17 de abril de 2021
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Caldo de cultivo, expedir-expeler, de acuerdo a, fraudulento, sobrenombres

12 de febrero de 2014
12 de febrero de 2014

Para expresar la idea de ‘calentar’, los romanos contemporáneos de Cicerón decían ‘caldare’; y para la de ‘caliente’ (‘fogoso, ardiente’), ‘caldus’: de aquí nuestro ‘caldo’ (“Líquido que resulta de cocer o aderezar algunos alimentos”), como el sabrosísimo ‘de gallina’. Hay, además, otros, como el ‘caldo de cultivo’, que, en biología, significa “disolución adecuada para la proliferación de determinados microorganismos”. Figuradamente, con dicha expresión nos referimos a hechos o circunstancias favorables para el nacimiento o aparición de algo perjudicial, por ejemplo, “la miseria de muchos, la corrupción de los políticos y el desgreño gubernamental son el caldo de cultivo de las revueltas populares”. Hay quienes echan mano de ella en contextos inadecuados, como el comentarista de cine John Harold Giraldo Herrera, quien la ‘puso’ en el siguiente texto:   “Resulta que la estremecedora No se aceptan devoluciones plantea más inquietudes y propone un viejo camino que funciona: mezclar la comedia y el drama, un caldo de cultivo para enganchar audiencias” (LA PATRIA, 24/1/2014). Contexto imposible para su empleo como no hay dos, porque en él, sin ninguna duda, no cabe la expresión comentada. Porque se trata de una acción o procedimiento para atraer clientes, el columnista debió buscar términos que expresaran mejor su idea, como ‘ardid’ o ‘artificio’. Y hay más, muchos más, pero no ‘caldo de cultivo’. ***

Juan Gossaín tiene que saber la diferencia que hay entre los verbos ‘expedir’ y ‘expeler’. El primero (remitir, despachar, cursar), entre otras acepciones, tiene las siguientes: “Dar curso a las causas o negocios. // Despachar, extender por escrito, con las formalidades acostumbradas, bulas, privilegios, reales órdenes, etc. // Pronunciar un auto o decreto” (El Diccionario); el segundo (expulsar, echar, escupir, eliminar), “Arrojar, lanzar algo. // Hacer salir algo del organismo” (Ibídem). En su artículo para El Tiempo sobre la irresponsabilidad de las EPS, al muy conocido señor Gossaín se le desafinó la guitarra o el tecleo le jugó una mala pasada, porque así quedó impresa por siempre jamás esta frase de su artículo: “…imploró con angustia que examinaran a su hijo porque expedía mal olor” (29/1/2014). ¿Y lo hacía por decreto? Es claro que no, porque, evidentemente, en lugar de ‘expedía’ debió escribir ‘expelía’. ***

En el hablar y en el escribir ha habido, hay y habrá corruptelas: unas, que se desvanecen con los años; otras, que aparecen de tarde en tarde por diferentes circunstancias; y muchas, que perduran, a pesar del rechazo sistemático y continuado que reciben de eruditos y aficionados, como el conocidísimo ‘que galicado’, y la expresión ‘de acuerdo a’, error gramatical este último que cometen hasta columnistas veteranos, como el señor Rudolf Hommes, quien lo empleó en la siguiente frase:  “…o para forzar a las instituciones educativas a conceder grados o calificaciones que no concederían de acuerdo a sus estándares” (LA PATRIA, 27/1/2014). El giro correcto es ‘de acuerdo con’, que puede ser reemplazado por la preposición ‘según’. ¿Por qué no ‘de acuerdo a’? Porque la preposición ‘a’ no sirve para expresar coincidencia, armonía o conformidad de una persona con otra o de una cosa con otra; sólo la preposición ‘con’ cumple con esa función. Uno, por ejemplo, no puede estar de acuerdo ‘a’ otro, sino ‘con’ otro. ¿Estamos de acuerdo? ***

Con extrañeza, pero con simpatía, leí el siguiente titular de Sucesos: “Cobraron un cheque fraudulento en banco” (LA PATRIA, 29/1/2014). El adjetivo ‘fraudulento-a’ sólo puede calificar acciones, operaciones, técnicas o intenciones, pero no el instrumento de que se vale el timador para realizar su fraude. Aunque sobra decirlo, entre nosotros ese cheque recibe el calificativo de ‘chimbo’, porque carece de fondos en el banco respectivo. Ni siquiera se le puede llamar ‘falso’, porque fue emitido por dicho banco: sería ‘falso’ si, como los billetes o las monedas, fuese una imitación de los legítimos. En la misma página, otro titular desorientador: “Un gato se hizo pasar por guerrillero para extorsionar”. No especifica el titulador si el tal gato era siamés, abisinio o angora. Semejante al anterior, éste de Eje XXI: “Condenan a rastrojo por secuestro de minero” (29/1/2014). En las dos muestras, tanto ‘gato’ como ‘rastrojo’ no son nombres comunes sino propios, pues son el sobrenombre o apodo con el que se identifican esas bandas criminales, por lo que deben escribirse con mayúscula inicial. Ahora bien, como se trata del nombre de la banda y no de cada uno de los individuos que la componen, los titulares deben redactarse así: “Uno de los miembros de los Gatos…”; y “Condenan a uno de los miembros de los Rastrojos…”. ¿Muy largos? No importa, pues así no se sacrifican ni la precisión ni el profesionalismo. ***

Es inconcebible e imperdonable que el editorialista de El Tiempo escriba de esta manera: “…y es que de eso se tratan esos esfuerzos de integración” (29/1/2014). Redacción peor, imposible. ***

Nota: Las palabras de Séneca que transcribí en mi columna pasada son éstas: “Nusquam est qui ubique est. Vitam in peregrinationem exigentibus hoc evenit, ut multa hospitia habeant, nullas amicitias”. Y el dicho, tomado de ahí, es: “Multa hospitia, nullae amicitiae”. Repito esto, porque LA PATRIA pegó casi todas las palabras, de lo que resultó una intrincada ‘sopa de letras’. ***