14 de abril de 2021
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Voy a «arreglar»

3 de abril de 2013

gilberto montalvoHe pedido a algunos intérpretes instrucciones no escritas de ciertos dizque periodistas que, “arreglaron” con la gobernadora Sandra Paola Hurtado, según el lenguaje que usan los del bajo mundo.

Algunos “arreglan” por las buenas, pero otros por las malas, por supuesto.

Debo advertir que no tengo vínculos de índole alguna con la alcaldía de Armenia  ni con ninguna  de sus instituciones y que mi distancia con la poderosa alcaldesa de la ciudad amable, por donde definitivamente no se puede siquiera caminar , está circunscrita a su arrogancia frente a dos o tres comentarios de hace varios meses, específicamente frente a su torpeza con la Banda de Música Juvenil, la de su secretaria de cultura y turismo frente al mismo tema y la ineficiencia de la movilidad en la ciudad que hicieron en medio de atropellos al cambiarle el sentido a la céntrica calle 18. En ambos casos tuvieron que rectificar sus anómalas conductas.

Por supuesto, debo advertir, que mis hijos no trabajan en la administración capitalina. No porque mis hijos no puedan tener oportunidades laborales sino porque sería como maluco (?) criticar a sabiendas de que los muchachos están recibiendo la mesada.

Decidí por higiénica prudencia no volver a ocuparme de la grisácea administración de Armenia porque no resisten comentarios temas como el de invertir 12 mil nuevos millones de pesos en el esperpento del Centro Comercial Popular; el inexistente bulevar de la cultura; la pedigüeña y mendicante actitud de solicitar  regaladas guaduas y esterillas para habilitar un tugurio en la 19 para ventas de perecederos; la inseguridad rampante; el teatro municipal, los negocios no claros con gentes de Pereira; la indiferencia frente a los dineros que estamos perdiendo en forma exponencial en Tumaco y Magangué, sin que se haya oído explicación alguna.

No tengo comentarios frente a la falta de criterio en materia de reforzamiento del sistema vial de la ciudad que se hunde en cuellos de botella, cuando no hay en el tintero una sola vía de descongestión, los huecos son los adornos permanentes de las calles de los barrios, el espacio público invadido en sectores céntricos y satelitales mientras se les llena la boca hablando de los ochenta mil millones de Amables.

Me abstengo de opinar de la tal plusvalía, donde nadie sabe del asunto y la indiferencia para que algunos constructores violen el código urbanístico y se crea que con compensaciones ridículas se pueda resarcir el derecho de todos los ciudadanos.

Quién sabe de la segunda vivienda rural y quién de la expansión territorial para el desarrollo armónico de la ciudad.

No sabemos cuál será la suerte de las Empresas Públicas donde se están cocinando convenios para  torcer el pescuezo a las licitaciones y qué hace la empresa de desarrollo urbano con un lánguido balance que no va más allá de los archireconocidos negocios interadministrativos.

Sin embargo, y pese a todo lo anterior tengo una angustia existencial que me incita irremediablemente   a buscar un “arreglo” con la primera autoridad de la capital del Quindío.

Vale destacar que periodista que no “arregla” está fuera de contexto y su rol limitado al basurero.

Estoy buscando un coronel piadoso o un empresario pereirano que me siente en cualquier hotelucho de la capital risaraldense no importa que sea  entre vinos y francachela para  “arreglar” con la alcaldesa.

Les juro que si logro el “arreglo” no  volveré  sobre lo mismo dejaré de lado las críticas clandestinas y aseguraré de manera digna que solamente  me arrodillé cual cobarde llorón para tener acceso a la “primera fuente oficial “de mi ciudad, como argumento de uno de los de arriba.

Llegaré a mi casa tranquilo y miraré directo a los ojos a mi familia para hacerles saber que la dignidad tiene precio no importa que los dueños del poder sigan esquilmando el erario.

Si me preguntaran qué hace el cuñado merodeando el botín, les diré que él es muy buen familiar y no permite bajo ninguna condición que se vayan a usufructuar los dineros públicos de mi ciudad.

Y si por algún acaso me pillaran limpiando la cocina de la alcaldesa solamente diría que me invitó a almorzar y por caridad me dejaron el destino de lavar la loza. Eso qué interesa, lo más importante es que yo “arreglé”, Lo demás importa una mierda. ¡Verdad!