10 de abril de 2021
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Lenguaje incluyente, copretérito por pospretérito, donde, amilanarse

14 de marzo de 2013

osorio efraim

Farragoso, inútil, nocivo y traicionero es el lenguaje incluyente, don Pablo. El daño que este engendro le ha hecho al lenguaje culto, así hablado como escrito, es inconmensurable, tanto, que ya infectó al buen escritor y columnista de LA PATRIA, don Pablo Mejía Arango, quien dio positivo de esa enfermedad en la siguiente muestra: “Tengo una foto donde aparecen mis padres y algunos tíos y tías…” (23/2/2013). Si tuviéramos que expresarnos así, habría que cambiarle la letra a La Piragua, que quedaría de esta guisa: “Me contaron mis abuelos y mis abuelas…”. Y, por ende, su música. La mismísima Academia de la Lengua, tan condescendiente últimamente, rechaza categóricamente su empleo de la siguiente manera: “Es habitual en las lenguas románicas, y también en las de otras familias lingüísticas, usar en plural los sustantivos masculinos para designar todos los individuos de la clase o el grupo que se mencione, sean varones o mujeres. Así, pues, el llamado USO GENÉRICO del masculino es consecuencia del carácter no marcado de este género” (Nueva gramática de la lengua española, 2.2b). Ya había traído yo a colación esta enseñanza. La repito, no obstante, a ver si así desarraigamos este mal, porque, además del escritor glosado, los apestados son innumerables, y se encuentran en todas los niveles de la sociedad, por ejemplo, el señor Angelino Garzón, vicepresidente de Colombia, quien se despachó con la siguiente tontería: “Hemos avanzado mucho (…) en medidas concretas de protección a defensores y defensoras de derechos humanos” (El Tiempo, 26/2/2013). Sí, don Pablo, el lenguaje incluyente es traicionero, nocivo, inútil y farragoso. ***

En su columna dominical, Daniel Samper Pizano escribió: “La situación del Vaticano obliga a recordar la frase genial de Milhor Fernández: “Si yo fuera el papa, vendía todo y me iba” (El Tiempo, 24/2/2013). Por el apellido del creador de esta ‘genialidad’, deduzco que la cita no es traducción, y que, por lo tanto, el columnista de El Tiempo nada tuvo que ver con el empleo equivocado de ese tiempo verbal. Hablo del uso del copretérito de indicativo  (vendía, iba) por el pospretérito del mismo modo (vendería, iría), error viejísimo, pues en él incurrió Cervantes, el gran don Miguel, quien pone en boca de Sancho Panza estas palabras: “…que a fe de buen escudero que si hubiera dicho de mí cosas que no fueran muy de cristiano viejo, como soy, que nos habían de escuchar los sordos” (II, III). Y es clásico el error de GGM en las primeras líneas de su maravillosa novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. “Nos habrían de oír los sordos”, y “habría de recordar aquella tarde”, respectivamente, son las formas castizas de esas inflexiones verbales, pues con ellas se expresa algo (atributo) que es posterior a una cosa pretérita. El copretérito, en cambio, significa la coexistencia del atributo con una cosa pasada, por ejemplo, “en los tiempos de Maricastaña la vida era tranquila, porque había paz”. Otra cosa, don Daniel: No veo ninguna ‘genialidad’ en el apunte de Milhor, pues muchísimos y muy parecidos andareguean de mesa en mesa en cualquier cantina colombiana. ***

También repetición, porque es una corruptela gramatical muy frecuente. El doctor Bernardo Mejía Prieto redactó de este modo: “De todas maneras el debate para el 2014, donde la feria se va a dar en una fecha similar…” (LA PATRIA, 25/2/2013). Como lo expuse hace poco, en esta oración el autor emplea erradamente el adverbio ‘donde’ por ‘cuando’, porque en ella se trata de tiempo, no de lugar. Digo que es muy frecuente este vicio, por falta de análisis. Con seguridad. ***

El cibernauta Juan de Dios escribe: “No me cuadra eso de que ‘amilanarse’ significa acobardarse, porque procede del milano, ave rapaz que atemoriza a otras especies”. Lo que expuse en mi columna anterior es la opinión de los estudiosos, entre ellos, Gonzalo Correas, autor del “Diccionario de refranes”, que escribe: “Amilanarse. Es acobardarse; tómase de las gallinas y pollos, que se esconden sintiendo el milano; también del mismo milano, porque es tenido por cobarde y para poco, que un gavilán le hace huir; y confírmalo el refrán que dice: “El mal del milano, las alas quebradas y el papo sano”. Cita tomada del libro “El porqué de los refranes”, de José María Iribarren, quien añade: “En las primeras ediciones del Diccionario de la Real Academia se lee que el verbo ‘amilanar’ “derívase de la voz milano, porque a esta ave de rapiña temen otras aves menores”. Y Joan Corominas enseña lo mismo que la Academia. Conclusión, don Juan de Dios: El milano, como los matones, es valiente ante los débiles (‘amilanar’), pero cobarde ante los poderosos (‘amilanarse’).

Nota: “No hay que tenerles miedo a las balas, sino a la velocidad con que vienen”. Gracias al cibernauta ‘Santísimo’ pude corregir la enunciación de este refrán: El enclítico tiene que ser plural. Obvio.  ***

La VEINTITRÉS: Sus andenes, de espacio generoso; pero los peatones no tienen por donde caminar.