19 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

En Egipto: el presidente en prisión y el dictador libre

5 de septiembre de 2013
5 de septiembre de 2013

albeiro valencia llano

Egipto es el país más importante del mundo árabe: tiene 84 millones de habitantes y está situado en el cruce entre África, Oriente Medio y Canal de Suez; por su ubicación geoestratégica es el segundo país en el mundo, después de Israel, que más dinero recibe de Estados Unidos con destino a sus Fuerzas Armadas. Pero a esta poderosa nación le llueven las desgracias desde la caída del presidente Hosni Mubarak, en febrero de 2011, quien había sacado a Egipto del caos desde que asesinaron a su presidente Anwar el- Sadat, en 1981.

Mubarak restableció las relaciones con los países árabes y dio plenos poderes a los militares. Mientras tanto contó con el apoyo de Occidente, especialmente con Estados Unidos, buscando la estabilidad regional para proteger el estado de Israel. Pero el verdadero poder lo han ejercido los militares: sostuvieron a Mubarak durante 30 años, reprimieron las revueltas, golpearon a la oposición y violaron los derechos humanos. El régimen llegó al tope del desprestigio el 25 de enero de 2011, cuando un millón de personas protestaban en la plaza Tahrir en El Cairo, y surgían manifestaciones en Alejandría, Suez, Mahala y El Arish. Para los líderes de Occidente la insurrección era un mal ejemplo y plantearon una solución rápida que incluía el sacrificio del presidente amigo.

Mubarak encargó al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y este nuevo gobierno anunció la disolución del Gabinete, la supresión del Parlamento y tomó el control de la Corte Constitucional. Los militares han manejado los hilos del poder casi sin desprestigiarse, y las Fuerzas Armadas dudaron entre favorecer la transición política llamando a elecciones o quedarse con el gobierno, pero Barack Obama les advirtió que no aceptaría otra fórmula que una genuina democracia. Mientras tanto el pueblo protestaba pidiendo elecciones; aquí se inició la historia reciente.

La victoria de Mohamed Mursi

Este ingeniero estudió en la Universidad de El Cairo, allí mismo obtuvo su maestría en 1978 y luego se doctoró en la Universidad del Sur de California. Llegó al Parlamento en el año 2000, y en 2011 presidió el Partido Libertad y Justicia, fundado por los Hermanos Musulmanes, después del movimiento que derrocó a Mubarak. Por último, ganó las elecciones presidenciales en junio de 2012, con el 51,9% de los votos, y se convirtió en el primer presidente elegido democráticamente desde 1952, cuando derrocaron al rey Faruk. Pero le correspondió gobernar en medio de problemas económicos y sociales. En este difícil ambiente político promovió una nueva Constitución, a favor de los derechos civiles e impulsó cambios en las Fuerzas Armadas, empezando por forzar la dimisión de los generales ancianos.

Estas fueron jugadas peligrosas porque el Ejército lleva 60 años gobernando el país; sin embargo el presidente Mursi ascendió al general Abdul-Fattah al-Sisi a Ministro de Defensa, buscando el apoyo de los militares. Pero en noviembre de 2012 estallaron las protestas contra la nueva ley que entregaba más poderes a la figura del presidente; las manifestaciones se extendieron a las principales ciudades y se prolongaron hasta el mes de diciembre. La efervescencia fue creciendo y el 29 de junio de 2013 miles de manifestantes se reunieron en la Plaza de la Liberación, en El Cairo, para exigir la renuncia inmediata de Mursi; mientras tanto organizaron jornadas de protestas en Alejandría, Puerto Said y Suez; al día siguiente dos millones de personas se tomaron calles y plazas de las principales ciudades. Frente a los hechos el general Sisi, Jefe de las Fuerzas Armadas, aprovechó la oportunidad y el 1 de julio lanzó un ultimátum de 48 horas para que el gobierno respondiera las demandas del pueblo; dos días después llegó el Golpe de Estado y Mursi fue detenido.

El regreso de los militares

El general Sisi, designó a Adli Mansur, abogado de bajo perfil, como Presidente interino, pero el poder real lo ejercen los militares. El Ejército controla buena parte de la economía egipcia, a través del Ministerio de la Producción Militar, son dueños de grandes empresas y hoy manejan cinco ministerios y 19 gobernaciones. A esto se le añade que Washington los financia con 1.300 millones de dólares al año. Después del golpe militar iniciaron la persecución contra los Hermanos Musulmanes, la mayor organización islamista del país, y la censura a los medios de comunicación de la oposición; pero, además, apoyan las marchas y manifestaciones a favor del nuevo gobierno y reprimen las que se organizan en su contra. Para cumplir con este objetivo el presidente interino otorgó más poderes al Ejército, lo que le permite arrestar a los civiles en medio de la confrontación entre las fuerzas de seguridad y los partidarios de los Hermanos Musulmanes.

Y en este punto ¿Qué papel juega Estados Unidos? El secretario de Estado John Kerry, dijo que el Ejército no tomó el control del país cuando derrocó al presidente islamista Mohamed Mursi, sino que realizó la “restauración de la democracia”. Al respecto anotó con claridad que con la llegada de Mursi a la presidencia empezaron a tambalear los acuerdos que se mantenían con el gobierno egipcio, pero que con el regreso de los militares se recuperaron los lazos de cooperación.

El baño de sangre

El pasado 14 de agosto se produjo una masacre cuando el Ejército atacó las plazas de Rabaa al Adawiya y Al Nahda, en El Cairo, donde estaban acampando miles de militantes de la Hermandad Musulmana que respaldan a Mohamed Mursi. Dispararon sin piedad hasta dejar más de 600 muertos y 4.000 heridos;  varios periodistas extranjeros fueron detenidos y sus archivos destruidos. Como  respuesta invitaron al “viernes de la ira” (16 de agosto) ¿Cuántos muertos y heridos hubo en estas jornadas de protestas? El Gobierno reconoce 600 muertos, mientras que los Hermanos Musulmanes hablan de 2.500. Las mezquitas se convirtieron en morgues, y en las calles de las principales ciudades permanecían los cuerpos calcinados. ¿Cómo fue el asalto? Aparecieron tanquetas y buldóceres desde donde los militares disparaban contra las carpas y los manifestantes. Los gases lacrimógenos cayeron como un aguacero tóxico y la gente corría despavorida mientras los soldados disparaban; al mismo tiempo los francotiradores producían más víctimas, desde los techos de los edificios. El Cairo se convirtió en zona de guerra pero la violencia se extendió a otras provincias.

En este caos los militares se preparan para permanecer en el poder. El General Sisi nombró gobernadores militares en 19 de las 25 provincias, suspendió los derechos políticos, impulsó el estado de emergencia, se oponen a las elecciones y van a rechazar todo intento de solución política. En el enfrentamiento entre islamistas y laicos liberales la guerra civil aparece como la única solución y los militares solo necesitan alimentar el conflicto con combustible para perpetuarse en el poder, como los salvadores de la patria.

Estados Unidos y Egipto mantienen fuertes lazos políticos desde 1981, y el Ejército de este país es una garantía para sus relaciones con los países árabes y con los musulmanes; sobre todo le interesa cuidar a Israel, su mejor aliado en la región. Cuando los militares dieron el golpe contra un presidente elegido democráticamente, Estados Unidos y Europa guardaron un silencio cómplice y así fueron legitimando el nuevo gobierno. El futuro es incierto, porque es más fácil pasar a la guerra civil generalizada que regresar a las urnas.