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La noticia sobre el verdadero autor de la Rebeca ya rondaba por Bogotá

16 de marzo de 2013
16 de marzo de 2013

A propósito de este episodio, Páez recordó que lo mismo sucedió con el librito «La alegría de leer», atribuido siempre a Evangelista Quintana. «Pues no: Vicente Pérez Silva demostró con pruebas evidentes que Quintana le robó el material a Manuel Agustín Ordóñez.

La carta de Páez a Valencia es la siguiente:

Apreciado amigo Gustavo Valencia:

Usted me habló en días pasados sobre la autoría de la Rebeca, que no sería del escultor quindiano Roberto Henao Buriticá, a quien siempre se ha atribuido. Yo he hablado varias veces de la Rebeca en artículos de prensa, y era la primera vez que oía la noticia que usted me suministró. La verdad parece develarse con esta nota que suministra hoy El Tiempo. Fíjese usted cómo es de misteriosa la historia. Por eso, hay que esperar mucho tiempo para que a veces se descubra la verdadera realidad de ciertos sucesos.

Lo mismo sucede con el librito tan querido que se llama La alegría de leer, en el que aprendimos las primeras letras -¿lo recuerda usted?-, atribuido siempre a Evangelista Quintana. Pues no: Vicente Pérez Silva demostró con pruebas evidentes que Quintana le robó el material a Manuel Agustín Ordóñez, que es el verdadero autor, un subalterno suyo en el campo de la docencia. Yo divulgué este hecho en columna del año 2002, que le acompaño para mayor ilustración. El mundo vive lleno de mentiras, de sorpresas y especulaciones. Habría que decir que “no todo lo que brilla es oro”.

La nota de El Tiempo:

Tesis de grado se convirtió en hallazgo histórico sobre arte en Bogotá

 

6:39 p.m. | 15 de Marzo del 2013

Juanita Monsalve

La investigación de Juanita Monsalve tardó dos años.

Foto: Mauricio Moreno / EL TIEMPO

La Rebeca, escultura simbólica de la ciudad, no es obra de Roberto Henao Buriticá, como se pensaba.

Juanita Monsalve Buriticá estaba lejos de imaginar que su tesis de grado se iba a convertir en uno de los hallazgos históricos más importantes de los últimos años en la capital.

La joven, de 25 años, descubrió que la Rebeca, la escultura más icónica y a la vez más maltrada de la ciudad, había estado a cargo de la Marmolería Italiana de Tito Ricci. Esta novedad dejó sin piso la teoría según la cual la obra había sido esculpida por el maestro quindiano Roberto Henao Buriticá.

«Empecé a investigar porque Roberto Henao era primo de mi abuelo. Noté que en los artículos de prensa que hacían sobre él antes de los años sesenta no se decía que la Rebeca es obra de él. Eso me despertó muchas dudas», cuenta Juanita, quien desde ese instante comenzó a sumergirse en las salas de consulta del Archivo General de la Nación, donde encontró una evidencia contundente.

Se trataba de un contrato de 1926 firmado por el entonces presidente Pedro Nel Ospina y por su ministro de Obras Públicas, Laureano Gómez, en que «el contratista se compromete a ejecutar y colocar por su cuenta y riesgo, en el lugar que le sea indicado, una estatua artística denominada Rebeca, de mármol blanco de Carrara (Italia), cuya altura, desde la base hasta la extremidad superior, es un metro con sesenta centímetros».

Según Juanita, el documento, firmado el 6 de mayo de 1926, contrata a Luis Luchinelli, apoderado de la Marmolería Ricci, para ejecutar la obra de arte en un plazo de dos meses y por 500 pesos.

«Lo que no se sabe es si la pieza entró a Colombia ya como escultura o en un bloque de mármol», explica Juanita, maestra en Artes Visuales y en los próximos meses comunicadora social de la Universidad Javeriana. La estudiante atribuye el error histórico a un reportero de El Espectador que se la adjudicó en un reportaje a propósito de la muerte del artista, el 2 de marzo de 1964. El dato equivocado empezó a ser reproducido en otras publicaciones, como el Diccionario de Artistas de Colombia, de Carmen Ortega.

La cuidadosa investigación de Juanita también sirvió para despejar las dudas que durante años tuvieron los descendientes de la familia Ricci. «Por tradición oral siempre lo supimos, pero ella lo certificó», asegura Carla Ricci, nieta de Tito y quien agrega que nunca se había comprobado la tesis, pues su abuela quemó los archivos cuando murió el escultor italiano.

REDACCIÓN BOGOTÁ