17 de abril de 2021
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En busca de un líder cafetero

3 de marzo de 2013
3 de marzo de 2013

Quizás por carecer de la preparación, el equipaje, la experiencia y el carisma de tres de los más grandes de sus predecesores (los caldenses Manuel Mejía Jaramillo y Arturo Gómez Jaramillo y el antioqueño Jorge Cárdenas Gutiérrez), el payanés impuesto para el alto cargo, desde Palacio, fue inferior al reto: bajó la producción del grano, se envilecieron los precios, se encarecieron los insumos, se importó café de dudosa calidad de otros países y se arruinaron miles de cultivadores grandes, medianos  y pequeños, estela de adversidades que desembocó en el prolongado paro iniciado el lunes 25 de febrero.

Para los tres segmentos, el culpable de todos sus males es el señor Muñoz, quien tiene más apariencia de un maestro de álgebra que de líder de una industria que está en barrena.

A la falta de auténticos líderes de la talla de la notable tripleta gerencial Mejía-Gómez-Cárdenas hay que sumar el gran vacío que dejaron en el ámbito cafetero nacional líderes naturales del gremio como los finados  hermanos Leonidas y Fernando Londoño Londoño y don Pedro Uribe Mejía. Un sabio de las ciencias económicas como el presidente Carlos Lleras Restrepo solía consultarnos en materia de café. En sus visitas a Manizales eran de larga duración los coloquios alrededor del café entre el Mandatario y los tres sabios caldenses.

Del célebre trío de ases que brilló en la cúpula de la Federación el único sobreviviente es el paisa Cárdenas Gutiérrez, padre del actual ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría, que guarda prudente silencio frente a la crisis del sector, mientras mira los toros desde la barrera.

La debacle comenzó a vislumbrarse, en  el ente, cuando recaló en la cúpula, como gerente general, Gabriel Silva Luján, un hombre sin antecedentes cafeteros, convertido ahora en campanero de la reelección presidencial de Santos, a través de las páginas de opinión de El Tiempo.

Silva sorprendió a algunos como modernizador de una actividad agrícola que parecía condenada a desaparecer, pero cambió la paz de los cafetales por el escenario de la guerra, al atender un pedido del Presidente de la República.

A partir del 6 de agosto –día de su posesión, en el auditorio de la Federación— cambió el disperso ejército de los productores del grano por unas tropas de verdad, armadas hasta los dientes, que persiguen a los reductos de una insurgencia cincuentenaria sin respaldo en la opinión.

El nombramiento de Silva, quien siempre sostuvo que la caficultura tiene más futuro que pasado, molestó al gremio porque echó por la borda la vieja tradición de los gerentes estables que se perpetuaban en el cargo con el beneplácito de los gobiernos de turno; sus nominadores del Comité Nacional y los 16 comités departamentales, en representación de sus 550.000 afiliados.

El lunes, en el Congreso Nacional Cafetero convocado de manera extraordinaria para buscarle una salida a la crisis, pueden presentarse hechos de importancia capital para el futuro de esta industria.

La apostilla: Los gerentes de más larga duración fueron los manizaleños Manuel Mejía, universalmente conocido como Mr. Coffee, quien murió de infarto mientras despachaba en su oficina de la Federación, en el centro de Bogotá, el 10 de febrero de 1958, y su discípulo Arturo Gómez, así como el superviviente antioqueño Jorge Cárdenas. En su monumental trabajo editorial sobre la historia de la Federación el ex ministro caldense Otto Morales subraya que ninguno llegó al alto cargo por acuerdos o compadrazgos políticos, (salvo los dos últimos, agregamos nosotros).