14 de abril de 2021
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Álvaro Mutis (1923-2013)

24 de septiembre de 2013

A su muerte se agolpa el duelo literario de su nación colombiana; de su país adoptivo, México; de la patria común hispanoamericana, y de los numerosos amigos que desde todos los ámbitos lamentan la partida de este extraordinario poeta y escritor, merecedor de los más importantes premios literarios en lengua española.

Fue Mutis un hombre de excepcional cultura y de una incomparable visión cosmopolita. Recorrió el mundo entero, y a la vez que se dedicaba a los más disímiles oficios (relacionista público, ejecutivo de aerolínea, publicista, vendedor de películas de cine y televisión, voz de seriados como Los Intocables…) depuraba su poesía y leía y releía obsesivamente los grandes clásicos de la literatura universal.

No hay ninguno de sus amigos o conocidos que no exalte su don de gentes, su carcajada contagiosa y su arrollador carisma. Su alegría de vivir no sufrió mengua ni siquiera cuando vivió experiencias duras, como su estancia en la prisión mexicana de Lecumberri, que dio lugar, justamente, a una de sus más depuradas obras literarias.

Paradójicamente, esa alegría desbordante que hacía que fuera siempre «el rey de la fiesta», según lo decía Elena Poniatowska, contrastaba con su pesimista visión del hombre reflejada en su poesía, novelas y ensayos.

La visión desalentadora del mundo y la resignación ante la imposibilidad de redención de la humanidad quedará para siempre retratada en su creación memorable, Marqroll el Gaviero, inmortal personaje de la literatura legado por Mutis a todos los lectores del mundo.

Hace 12 años, decía Mutis en un artículo para El País, de Madrid, que «sólo el más intenso racionalismo puede creer aún en que la historia es un camino ejemplar hacia el progreso y el mejoramiento del hombre. Auschwitz, Buchenwald, el Gulag e Hiroshima bastarían para abrirles los ojos a estos incautos soñadores. La especie humana sólo sabe destruir, arrasar y empobrecerlo todo y, como toda plaga que ha intentado conspirar contra el medio que la acoge y alimenta, está destinada a desaparecer del planeta».

A diferencia de tantos otros escritores, Mutis no militó en política, no sirvió de propagandista a regímenes oprobiosos ni pretendió ser predicador de utopías. Se jactaba de que «no he votado jamás, y el último hecho político que me preocupa de verdad es la caída de Bizancio en manos de los infieles en 1453. Soy gibelino, monárquico y legitimista». Su posición monárquica, más literaria que cualquier otra cosa, fue lo que lo llevó a volver a España, luego de firmar una famosa carta en que prometía no pisar ese país mientras exigieran visa a los colombianos. Volvió, y lo hizo en grande: para recoger el Premio Cervantes, en 2001.

Desde 1956 vivió en Ciudad de México. Aunque algunos lo denominen exilio, esos 57 años sin vivir en su país de nacimiento no lo hicieron menos colombiano. Fue cosmopolita, como decíamos al principio, pero nunca dejó de rememorar su paraíso de infancia en tierra caliente, en Coello, Tolima.

Despedimos al grande escritor con el final de la Oración de Maqroll, poema escrito en 1942 y del que, según el autor, nació el personaje: «¡Oh Señor… recibe las preces de este avizor suplicante y concédele la gracia de morir envuelto en el polvo de las ciudades,/ recostado en las graderías de una casa infame e iluminado por todas las estrellas del firmamento. Recuerda Señor que tu siervo ha observado pacientemente las leyes de la manada. No olvides su rostro. Amén».

El Colombiano/Editorial