10 de abril de 2021
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La chiva que marcó el futuro venezolano

10 de marzo de 2013
10 de marzo de 2013

Se necesitaba mucho arrojo para correr la tupida cortina de este enorme secreto de estado que para la absoluta tranquilidad profesional del reportero confirmó el propio paciente en una aparición nocturna por la televisión de su país,  cinco días después, el jueves 30 del mismo mes.

El periodista con una experiencia de medio siglo —que también pertenece al elenco de estrellas del canal Venevisión– relató cómo se enteró de la enfermedad del Presidente: El primer paso se dio el día señalado en el párrafo de entrada cuando recibió la llamada de una fuente periodística que había venido cultivando desde hacía más de cuatro años, a la que había conocido en Cuba.

«Este amigo (anotó Bocaranda) me llamó a uno de los tres teléfonos que uso a diario, cambiándoles su chip, con la suerte que lo tenía a mi lado y lo pude atender de inmediato. Buscamos otra conexión más segura pues me dijo que tenía una bomba (noticia gorda) que marcaría el destino de Venezuela». Subrayó que otra fuente, ligada a la llamada «nomenklatura cubana», ya le había adelantado que estaba en ciernes una noticia fuerte sobre el mandatario bolivariano.

Y aportó este inquietante detalle: «Su primera información fue decirme que se le había descubierto a Chávez un tumor tras una operación de la rodilla. Que los análisis demorarían unos días, pero que se temía fueran malos».

A partir de la difusión de la gran exclusiva, Bocaranda se convirtió en referente indispensable de todo lo que tuviera que ver con el mal que atacaba al inquilino del Palacio de Miraflores.

“Desde entonces (dijo) seguí informando con regularidad y precisión, de forma veraz y oportuna, con mucho respeto, durante todo el desarrollo y avance de su enfermedad. Mis fuentes noticiosas trabajadas en estos cincuenta años de ejercicio del periodismo me permitieron conseguir esa primicia y añadir otros canales de información en los 21 meses siguientes. Consulté siempre diversas vías de información para confirmar o ampliar las noticias que recibía”. Señalemos que supo tejer una formidable red de fuentes de información de la que hacían parte tres médicos oncólogos y dos funcionarios provenientes del riñón chavista.

De un momento a otro aparecieron en escena los mandamases del régimen cubano: “Apenas comencé con la información supe que hubo alguna incomodidad en el entorno presidencial por desvelar la cortina del secreto tan bien guardado. Con el pasar de los días fueron los hermanos Castro, Fidel y Raúl, quienes al leer mis «runrunes» expresaron al paciente que mi trato había sido respetuoso y así pude continuar mis pesquisas durante 18 meses para mantener enterado al país con información veraz y oportuna, obligando al poder a suministrar sus boletines bien por vía de voceros o por el propio comandante que confirmó siempre lo que escribí”.

Don Nelson nos da esta cátedra de buen periodismo: «El tema de la salud del mandatario fue el más delicado que alguna vez me ha tocado cubrir. Llegué a relacionarme de tal forma con las fuentes que muchas veces pasé agachado antes de hacer pública información sensible. Preferí que otros la dieran y hasta especularan. Muchos inventaron, mintieron o cayeron por inocentes. Un riesgo que se corría. En esa confianza mutua radica que nunca fui desmentido y el tiempo lamentablemente me dio la razón».

Durante la enfermedad terminal del presidente Chávez, Bocaranda fue llamado por los venezolanos el «ministro de la comunicación extraoficial».

La apostilla: Llevándole la contraria al caudillo, su heredero más directo (Nicolás Maduro) decidió hacer caso omiso a la última voluntad de su mentor (el presidente Chávez): Pasó por alto el velorio de tres días y lo extendió por siete días más. Tampoco lo quiso sepultar en el solar de la casa de su abuela, en su natal Sabaneta de Barinas, y  resolvió perpetuarlo, embalsamado, al mejor estilo de Lenin, de Ho Chi Minh o de Evita Perón, para mantenerlo  en una urna de cristal, a la vista de los venezolanos, en el Cerro de los Héroes, en Caracas. El señor Maduro sí sabe cuidar y aprovechar el preciado trofeo político que le tocó en suerte