11 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El terrorismo individual y la Ley de los “pequeños números”.

6 de octubre de 2013

Se mantendrá, si acaso, en algunos lugares con gobiernos semifallidos y con luchas internas entre facciones. El que muy esporádicamente algún grupo o grupúsculo residual consiga llevar a cabo algún atentado de envergadura, no creo que desvirtúe mi idea. De hecho, mientras escribo éstas líneas se está desarrollando uno de éstos episodios, por lo que leo con un gran número de rehenes, en Nairobi. Pero aún pecando gravemente de cinismo, ¿quién recordará un atentado perpetrado por un grupo somalí en Kenia, dentro de unos meses?

Sin embargo, lamentablemente, eso no significa que el terrorismo se extinga entre nosotros. El terror causado por individuos aislados o por grupitos muy pequeños y sin lazos entre ellos o con cualquier tipo de organización, es imposible de erradicar.

Los hermanos de las bombas de Boston, él o los individuos que penetran en una escuela o universidad disparando a todo lo que se mueve, el chiflado que quiso conquistar una islita en Noruega matando a todos sus ocupantes,etc…no son susceptibles de ser detenidos antes de llevar a cabo sus acciones. Incluso aunque algunos de ellos, o todos, hayan dejado rastros de sus intenciones en Internet. Hay miles que escriben en raros blogs, en páginas semidesconocidas (excepto para sus asiduos) pero en casi todas las ocasiones y aunque sean detectados por los nuevos sistemas de control informático, o pasan desapercibidos o son descartados como potencialmente peligrosos.

En el fondo, estos individuos pertenecen a lo que yo llamo “pequeños números.
Son unos cuantos miles en todo el mundo. Personas que quieren matar, por un sin número de variopintas razones. Por la religión, porque les trataron mal en la escuela, por la supremacía de la raza aria, o por cualquier otra tontería. El problema no es su razonamiento, sino que radica en una peculiaridad de la naturaleza que a la vez que crea seres de increíble belleza, de  excelente comportamiento en relación con su entorno, crea también extrañas anomalías  y aberraciones en unos pocos seres de cada especie, que inexorablemente se comportarán de manera totalmente inadecuada al fin para el que fueron diseñados.

Asesinos en serie, maltratadores domésticos, pederastas, violadores sádicos, padres que matan a sus hijos, matones, y cualquier otro tipo de delincuentes que no actúen movidos por finalidades lucrativas, son imposibles de erradicar y además, su número no depende de lo duras que sean las leyes contra ellos. Entran dentro de mi ley de los  “pequeños números” que se puede formular más o menos de la siguiente manera.

“La especie humana, dentro de su diversidad, ha creado, crea y creará algunos seres, en pequeño número, con instintos o tendencias irrefrenables, mayoritariamente de carácter sexual, a desarrollar comportamientos violentos, intolerables para el resto, independientemente de la mayor o menor dureza de las leyes penales aplicables a éstos casos.”

La principal consecuencia práctica, si se acepta la validez de mi teoría, es que las discusiones que se producen siempre que ocurre uno de éstos sucesos, acerca de la necesidad o no de cambiar (endurecer) las penas, son inútiles. Este número reducido de personas, se mueven por impulsos irrefrenables, lo llevan en los genes y por ello en éstos casos las penas no son disuasorias

Los esfuerzos deben ser dedicados a prevenir a las potenciales víctimas de estar alerta cuando crea que pueden conocer o estar próximos a uno de estos tipos….y a alejarse de ellos, lo que es especialmente aconsejable en los casos de violencia doméstica que casi siempre es previsible.

Dedicar dinero y recursos a casas de alojamiento, información sobre teléfonos y otros medios de ayuda urgente así como otras acciones de ese tipo serán más eficaces y rentables que las leyes péndulo que se cambian en un sentido u otro según la presión momentánea de la opinión pública.