat, sin ponerse colorado habló de los partidos que jugaría Colombia, en qué lugares, con una solvencia de experto en fútbol.

Pero, ¡sorpresa!. El presidente Santos resuelve nombrar a Germán Vargas Lleras, un hombre inteligente, tanto, como su mal genio y en las declaraciones insinúa que ese vicepresidente sí haría un oficio importante y apoyaría al gobierno en el logro de los objetivos planteados, como por ejemplo, la solución de vivienda para los sectores menos favorecidos. Y allí fue Troya: Angelino sintió que lo habían atropellado y menospreciado con esos comentarios y ni corto ni perezoso se apresuró a renunciar al nombramiento como embajador en Brasil y a dar declaraciones destempladas como la de que “En Colombia lo que se necesita es invertir mucho más en derechos humanos y menos en concreto”. Esto último en clara alusión a las funciones desarrolladas por Vargas Lleras como ejecutor del programa de viviendas gratis.

Como quien dice: peló el cobre y por fin se dio cuenta que su fórmula vicepresidencial fue un anzuelo para sindicalistas ingenuos.
Pero la pregunta sigue siendo válida: ¿Para qué sirve un vicepresidente?. Hasta ahora, que se sepa, sólo para devengar un buen salario.