13 de abril de 2021
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El manto de la lluvia cubrió aquel dolor que supera las palabras de Piedad Bonnett y José Luís Peixoto

21 de abril de 2013
21 de abril de 2013

piedad bonnet
Imagen El Colombiano

Las dos obras son un intento de hablar de lo invisible, de lo que no tiene nombre, de concretizar y organizar el caos. El libro de Peixoto existe hace muchos años, ya que fue publicado hace casi 20. Así como el libro de Bonnett, está en una constante y natural pelea con el silencio.

Cuando escribió el texto nunca se preguntó acerca de la prontitud de la escritura, algo que sí hizo la colombiana, pues nadie leía lo que él escribía y por eso lo hizo en secreto, sin compartirlo. Dice que hoy ya no podría hacerlo de nuevo, pues no goza de aquella espontaneidad de antes. Escribir es por naturaleza propia, organizar.

El fin de una vida siempre ha sido tema para escribir desde los más elementales cuentos infantiles, hasta la poesía más abstracta de la retórica. Esta vez la muerte llega a manos de la pluma de Piedad Bonnett, quien decidió tomar el riesgo de dar un paso más en aquella relación íntima con la literatura para publicar Lo que no tiene nombre. La última novela de la colombiana cuenta la historia detrás del suicidio de su hijo Daniel.

Lo que hace un escritor es oír lo más secreto de sí mismo para responder a sus propias necesidades. La literatura es un elemento sanador, catártico, con un gran poder curativo; ésa es la razón para escribir estos dos libros. Las palabras ayudan a transmutar emociones, a sublimar el dolor y la pérdida, afirmó Bonnett. Así, el ejercicio racional de escribir, permite el distanciamiento y la inmersión en el dolor, a través de un precario equilibrio entre lo racional y lo emocional. El dolor puede producir mucha belleza.

Así como el libro de Peixoto, la novela de Bonnett surge a partir de su intimidad. Brota de esas entrañas que logra convertir en un claro espejo del alma. Un espejo real y honesto como la poesía misma que enamoró a los lectores de la colombiana. La precisión del lenguaje convierte la obra en una verdadera pieza literaria carente de cursilerías, pero completamente llena de ese amor de madre tan único e indescriptible que no tiene nombre.  

La muerte es la condición de la vida y, por eso, escribir sobre ella es una manera de reiterar que estamos vivos. No hay barrera entre la inteligencia y los sentimientos.