22 de abril de 2021
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Un grave mal se oculta en Dinamarca

28 de agosto de 2013
28 de agosto de 2013

cesar montoya Hemos leído los caldenses unas crónicas recientes de Jorge Enrique Pava publicadas en LA PATRIA y otras de Uriel Ortiz Soto en la revista Semana y El Espectador que ameritan, por lo escandalosas, una inmediata acción de los fiscales. Las primeras delaciones son de un periodista valeroso, pulverizador de entuertos y las segundas tienen la rúbrica de un escritor serio que se documenta antes de emitir sus opiniones.

El 9 de agosto Pava Quiceno escribió en el periódico LA PATRIA que la administración de Guido Echeverri “mucho tiene que ocultar” y señala que en ese gobierno “los negocios ocultos son el pan de cada día y la feria de contratos sirve para lavar conciencias, provocar el transfuguismo, comprar impunidad y ocultar prontuarios”.

Pava hace referencia, en concreto, a Inficaldas. Asombra el rimero de contratos legalizados apresuradamente en un desbocado afán por crear hechos cumplidos. En el año en curso, 66 fueron suscritos en enero, 16 en febrero, 13 en marzo, 4 en abril, 4 en mayo, 7 en junio y 7 en el mes de julio. Pava, escandalizado, puso de presente cinco contratos, que en su orden son: AC-38-2013 por $90.549.000 de febrero 5; AC-87-2013 por $430.000.000 de mayo 3; PV-23-2013 por $208.800.000 de mayo 3; AC-88-2.013 por $104.400.000 de mayo 10; AC-123-2013 por $168.287.000 de junio 6.

Juan Martín Zuluaga Tobón, yerno de un secretario de la gobernación de Echeverri, fue favorecido con tres contratos: 1).- por $24.000.000; 2).- por $168.287.000; 3).- por $90.549.000. Y queda en manos de los fiscales hacer las pesquisas correspondientes a los contratos por $430.000.000 y por $208.800.000. Ahí hay gato encerrado.

El valeroso Pava Quiceno estampó frases que son un auto cabeza de proceso. Estas son sus afirmaciones en cuanto a los contratos aquí reseñados y otros que él sacará a la luz pública. Son las “transacciones ocultas, sigilosas, misteriosas, perversas y, en el mejor de los casos, oscuras”. Concluye Pava: “Lo único que es claro es que nos siguen creyendo idiotas tratando de vender a un Guido transparente y límpido cuando la estela de contrataciones y procedimientos amañados es cada vez más grande y más pestilente”.

En la revista Semana y en El Espectador Ortiz Soto, lanzó los siguientes juicios: El “presupuesto del departamento, muy seguramente, fue feriado en contratos turbios y acomodados”. “No hay peor desgracia para un departamento cuando algunos de sus dirigentes visten de gloria a los corruptos”. La administración de Guido Echeverri “fue toda una horda de contratos turbios”. Y cierra la acusación afirmando que dejó “un vendaval de corrupción”.

Hay aquí una clamorosa inquietud que tiene que ver con la ética. Si el Tribunal Administrativo de Caldas había declarado nula la elección de Guido Echeverri el día 3 de julio de 2012, éste debía limitar su acción de gobierno a lo estrictamente necesario. Peor aún: El Consejo de Estado confirmó la nulidad de la elección de Echeverri el día 6 de mayo del año en curso. Después de esa fecha que sirvió de límite final a la administración del anterior mandatario, en Inficaldas se burlaron de la máxima autoridad judicial aprobando dos contratos, uno por $104.400.000 el 10 de mayo y otro por $168.287.000 el 6 de junio.

Los nuevos amigos hacen loas hipócritas de su gestión. Alaban su plan de trabajo que fuera concebido por los partidos que lo eligieron, programa que se quedó en el terreno de las intenciones que no pudo realizar por la ejemplar destitución que de él hizo el Consejo de Estado. Lo único que se le puede abonar en su año y pocos meses más de gobernante, fue el nombramiento de cuatro gerentes de la Licorera de Caldas. ¡Qué desatino y ligereza en el manejo de esa industria, convertida por su aventurerismo, en una fábrica de ensayos irresponsables!

Guido Echeverri fue nuestra bandera electoral. ¡Qué ingenuos fuimos! Nos traicionó y convirtió en leprosos a quienes lo elegimos. Se ha comportado como un cínico. Como otro Judas.