13 de abril de 2021
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Pronombres personales, gánster, prefijos, numeración

26 de septiembre de 2013
26 de septiembre de 2013

osorio efraim


“Nosotros mismos lo hicieron”.
¿Suena mal, señor Palau? ¡Cómo no! Pues, para que vea, esta construcción suya suena igualmente mal: “…ante casi ochenta mil personas que nos permitieron a los colombianos sentirnos orgullosos de sí mismos…” (LA PATRIA, Héctor Palau, 4/9/2013). Porque, si en el primer ejemplo hay una concordancia absurda y evidente de un sujeto plural de primera persona con un verbo en tercera persona plural (‘nosotros’ – ‘hicieron’), en el suyo se presenta una concordancia igualmente incoherente de un pronombre personal de primera persona (el enclítico ‘nos’) con otro de tercera (‘sí’, en su forma reflexiva). En esta forma abarca tanto el singular como el plural, por ejemplo, “la bondad es un tesoro que el ser humano puede hallar en sí mismo” o “que los seres humanos pueden hallar en sí mismos”. En su frase, señor, para que sea gramaticalmente coherente, se impone el pronombre personal ‘nosotros’, así: “…sentirnos orgullosos de nosotros mismos”. Nota: No sobra añadir, porque con frecuencia se viola esta norma, que, cuando se emplea el pronombre ‘sí’ con la preposición ‘con’, hay que agregarle la terminación ‘go’, verbigracia, “no las tenía todas consigo”; “no las tenían todas consigo”. La misma regla se aplica a los correspondientes pronombres de primera y segunda persona del singular: Conmigo, contigo. Por eufonía, supongo. ***

En inglés, la palabra ‘gang’ significa ‘cuadrilla, brigada, pandilla, equipo’. De ahí procede el sustantivo inglés ‘gangster’, con la siguiente única acepción: “Miembro de una pandilla de matones, ladrones, mercenarios, criminales, o parecidos” (Diccionario Webster). Quizás por la influencia de las películas norteamericanas de ‘policías y ladrones’ y del crimen organizado, el vocablo se difundió entre nosotros con tanta aceptación, que ya la Academia de la Lengua tuvo que darle la bendición e incluirlo en la edición de su diccionario del 2001, con la grafía ‘gánster’ y con esta definición: “(Del ingl. gangster). Miembro de una banda organizada  de malhechores que actúa en las grandes ciudades”. Su plural es ‘gánsteres’. Nociones que debe aprender el redactor de LA PATRIA, autor de la siguiente información: “Una comedia en la que espías y gángster se vistieron de conejos” (2/9/2013). “…espías y gánsteres”, señor. El Diccionario Panhispánico de Dudas concluye: “No deben usarse grafías con la secuencia etimológica –ngs–, de difícil articulación en español”. De ‘gánster’ proceden ’gansteril’ (“de los gánsteres”) y ‘gansterismo’ (“conducta propia del gánster”). Para nosotros el ‘gánster’ es un ‘pandillero’ (“que forma parte de una pandilla”), término al que los diccionarios especializados no le dan sinónimos. El inglés, en cambio, se los da en abundancia: ‘mafioso, terrorista, rufián; asesino, matador, estrangulador, pistolero, francotirador; bandido, ladrón, estafador; villano, malhechor’… y cuanto adjetivo existe en ese idioma sinónimo de todos los anteriores. ¿Será lo mismo en castellano? Yo le agregaría ‘sicario’, si es parte de una organización criminal. ***

El señor José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, escribió ‘pre-revolucionaria’ dos veces en su artículo de nuestro periódico del 9 de septiembre de 2013 en las siguientes frases: “Una trampa pre-revolucionaria para doblegar al gobierno en los “pendientes” de la agenda agropecuaria de La Habana…”; “Esta coyuntura me recuerda (…) la Francia pre-revolucionaria”. ‘Pre-’, como prefijo, debe ir antepuesto y pegado a la palabra que acompaña. En las muestras citadas, y como el elemento principal empieza por ‘ere’, debe escribirse así: ‘prerrevolucionaria’, no importa que el ordenador la rechace, pues es imposible que éste pueda razonar. Es ésta una función exclusiva del cerebro humano. Dicen. ***

Así como hay muchas maneras de matar pulgas, así también las hay de indicar el orden de determinados elementos en una enumeración: Hay quienes lo hacen con los números cardinales (1, 2, 3, etc., seguidos por un ‘punto’); otros, con los ordinales (con su símbolo –I, II, II, III, IV, etc.- o con su nombre –primero, segundo, tercero, etc., seguidos por una ‘coma’); otros, con las letras del alfabeto (en mayúsculas o minúsculas, a), b), c)… A), B), C)…); o con los mismos ordinales, pero expresados así: 1º. 2º. ; 1ª. 2ª. .  Añade la Academia de la Lengua: “Es asimismo común que, para individualizar y destacar cada uno de los elementos enumerados, en lugar de letras o números se empleen la raya u otros signos  de carácter tipográfico, como topos o boliches” (Ortografía de la lengua española). Actualmente, se está imponiendo la costumbre de hacerlo con la -i-, caprichosa y antiestéticamente (i, ii, iii, iiii, etc., semejantes a las velitas de las tortas de cumpleaños), pues lo mismo podría hacerse con cualquiera de las letras del alfabeto, que, por sí mismas, no enumeran.  Como lo expuse arriba, cuando se emplea el nombre del ordinal, a éste debe seguirlo una ‘coma’, directriz que siguió al pie de la letra el columnista Alberto Espinoza López, pero con el siguiente resultado: “Primero, que todo ayudar a que cada individuo comprenda quién es…” (LA PATRIA, 7/9/2013). ‘Primero que todo’, es una locución pleonástica usada y abusada, que no puede ser separada por ningún signo ortográfico. “Primero que todo, ayudar…”. Segundo,…”. Y si suprime ‘que todo’, mejor, mucho mejor. ***

La VEINTITRÉS: Además de los muchos negocios que ya existen en su espacio, todos los días aparece uno  nuevo.