11 de abril de 2021
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Evelio Giraldo Ospina

Tratarse de, mostrenco, sartén

31 de julio de 2013
31 de julio de 2013

osorio efraim

Los errores gramaticales son tanto más inexcusables cuanto más educado fuere quien los comete. Como ciertos pecados y delitos, más graves según la investidura o la posición social del perpetrador. Últimamente, sin embargo, he estado pensando que quizás  les atribuyo la importancia que no tienen. Es posible. Juan Esteban Constaín, si me atengo a lo que de él he leído, es una persona con un bagaje intelectual apreciable. Esto no obstante, redactó así: “…son tan enrevesadas las instrucciones para entender de qué se trata todo allí…” (El Tiempo, 11/7/2013). Y no es la primera vez que lo hace. Esa construcción, gramaticalmente hablando, no es castiza, puesto que, cuando se emplea el verbo ‘tratar’ con su carácter de pronominal, impersonal, además, no puede llevar sujeto. Es necesario reemplazarlo por uno que sí pueda llevarlo, en este caso, ‘ser’ o ‘consistir’, así: “…para entender ‘qué es’ o ‘en qué consiste’ todo allí”. Lo enseña también, ¡cómo no!, la Academia de la Lengua: “Puesto que se trata de una construcción impersonal, y, por tanto, ‘carente de sujeto’, no debe establecerse concordancia entre el verbo y el sustantivo que forma parte del complemento preposicional (…). Por la misma razón, no es correcto su uso con sujeto”. Y propone como ejemplo de esta construcción equivocada el siguiente: “El resto (de la colección) se trata de hallazgos casuales de bronce con un detector de metales” (Mundo, España, 28.7.94); si aparece el sujeto debe usarse el verbo ‘ser’: El resto son hallazgos casuales…” (Diccionario Panhispánico de Dudas). Y le añado éste: “Unos quedarán contentos y otros no, de eso se trata la democracia” (El Tiempo, JMS, 18/7/2013). Protuberantes o no, los errores gramaticales del señor Constaín y del presidente de la República  no son excusables desde ningún punto de vista, porque, de todas maneras, vulneran el buen lenguaje. ***

‘Mostrenco’, con su significado, es una de esas palabras que no se olvidan nunca. Por su importancia e interés, transcribo lo que de ella dice Corominas: “Mostrenco, 1287. Antiguamente ‘mestenco’, 1495, o ‘mesteño’, 1533, del cual es alteración. Es derivado de ‘mesta’ y significó primero ‘perteneciente a la mesta’; la alteración se debe al influjo del verbo ‘mostrar’, por la obligación que tenía, el que encontraba animales sin dueño, de hacerlos manifestar por el pregonero o ‘mostrenquero’; de ‘animal sin dueño’ pasó a ‘vagabundo’, ‘indómito’ y ‘sin valor’ “. De ‘mesta’ enseña El Diccionario: “(Del latín ‘mixta’, part. pas. De ‘miscere’, mezclar). Agregado o reunión de dueños de ganados mayores y menores, que cuidaban de su crianza y pasto, y vendían para el común abastecimiento”. La misma fuente define el adjetivo ‘mostrenco’ de este modo: “Dicho de una persona: Que no tiene casa ni hogar, ni señor o amo conocido”. Además, son sinónimos suyos ‘ignorante’ (“tardo en discurrir o aprender”); y ‘gordo’ (pesado). Aprendí por primera vez el término para calificar con él  las cosas sin dueño, a saber, ‘los bienes mostrencos’, que, según el Derecho, pertenecen al Estado. De acuerdo con todo lo anterior, me pareció incorrecto su uso en la siguiente frase: “También es necesario que la DNE asuma su responsabilidad en hacer de estos grandes territorios mostrencos, zonas productivas” (LA PATRIA, Al Correr de las Horas, 14/7/2103). Se refiere aquí a la hacienda Potrerillo, propiedad que fue de Roberto Escobar Gaviria (el Osito), paciente luego de la extinción de dominio, creo. Nunca fue, pues, ‘bien mostrenco’. Que esté ahora abandonada es entendible, por la desidia oficial. Pero es un bien que a alguien le pertenece. ***

Aulo Persio Flaco, poeta satírico del s. I de nuestra era, llamaba ‘sartago loquendi’ (‘la sartén del lenguaje’) a “la mezcla de expresiones propias e impropias en el lenguaje: palabras retumbantes, hueras” (Martín Blánquez Fraile). Del sustantivo latino ‘sartago’ viene ‘sartén’, nombre femenino en castellano, ‘la sartén’. Por esto decimos “tener la sartén por el mango”; y “cuando la sartén chilla, algo hay en la villa”, que equivale a “cuando el río suena, piedras lleva”. En avance noticioso de primera página, LA PATRIA, al informar sobre el asesinato de un ama de casa, dice: “Según la asesina, ella y su hija de 14 años la golpearon con un sartén…” (15/7/2013). “…la golpearon con una sartén”, es lo castizo. Sin embargo, el uso obligó a la Academia de la Lengua a aceptar como regionalismo su empleo en masculino (edición de El Diccionario de 1992). En efecto, en mi hogar, y seguramente en muchos de la región, nunca dijimos ‘la sartén’, y así lo asienta Alario di Filippo en su Lexicón de Colombianismos. Y el diccionario de María Moliner anota: “Mientras que en España la palabra “sartén” se emplea casi exclusivamente como femenina, en Argentina, Colombia, Cuba, Méjico, Perú, Puerto Rico y Venezuela, coexisten los dos géneros, masculino o femenino, aunque en algunos de ellos los hablantes cultos siguen empleando la forma femenina. En otros países de América, como Bolivia, Chile, Guatemala y República Dominicana, es una voz masculina”. Me quedo con “los hablantes cultos siguen empleando la forma femenina”. ***

Aplicable a La VEINTITRÉS: “Una urbe que cuenta con senderos, plazas, plazoletas, parques y andenes para que las personas transiten libremente genera pertenencia, tranquilidad, seguridad y reconocimiento” (El Tiempo, Editorial, El Espacio Público, 15/7/2013).