23 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Oradores liberales

22 de agosto de 2013
22 de agosto de 2013

cesar montoya Como las mujeres esquivas que en un perezoso “no” disimulan un “sí” ganoso para abrir las compuertas del pudor. Hablar en parábolas, dejar al contertulio confundido sobre el real mensaje que se emite, es una sutil orfebrería de los artistas del lenguaje. López Michelsen y Álvaro Uribe ponían a meditar a los colombianos sobre el auténtico alcance de sus afirmaciones. Cuando Uribe no quería dejarse ensartar en respuestas incómodas, deslizaba el reportaje hacia “la siguiente pregunta”. Usaban rodeos, hacían despistes con rebusques alegóricos y destapaban a medias sus verdades. El “basilisco”, un ogro terrorífico, se convirtió en los labios de Laureano Gómez en un espantajo de pavura, para estampillar al Partido Liberal. Recursos, sí recursos, para marcar con hierro ardiente las mentes timoratas.
En otro bando conceptual, la política amarra sólidas camaraderías. De los empeños comunes, de la agonía espiritual que alimenta las introversiones, surgen identidades a través del fulgor de la palabra. El verbo es tea que surte de llamaradas los escenarios de la inteligencia. Oír la sinfonía de los discursos en el peregrinar por oteros y hondonadas es un bálsamo de evaporación inolvidable.

La palabra. Cuánta lumbre contiene y qué de horizontes abarca. Dios la utilizó por vez primera para crear el universo. Es ejecutiva y dinámica, semilla con aliento germinativo, mansa y tímida en los balbuceos de los humildes, agria y destructora en las filípicas, océano de luz en los inventores de lirismos, arrebato y pasión, miel en los entresijos del amor, cuna en el vaivén de los recién nacidos y mortaja en los adioses. La palabra llora, canta, tiene arterias con sangre que trepida, es irremplazable agujero para las insurgencias del alma.

Vengo embriagado de las tribunas. No existe licor que pueda superar esa “musa vociferante”que se derrama en metáforas, en hitos locuaces después de subir por la cuesta musical de los verbos rectores, de los sustantivos estáticos y de los adjetivos que engalanan con sus ropajes de colores. Me ha conmovido el estro fulgurante de Adriana Franco. Maciza ella, de color lechoso, con un pecho de bronce que es un acantilado en donde se desintegran en ripios de espumas las estulticias de sus adversarios. No se qué cuerdas tiene el órgano de su garganta que después de veinte discursos en serie, queda con la voz fresca para comenzar de nuevo otra jornada en los balcones. De sus pulmones brotan las arengas, las catilinarias pulverizantes, las puyas agudas y el manejo de un idioma feroz para castigar a los judas. Tiene recio carácter, es temperamental y la impulsan compromisos sociales. Muy pocos personajes en Colombia, como Adriana, tienen a borbotones la providencial asistencia del Espíritu Santo. María Cano es un personaje histórico en la hagiografía liberal. Adriana Franco también tendrá un adornado nicho en la galería de las mujeres que realizan las gestas inolvidables de la patria.
Mario Aristizábal se robó el corazón de los caldenses. Son masivas las expresiones de gratitud por su magnífico desempeño como gobernador en el frente carreteable. Brota por aldeas y municipios efusivas salvas de aplausos. La oratoria de Mario es directa, con altisonante voz de barítono. Jaime Ramírez Rojas tiene melena retórica. Culto, con aliento poético, baquiano en el manejo de las prosas vibrantes. Tremola su voz de yunque y las musas inundan de briosas palabras su imaginación creadora. Fernando Mancera es gesto rampante, voz sinaítica, con incontrolable alteo de manos. Es otro Gaitán. Increíble que un hombre de sus condiciones teatrales no haya sido elegido alcalde de Manizales. Jorge Hernán Aguirre es un jurista, golpeante como fiscal dueño de estrados, severo en el uso del lenguaje. Es sustantivo y concreto.

La palabra hace milagros, trasplanta montañas, resucita lázaros, multiplica panes y llena de vino generoso los odres forrados con piel de cabras. Ahora al Partido Liberal lo estremecen estos cicerones que hacen taumaturgias con el verbo y siembran de luceros los caminos de Caldas.

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